Dios te encierra para amarte

En minutos retoma la conversación que dejaste en el aire hace tantos años.

 
Dios te encierra para amarte

Se me cargan las palabras de recuerdos.


Dios tiene esas cosas, esos momentos que prepara exclusivamente para vos.


Un día, sin siquiera esperarlo, tus años se te suben en las espaldas cargados de  la alegría de los viejos amigos.


¿Lo imaginabas?


No.


Lo anhelabas pero no te proponías vivirlo.


Ahora, tus amigos de aquellas infancias adolescentes –cuando tienes por arriba de cuarenta, los veintipico suenan a adolescentes- llegan a tu casa. Se meten casi de costumbre, como si siempre hubiesen vivido allí. Tiran sus cosas entre los muebles que son tuyos y se acomodan sin reparos en las esquinas de las mesas largas de muchas ausencias.


En minutos retomamos la conversación que dejamos escrita en el aire hace 20 años.


Sin imaginarlo, Dios empieza a rondar las historias y los presentes. Y, de pronto, sin pensarlo estás hablando de El. Con esos amigos, con los que hablabas de El hace 20 años.


Cuando te digo que Dios te encierra para amarte, te estoy hablando de esto mismo.


No importa cuanto pase. Ni lo que haya pasado en tu historia. Si alguna vez fue importante en tu vida, hoy vuelve a serlo.


Cualquier error, cualquier pecado, cualquier caída profunda; tienen en Jesús una solución. Solo hace falta que lo invites. Que te arrodilles en el sacramento de la Reconciliación. 


Como esos amigos que no se ven, y –finalmente- terminan viéndose siempre.


Como hace 20 años. O más. Dios te espera, y no va a pedirte explicaciones. Tomará esa conversación que quedó en el aire, hace ... tantos años atrás.


(Fuente: OM – Yo Creo)


 
 

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