El amor hace que todo se pueda compartir

Donde se vive el amor nadie está por encima de nadie, nadie es más importante, no hay uno más importante que otro, sino que uno es parte plena del otro.

 
El amor hace que todo se pueda compartir

El amor expande la alegría, hace disminuir el dolor, hace desparramar el éxito, el amor hace más llevadero el fracaso, amando se disfruta más el estar bien y las enfermedades no duelen tanto. Y todo sucede porque existe el amor.


Donde se vive el amor nadie está por encima de nadie, nadie es más importante, no hay uno más importante que otro, sino que uno es parte plena del otro, como tantas cosas del cuerpo humano.



En el cuerpo humano, no es más importante el ojo, la lengua o las piernas. Todo es parte del todo.



Así deben ser las personas que se aman. Todos debemos ser parte de todos.



Todos son necesarios.


Y mucho más plenitud en esto de ser parte del otro se da en el matrimonio, que después al venir los hijos se agranda la pertenencia en un todo, en la familia que se va agrandando.



Nos dice el Padre Donato en su libro “Cartas a la Familia”:



Si cada día hubiese un beso, una caricia, o una tierna mirada.



Si cada día hubiese una atención, una cortesía, un mate, el compartir un pensamiento, o juntos hacer una oración.


Sería el secreto para mantener el amor de cada día.


No siempre es fácil aceptar el misterio del más allá, pero si creer es difícil, no creer es la muerte, es la negrura; si esperar es de valientes, no esperar conduce a la angustia; si amar cuesta mucho......vivir sin amar le quita sentido a la vida



Usted señora y usted señor que me escuchan que aman a su cónyuge, ustedes todos que se aman, no se acostumbren a vivir juntos, por el contrario, busquen siempre el cómo despertar el afecto, la admiración y el amor único.



Que siempre puede ser nuevo si pongo voluntad en hacerlo y en buscarlo.


Si lo hacen habrán iniciado aquí en la tierra el amor que será eterno en la eternidad. Habrán empezado aquí, se termina allá.



El único porvenir para todo hombre es la vida eterna, y ésta, la que nos toca vivir aquí, no es más que una corta prueba que prepara para la otra, la del paraíso.


¡Qué bello haberla empezado a gozar de a dos ya, aquí!


Morirse es en definitiva el verdadero objetivo de la vida. Pues de ello nadie se escapa. Y para los creyentes del más allá lo más sensato cuando alguien se muere, no es compadecerlo, sino envidiarlo, como decía el Beato Pier Giorgio Frassati.



Los toreros la llaman “La señora muerte” porque pobre el que no respeta a la muerte.



Ellos lo saben bien eso de respetar la muerte, como que son más los toreros muertos en el ruedo, que los muertos en las cama!!


Nosotros que siempre la vemos lejana ni la respetamos y menos la llamamos señora. Sin embargo ella es la dueña y señora de todos nosotros, como que nadie escapa a su propiedad.



Fray Mamerto Menapache que tiene tan bellos cuentos, nos dice: “ que bello que la muerte te agarre vivo”.



Podríamos copiarle y ampliar la expresión: “que bello que la muerte te agarre vivo, enamorado de lo que haces y nunca cansado de estar cansado.



Si es así, sería una bella manera de morirse.



(Fuente: Catholic.net | Autor: Salvador Casadeval)



 
 

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