El amor por las cosas pequeñas

Muchas veces esperamos la gran oportunidad para demostrar lo valiente que somos frente a desafíos increíbles. Pero no terminamos de amar y de cumplir con nuestros deberes más pequeños…

 
El amor por las cosas pequeñas

¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente?


—Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto.


—Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día,


las mismas horas...


¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... —¡A fuerza de cosas pequeñas!


Octavilla de dorso variado, escrita con rasgos fuertes y tinta negra.


 


(Nota: Muy posiblemente San Josemaría redactó la «gaitica» a partir de este apunte:


«El edificio, ladrillo a ladrillo; sillar a sillar; saco a saco, el cemento y la arena; trozo a trozo, el hierro. Pirámides, catedral, telefónica... Entrar a la misma hora... y salir. Días, meses, años» [1].


San Josemaría ya había puesto por escrito esta misma idea, con otra redacción, en 1935:


«Que vean cómo se procede para levantar un edificio majestuoso: un día y otro día de trabajo monótono. Pequeñas cosas: un ladrillo y otro ladrillo y un sillar, que nada parece, a pesar de su tamaño extraordinario, comparado con el conjunto: y comenzar y acabar la jornada a la misma hora: y perseverar. Ninguna cosa grande se consigue de repente: la santidad, menos aún: ¡cuánto les podéis decir de la santidad y lo pequeño!» [2].


Durante su estancia en Burgos escribió esta ficha mientras preparaba Camino:


«Los grandes edificios no se levantan en un solo día. Dios por lo regular únicamente concede los progresos al trabajo y a la constancia» [3].)


(Fuente: Camino 823 – Autor: San Josemaría)


 
 

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