El cuerpo humano: realidad y significado

“Todo ser humano debe aprender con perseverancia y coherencia lo que es el significado del cuerpo”. Papa Francisco, AL 151

 
El cuerpo humano: realidad y significado

El cuerpo humano tiene una importancia relevante en la cultura actual expresada a través del deporte, las dietas, la moda, las cirugías plásticas, los tatuajes, el marketing publicitario, el consumismo y el exhibicionismo. A menudo se ha tenido culturalmente prejuicios respecto al cuerpo proveniente de concepciones filosóficas, religiosas o teológicas que establecieron una relación traumática y culpógena con el cuerpo como si fuera la dimensión más degradante de la persona humana. Hoy existe una valoración nueva y positiva respecto al cuerpo incluso en la religión. Hay una posición reconciliada con el cuerpo. En el presente existen incluso corrientes de espiritualidades de integración de todo lo corpóreo a lo humano.


El cuerpo es una dimensión esencial y constitutiva de la identidad del ser humano. Establece nuestra co-existencia en el mundo, posibilita la interacción con otros seres y manifiesta nuestra socialidad. Posibilita el ser-con y el ser-para otros. Configura nuestros vínculos y las expresiones afectivas que dichos vínculos propicien. Genera nuestra presencia y nuestro modo de ser y de aparecer en el mundo.  El ser humano tiene una doble experiencia con su cuerpo: se identifica con el hecho de ser un ser corpóreo y también tiene conciencia de que, su propia esencia, no es solamente ser un cuerpo.


El ser humano no “tiene” un cuerpo como algo extrínseco a sí mismo: un instrumento, un envoltorio, un envase, un revestimiento una herramienta,  una cáscara, una prisión, etc.  Lo propio del “tener” es la exterioridad, la diferencia con nosotros a partir del ser y la posibilidad de disponer y de deshacerse de algo que tenemos. El ser humano “es” su propio cuerpo. No lo habita como si alojara un huésped extraño. El yo está en situación de encarnación. La corporeidad no es ajena al yo. Yo soy también mi cuerpo. La identidad del yo asume lo corporal. El cuerpo es experimentado y vivido como integrante del yo. No es el ojo el que ve sino que yo el que veo. En la acción del cuerpo está presente el sujeto como persona. Esto no quiere decir que el cuerpo no tiene procesos autónomos e independientes de la conciencia y de la libertad de la propia persona. Todos los procesos naturales, fisiológicos, los ciclos de crecimiento y de decrecimiento, la declinación de la vida e incluso la muerte son independientes del querer humano. Somos nuestro propio cuerpo pero hay realidades de nuestro cuerpo que no conocemos, ni manejamos. Hay procesos involuntarios.


El ser humano es una unidad existencial de dimensiones físicas y espirituales. Su yo es un sujeto espiritual consciente con una existencia encarnada en la corporeidad espacio, temporal y vincularmente donde su cuerpo no es meramente extrínseco. El cuerpo es también interioridad. Expresa y traduce el inconsciente. Lo físico es siempre expresión del alma que se expande sensorialmente, buscando formas y dilatándose a través del mundo de los sentidos, logrando una mejor conexión y comunión con todo lo que nos rodea. Alma y cuerpo, incluso al considerarlos en sí mismo, indican la unidad y la totalidad del ser humano bajo un determinado aspecto. El cuerpo es el organismo vivo y el alma alude a la no irreductibilidad  de la persona al mero cuerpo y a su dimensión física y material. El alma tiene varias acepciones posibles, entre ellas: la de ser el principio que activa la animación vital. Es también el conjunto de fenómenos psíquicos. Es además la apertura que el ser humano tiene a la dimensión trascedente. En esta acepción el alma es sinónimo de espíritu. También en ese sentido el alma tiene las características de la inmortalidad. El ser humano no “tiene” alma. El alma configura al sujeto. Es la subjetividad de un alguien: de un yo. Es la que el yo  y otorga expresión al cuerpo.


Fuente: Yo Creo – Autor: P. Eduardo Casas


 
 

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