El Papa en el ángelus: 'Dios se fía de nosotros, ¡no le defraudemos!'

Texto completo. Francisco indica que 'no hay situaciones o lugares que impidan la presencia y el testimonio cristiano'.

 
El Papa en el ángelus: 'Dios se fía de nosotros, ¡no le defraudemos!'

Como cada domingo, el papa Francisco rezó la oración del ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro.


Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice argentino les dijo:


"Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


El Evangelio de este domingo es la parábola de los talentos. Habla de un hombre que, antes de salir de viaje, convoca a sus siervos y les confía su patrimonio en talentos, monedas antiguas de un grandísimo valor. Ese amo confía al primer siervo cinco talentos, al segundo dos, al tercero uno. Durante la ausencia del amo, los tres siervos deben hacer rendir este patrimonio. El primer y el segundo siervo duplican cada uno el capital inicial; el tercero, en cambio, por miedo a perder todo, entierra el talento recibido en un hoyo. Al regreso del amo, los primeros dos reciben el elogio y la recompensa, mientras el tercero, que devuelve solamente la moneda recibida, es reprendido y castigado.


El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en definitiva, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. ¡No sólo para custodiar, sino para multiplicar! Mientras en el lenguaje común el término "talento" indica una notable cualidad individual – por ejemplo, talento en la música, en el deporte, etcétera –,  en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos rendir. El hoyo excavado en el terreno por el "siervo malo y perezoso" (v. 26) indica el miedo del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. ¡Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte! No nos pide esto Jesús, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. Es como si nos dijese: 'Aquí está mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos abundantemente'. Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos "contagiado" con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos animado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien hacernos. Cualquier ambiente, también el más lejano e impracticable, puede convertirse en un lugar donde hacer rendir los talentos. No existen situaciones o lugares excluidos a la presencia y al testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no está cerrado, está abierto, depende de nosotros.


Esta parábola nos estimula a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica, que renueva. Así como el perdón, que el Señor nos dona especialmente en el Sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos encerrado en nosotros mismos, sino dejémoslo que desate su fuerza, que haga caer los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde no hay más comunicación… Y así sucesivamente. Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos ha dado, sean para los demás, crezcan, den fruto, con nuestro testimonio.


Creo que hoy sería un bonito gesto que cada uno tomase el Evangelio en casa, el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos del 14 al 30, Mateo 25, 14-30, y leer esto, y meditarlo un poco: 'Los talentos, las riquezas, todo aquello que Dios me ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios, ¿cómo hago para que crezcan en los demás? ¿O solamente los custodio en una caja fuerte?'.


Y además el Señor no da a todos las mismas cosas y del mismo modo: nos conoce personalmente y nos confía aquello que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo parecido: la misma, inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, ¡Dios tiene esperanza en nosotros! Y esto es igual para todos. ¡No le defraudemos! ¡No nos dejemos engañar por el miedo, sino correspondamos confianza con confianza! La Virgen María encarna esta actitud del modo más bello y más pleno. Ella ha recibido y acogido el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ha ofrecido a la humanidad con corazón generoso. A Ella pidámosle que nos ayude a ser "siervos buenos y fieles", para participar  “en el gozo de nuestro Señor”".


(Fuente: Zenit.org)


 
 

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