El puzzle de educar hijos: 4 piezas

Algunas claves para facilitar la hermosa y desafiante tarea de educar.

 
El puzzle de educar hijos: 4 piezas

La tarea de la formación de un niño es, en ocasiones, como hacer un rompecabezas. Muchas piezas revueltas y uno no sabe bien por dónde empezar. Les compartimos un pequeño puzzle de cuatro piezas que nos ayudarán a educar a nuestros niños  más fuertes y felices.


I.- DISFRUTAR LO ORDINARIO Y CONVERTIRLO EN EXTRAORDINARIO

Ponemos muchas veces nuestra aspiración y comprometemos nuestra felicidad en un improbable, sino en un imposible. Y así no llega. Conviene enseñar a nuestros hijos a disfrutas con las ilusiones seguras, esas que se repiten cada año, pero que no dejan de ser extraordinarios fijos, como el cumpleaños, Navidad, campamentos…

¿Cómo?  Celebrar fechas tan significativas como su cumpleaños para que se sienta el auténtico protagonista, que aprenda a ser feliz ese día con sus amigos, con pequeñas sorpresas, que él haga algo para los invitados. Es además una buena manera para que disfrute al recibir y, de paso, aprenda a compartir con los demás.

El tiempo, tener que aguardar por algo, es uno de los principales motivos de frustración adolescente y no tan adolescente. Querer las cosas ya, y naturalmente no conseguirlas, es una de los principales motivos de infelicidad de nuestros hijos. No dejamos de ver a padres y madres que les compran las más diversas cosas a sus hijos antes, incluso, de que éstos lleguen a desearlas, o antes de tener la edad adecuada para disfrutarlas plenamente.

Una de las fuentes de insatisfacción infantil y juvenil es que ya nada les motiva, sino es conseguir la última consola de juegos, o la última tecnología, que les llena breve tiempo, apenas hasta que sale al mercado algo más vanguardista. Enseñar a esperar las cosas a su debido tiempo les hará más fuertes emocionalmente y más felices cuando reciban lo anhelado.

También podemos trabajar para crear ilusión.  La ilusión de algo sencillo, pero extraordinario, es un billete seguro a la felicidad. Si alguien es capaz de disfrutar con las sorpresas más pequeñas, ¡qué no disfrutará en la vida!

Debemos  introducir en todas estas cosas la oración, pero no como una máquina para conseguir deseos, sino para aprender que el Señor, a su debido tiempo, nos dará aquello que anhelamos y necesitamos.  No les robemos a nuestros hijos la oportunidad de descubrir por sí mismos, que Dios provee. En los tiempos de crisis no podemos darles todo lo que deseen, aunque pudiésemos, dejémosles que oren y esperen en Dios.



II.- TODO TIENE CONSECUENCIAS

Desde pequeños deben aprender que lo que no los mejora, los empeora, y todos sus actos tienen consecuencias naturales y también espirituales .

¿Cómo? Los niños deben saber que las normas no sólo están para ser cumplidas, sino que son necesarias y que su incumplimiento conlleva consecuencias. La Palabra de Dios nos enseña abundantemente sobre esto, ahora bien, nuestra enseñanza a la obediencia a las normas sociales debe estar por debajo de la sujeción a las normas bíblicas. Educar la capacidad de decisión y formación ética y moral, es lo que hará que nuestro hijo no obedezca a un amigo, a un profesor, o a cualquier adulto cuando éste le proponga algo ilegal, inmoral o inconveniente, dejando de lado la norma que le hemos enseñado de ser amable y obediente con los mayores. Hemos de asegurarle, por el bien de nuestro hijo, que a cada acto libre suyo le sigue una consecuencia negativa, si el acto así lo fue, y positiva, si fue un acto positivo; pero que siempre le seguirá la honra y el reconocimiento si optó por obedecer a Dios en cualquier circunstancia.

Premios. No hay que olvidar premiar cuando se merece, pero… con medida. Si el premio es material, nuestro niño el día de mañana hará las cosas por motivos “materiales”. Si queremos que actúe por razones más elevadas, como el hacer el bien, mantener a la familia, la satisfacción de sentirse útil, servir a Dios y al prójimo… debemos premiarle con nuestro reconocimiento público, con el sentimiento de orgullo de tener un hijo capaz de aquella conducta. Hay que recompensar positivamente a nuestro hijo cuando actúe bien aunque sea lo normal, y según su naturaleza: más sensible, más depresivo, más emocional, con mayor responsabilidad…

El banco emocional. Es un banco que nos sirve como regla para corregirnos entre las personas, y desde luego a nuestros hijos. En este banco no puedes retirar un reproche mientras no hayas ingresado cinco elogios. La regla es elogios por 1 reproche. Esta es la clave de una corrección estimulante, participativa, eficaz y rápida.



III.- ENSEÑAR A SUPERAR LOS OBSTÁCULOS DE LA VIDA

El niño debe conocer cuáles son los principales enemigos de su felicidad: No conocerse, no descubrir poco a poco la verdad de quién es y cómo, no saberse querido de verdad, estar sobreprotegido. La persona con coraje está convencida de su capacidad de superar cualquier inconveniente. Lo difícil se hace y lo imposible se intenta,  procura que se sienta orgulloso de su propio esfuerzo .

¿Cómo? Edúcalo para que sea dueño de sí mismo, que controle su propia vida, que sea responsable de su libertad. El niño lo que tiene que aprender no es a llevar su vida por el camino de menores obstáculos, sino a ser capaz de enfrentarse a ellos, a sus consecuencias y a superarlos en beneficio de su madurez, su capacidad, su competencia y felicidad.

Una nota: enséñale a querer, es el quid de todo. Un matrimonio que se quiere de verdad, y ante la mirada de sus hijos, educa bien. Tenemos que querernos en su presencia sin esperar recompensa. A veces trastornos de la conducta surgen de no haber aprendido a amar desinteresadamente, gratuitamente. Los hijos sólo aprenden viendo a sus padres quererse gratuitamente.



IV.- ALGO DE MODALES

Un aspecto cada día más olvidado pero que tiene mucha importancia, son los modales. No se trata sólo de comer con la boca cerrada o ceder el paso o la silla a los mayores,  estar bien educado significa procurar la felicidad de la persona que tienes al lado .

Si pensamos en los niños tenemos que poner en práctica:

·  Expresar los valores , es decir, predicar con el ejemplo, aprovechar lo cotidiano para generar aprendizaje, ser consciente y coherente, así los niños tendrán buenos modales y copiarán los valores paternos por imitación, aunque el entorno no sea propicio y la sociedad no premie esa actitud.

·  Los buenos modales son un idioma y una excelente tarjeta de visita en cualquier país o en cualquier relación. Los modales expresan que se anteponen las necesidades del otro antes que las propias.

·  No tienen por qué ser aburridos. Se trata de compartir el día a día de manera constructiva. Decía Aranguren: “Lo que nuestros maestros se propusieron enseñarnos, lo hemos olvidado. Lo que nos mostraron en sí mismos, con su conducta, eso, permanece. Y más en el caso de los padres”.

Ya el Señor, en Deuteronomio 6: 6-7, enseñó sobre la importancia de aprovechar lo cotidiano, toda circunstancia para generar aprendizaje: "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes".


Fuente Protestante Digital

 
 

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