Familia hoy: un problema en busca de respuestas (II)

Segunda parte de lasreflexiones del Lic. Pérez Bahamonde sobre los desafíos que vie la familia en la situación actual. Apuntes para elaborar una respuesta.

 
Familia hoy: un problema en busca de respuestas (II)

La crisis  que atraviesa actualmente la institución familiar, digámoslo una vez más, es de forma y no de fondo. Es decir, no corre peligro su existencia  porque ella es una institución fundamental para la vida del hombre. Lo que necesita urgentemente, eso sí,  es revisar la forma, el modelo que hasta ahora le sirvió de sostén pues sólo así podrá responder a las exigencias del momento. El sistema patriarcal que le sirvió de referente durante tantos siglos, hoy por hoy,  ya no es válido porque  es extraño a las nuevas necesidades que han surgido.


Con anterioridad  he mencionado dos cambios  cruciales  ocurridos en el seno de la familia: reducción de espacio y modificación en la red de relaciones. Si antaño el espacio  en el que se movía la familia hacía posible una red de relaciones amplia y variada, hoy, limitada a los pocos metros cuadrados de los departamentos, los miembros que la conforman  se  encuentran a diario cara a cara; en suma, nadie pasa desapercibido. En consecuencia, los padres, que conviven con los hijos así,  de una forma directa y constante, se ven obligados ellos mismos a responder a las necesidades afectivas –acogida y reconocimiento- de los hijos y, claro, cabe preguntarse si cuentan con el debido equipamiento para hacerse cargo de este desafío. De hecho,  a juzgar por la experiencia cotidiana, los padres difícilmente  logran desprenderse de la vieja mentalidad patriarcal que consideraba a los hijos  propiedad,  “posesión”, un bien sobre el que disponían de forma absoluta.


Este punto, precisamente, es hoy uno de los principales generadores  de la  tensión  que se vive en las relaciones familiares y sobre  él, precisamente, quisiera  abundar un poco más para ofrecer un nuevo modelo de relaciones entre  padres e hijos que ayude a superar el verticalismo de antaño. Con este fin, propongo tres claves para construir el nuevo  modelo  relacional en el seno de la familia: la interrelación, la interacción y la interdependencia.


TRES CLAVES PARA UNA RESPUESTA


A continuación, clarificaré  muy someramente el contenido de  cada una de estas claves  y su respectiva  incidencia en  la realidad familiar.


En primer lugar, la interrelación. La relación familiar en el modelo verticalista  se caracterizaba por la imposición y el monólogo: el padre mandaba  y los otros miembros se sometían a su dictado. Hoy no es así.  La interrelación exige una relación de horizontalidad, una relación en la que exista un “ida y vuelta”. Ambos, padres e hijos,  ante todo son sujetos que tienen la misión de dialogar para reducir distancias y darse a conocer tal como son. En todo esto es necesario poner de relieve la preposición “inter” (entre). Por supuesto,  no es fácil introducir  esta pequeña partícula en las relaciones porque los viejos modelos,  que hacían de la imposición la clave y el fundamento de la autoridad paterna, subyacen en el  inconsciente de los padres. Pero la interrelación es la única posibilidad para reducir la distancia que media entre el padre y los hijos si se quiere lograr un clima de convivencia saludable en el seno de la familia. Es verdad que alguno podría objetar que la interrelación amenaza la “autoridad” paterna; craso error. A poco que se piense,  los padres tendrán más  autoridad en la medida que se acerquen y se den  a conocer a los hijos en diálogo  abierto y constructivo.


La interacción, por su parte, pone de relieve que, a diferencia de otros tiempos, la acción, las consignas, no pueden ser dictadas exclusivamente por el padre (o la madre); hoy se exige un  protagonismo compartido; padres e hijos han de tomar parte en las decisiones. Que resulta difícil, por supuesto. De hecho, quien más quien menos, tiende a creer que la mejor manera  de garantizar el éxito de cualquier acción es la imposición sin más. Pero a la vista están los resultados para confirmar lo contrario pues, cuando la acción no es compartida, a la larga, resulta tan contraproducente como inútil. 


La realidad nos dice que cuando el sujeto, quien fuere,  no se siente protagonista o no descubre en qué medida la acción se relaciona con su vida, con su centro de interés, a la corta o la larga, no se compromete. Es verdad, puede darse que el destinatario al que se le impuso  la obligación la cumpla; pero, en definitiva, lo hará por miedo al “amo”  limitándose  a cumplir sólo  formalmente el mandato. Quizá se  entienda mejor lo que quiero decir con el ejemplo de la vida en los cuarteles: el subordinado  cumple la orden del superior,  pero al hacerlo sin convicción, a penas  pueda se desentenderá de la misma. En suma, padres e hijos, inexorablemente, están obligados a la “negociación” que, a grandes rasgos, consiste en que ambas partes se sepan ganadores.


Finalmente, la interdependencia, quiere poner de relieve que ninguno de los sujetos en cuestión – padres e hijos – son personas acabadas, es decir, el sólo el hecho de tener un hijo no garantiza la “paternidad” como tampoco el nacimiento es  suficiente para ser hijo. No. Ambos, padres e hijos son realidad in-acabada, están todavía por hacerse.


Es verdad que la sociedad nos ha hecho creer que el padre, por el mero nacimiento de un hijo, ya es padre. Pero no. La paternidad es un proceso que se va construyendo  en la medida que existe relación. Por lo tanto, la conciencia de que no existe tal paternidad como hecho biológico o social (recibir la libreta de familia o dar el apellido al hijo) debiera ayudar a tomar conciencia de que la única forma de ser padre es darse cuenta de que  no lo es, “debe hacerse” ( De hecho, quien más quien menos, en su fuero interno sabe que, como padre, no está preparado para llevar a cabo dicha misión pero, claro, habitualmente de esto no se habla para no hacer papelones…)  Esta conciencia  del “hacerse”, a mi criterio, es la  única que permite que el padre asuma que sólo puede “hacerse” en la medida que se relaciona con el hijo. Y esto que decimos del padre habría que sostenerlo también en relación a los hijos: nadie es "hijo", se va haciendo en la medida que se relaciona.


Consecuentemente, la conciencia de inacabamiento permite que padres e hijos se sientan importantes el uno para el otro, fundamentales para poder crecer como tales. Esta interdependencia,  difícil de cultivar por las secuelas que ha dejado en todo hombre el sistema patriarcal, hace posible una relación respetuosa, sincera, trasparente. Ayudará, sin lugar a dudas, a mejorar el clima de convivencia en la familia.


UNA BÚSQUEDA PERMANENTE


Soy plenamente consciente de la excesiva esquematización de estas claves, sin embargo, lo que ahora interesa es afirmar que “hay una salida” a la crisis que vive la institución familiar. Interrelación, interacción e interdependencia conforman un principio de solución para resolver las tensiones intrafamiliares. Su puesta en práctica ayudará a todos sus miembros a construir una comunidad en la que cada cual  pueda crecer como persona libre y diferente.


Y para finalizar, invito a los lectores de esta escueta y breve reflexión, a profundizar tales conceptos mediante la lectura de algunas publicaciones de mi autoría:


1.- “Claves para descubrir el sentido de la fe en un mundo sin sentido”, editorial Guadalupe.


2.- “Claves para descubrir a Jesucristo: líder humano para un mundo inhumano”, editorial Guadalupe.


3.- “Casarse… ¿Para qué?”,  editorial  Agape.


4.- “El matrimonio cristiano…a terapia”, editorial Agape.


Ofrezco también mi correo electrónico para que, quienes así lo deseen,  puedan hacer las clarificaciones pertinentes: luisperezbahamonde@yahoo.com.ar.


Lic. Luis Pérez Bahamonde

 
 
  • Silvia Bai
    Muy clara y debe ser releido varias veces ... sobre todo en los momentos de crisis con nuestros hijos adolescentes. Gracias

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