Familias en tránsito: una prueba de amor

Son papás que tienen hijos pero sienten que todavía pueden dar más amor a otros miles de chicos abandonados o dados en adopción.

 
Familias en tránsito: una prueba de amor

Son madres de dos, tres, cuatro o cinco hijos, pero sienten que aún les queda mucho cariño para dar y eligen compartirlo con alguno de los miles de chicos que en nuestro país fueron abandonados o dados en adopción. Un ejemplo de generosidad y valor que nos reconcilia con la vida.


La primera beba que llego lloraba y lloraba, yo no sabía más qué hacer así que la ponía adentro de mi camisón para dormir. Me había armado una especie de portabebés para llevarla conmigo a todas partes, porque era la única manera de calmarla", recuerda con una enorme sonrisa y los ojos un poco vidriosos Luz Capelli, madre de 5 hijos, que empezó como familia de tránsito cuando el mayor apenas tenía 2 años. Hoy esa beba tiene 16 años y la siguen viendo. Después de ella, Luz y su familia cuidaron a más de veinte niños y niñas que llegaron buscando que los abracen y les den amor. Un amor inmenso, pero de ninguna manera posesivo. Un amor que duele cuando hay que dejarlos ir, pero que sana cuando sus padres adoptivos los vienen a buscar o cuando vuelven con su familia biológica.


Las razones por las que estas familias abren sus casas para recibir por un tiempo a chicos que fueron abandonados en la calle, en una iglesia o un hospital, que fueron alejados de sus familias por los constantes maltratos o entregados para adopción, son muy similares. Sus creencias son muy fuertes, vienen de lugares donde la solidaridad es un ejemplo, suelen tener varios hijos biológicos y les quieren transmitir esto como un valor. Sienten que el amor familiar lo salva todo. Tienen muy claro que esto ayuda a mirar al costado, a no quedarse en la queja por todo, porque hay otro que nos está necesitando. Saben que es temporario, que después de una semana, tres meses, un año o más, cuando la Justicia lo diga, ese niño que vivió como uno más de la familia, se va.


"Las familias de acogimiento debemos tener claro que somos un puente, que todos los chicos tienen derecho a una vida familiar estable y que para eso hay que trabajar", asegura Victoria Acosta, hoy directora de la asociación Familias de Esperanza, después de recibir en su casa a más de veinte chicos con una alta vulnerabilidad social. Desde aquella primera vez cuando una beba de pocos meses se quedó más de un año en su casa y al verla sus padres adoptivos le dijeron: "Cuánto tiempo te estuvimos esperando", Victoria tiene muchísimas anécdotas que le dan sentido a la elección de vida que hizo en 1995 junto a su marido y sus 8 hijos. "Una vez un nene de dos años y medio había empezado la vinculación con su mamá. Hacía dos semanas que veían, estábamos en la cocina, yo lo tenía a upa, tocan el timbre, él siente la voz de su mamá y sale corriendo. Ahí dije: ya está. No hay que tener miedo a la partida, duele, pero nos comprometemos a prepararlos para ese amor".



Además de la entrega absoluta y las mismas emociones encontradas que van de las lágrimas a una alegría inmensa por ese chico que encontró su lugar, hay muchas otras coincidencias en las mujeres que deciden abrir su corazón. "A veces cuando se van, no puedo desarmar la cuna. Me ha pasado de estar bañándome y las lágrimas se confunden con el agua de arriba. O levantar la vista y tener la imagen de ese chiquito corriendo por toda la casa", cuenta Victoria. Pero aunque esta sensación es inevitable, verlos progresar es gratificante. Hay que soltarles la mano y ese momento tarde o temprano va a llegar. No hay que juzgar a esa madre que los abandonó o no los cuidó porque existen historias de vida realmente muy duras. "Conservar los nombres con los que vienen es una forma de respetar a esa madre que les dio la vida. Que quizás no los pudo cuidar y seguro habrá hecho lo que pudo", concluye.



En el último tiempo, los casos se volvieron mucho más complejos. Abusos, golpes y adicciones están detrás de la vida de estos niños y niñas que entran en el sistema. Estas situaciones y también el abandono en lugares públicos cuando tienen apenas días de vida hacen que los chicos tengan muchísimas carencias no sólo afectivas sino también motrices y cognitivas. Por eso, las familias de acogimiento además de darles amor y mostrarles que hay otra vida —más feliz, más tranquila— también se comprometen a intentar revertir estos casos, lo hacen con estimulación temprana de todo tipo y mucho contacto físico, porque las caricias y los abrazos son fundamentales. A veces, incluso hay que ayudarlos a querer vivir, a que se adapten a dormir en un colchón, a las sábanas, al baño, a la higiene personal.



Luz Capelli pasó por varias experiencias en las que la estimulación temprana fue clave y hace 6 años creó Familias Abiertas, una asociación con sede en Bella Vista, que funciona como una gran familia y brinda apoyo a veinte matrimonios que realizan esta tarea como proyecto de vida. En su casa, tuvo una beba con un diagnóstico de parálisis cerebral y con un cepillo estimulaba sus reflejos; un niño al que tuvieron que operar varias veces de la espalda consecuencia de la violencia que sufrió; y un nene de dos años y medio que no caminaba, sólo jugaba con sus pies, entonces le hicieron estudios de cadera pero no encontraron nada; seguramente había estado atado, pero al poco tiempo empezó a caminar. Otros tienen dificultades para hablar, duermen veinte horas al día porque están como entregados o son agresivos. Con paciencia, acompañamiento médico y muchísimo amor, logran cambios en el carácter, vuelven a sonreír y hasta alcanzan logros típicos de su edad.



Lucía Parodi es madre de 4 hijos y desde hace once meses tiene a su cuidado a una niña de dos años y medio que habla muy poco y que llegó muy lastimada, con mordeduras y fracturas producidas por su entorno familiar. Al principio, cuenta que estaban muy pegadas, durmieron durante un mes juntas y no lograba que le soltara el dedo de la mano. "Casi me lo saco y se lo doy, eso era lo que sentía". Hoy, la enorme sonrisa y la vitalidad de esa nena jugando por el parque después de llegar del jardín son la mejor recompensa y una demostración gigante de que el trabajo y el amor de estas madres funcionan.



CUESTIÓN FAMILIAR



El acuerdo entre todos los integrantes de la familia es clave. En este punto, tienen mucha relevancia los hijos biológicos que de golpe pasan a compartir lo más importante que tienen: su mamá y su papá. Entonces ¿cómo explicarles a esos hijos que de ahora en más van a vivir con ellos uno o dos niños por un tiempo determinado? ¿Cómo evitar que sufran con cada partida? Luz asegura que los chicos lo ven como algo natural, que entienden mucho mejor el límite que los adultos. "A todos les desean una familia, están acostumbrados, vivieron siempre con esto", cuenta y también aclara que es fundamental estar todos de acuerdo antes de aceptar un nuevo niño y hablar mucho, siempre bien claro, sobre lo que está pasando. Entre tránsito y tránsito, tomarse un tiempo para descansar, aunque el llamado llega de un momento para el otro, tanto para combinar el nuevo arribo como para decir que ya tienen padres que los van a adoptar.


LA EXPERIENCIA MÁS MARAVILLOSA



Ellos les dicen "mamá" porque copian de los otros hijos, pero también porque necesitan llenar ese rol; ellas les dicen "hijo" y realmente lo sienten. Y así el vínculo se forma y la rutina comienza si hay que llevarlos al colegio o al médico, festejar el cumpleaños o invitar a algún amigo a jugar. Todo esto se registra en un cuaderno y se arma una caja con fotos, ropa y cartas, que una vez que cada niño se va, se les entrega a sus padres o al juzgado. "Es bueno que durante esta etapa se registre todo lo que pasó, los momentos y los afectos, para que no quede un agujero negro en sus vidas", dice Victoria Acosta. Es inevitable, el corazón se abre un poco más con cada niño y allí permanecen para siempre.


Después, cómo sigue la historia depende de cada familia adoptiva o biológica. Hay desenlaces de todo tipo. Algunas fueron nombradas madrinas, otras tienen el título de tías, o manejan kilómetros hasta un pueblo de Córdoba para visitar a una hija de tránsito después de muchos años.


EL MARCO LEGAL


La modalidad de familias de acogimiento surge para evitar o disminuir la institucionalización de menores y se sostiene en la Convención sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, que establece que los niños deben crecer en familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y en la Ley Nacional 26.061, que tiene como objetivo la conservación o recuperación de sus derechos vulnerados. No hay remuneración por ser familia de acogimiento, pero sí ayuda (no económica) de parte de las diferentes asociaciones para cubrir pañales, leche, ropa, médicos, escuela, etc. Entre los requisitos básicos están ser mayor de 30 años, tener hijos biológicos, residir en la Argentina hace más de 5 años, no tener antecedentes penales, nunca pedir la adopción de un niño ni estar inscriptos en una lista para adoptar, y no reclamar ningún derecho sobre estos niños.


PARA ACERCARSE



•Familias de Esperanza


Tel.: (011) 4179-6738



fliasdeesperanza.acosta@gmail.com



•Familias Abiertas


Tels.: (011) 5292-3020 o (011) 15 3 449-2300


www.familiasabiertas.org.ar



familiasabiertas@live.com.ar



•Programa de Acogimiento Familiar



Dirección General de Niñez y Adolescencia de la Ciudad de Buenos Aires Tel.: (011) 4124-5938/39Lunes a viernes de 10 a 16 horas acogimientofamiliar@buenosaires.gob.ar.



(Fuente: Revista Susana - Foto: Serena Castagnola – Autor: Guadalupe Rodríguez)



 


 
 

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