Familias que alivian la marcha (I)

Tres historias que reflejan de modo unánime el papel Fundamental de la familia frente a las adversidades. Tres historias relatadas en plural, porque la primera persona resulta poco para contarlas.

 
Familias que alivian la marcha (I)

La vida presenta todo lo que en un camino puede haber. Si hay largos tramos de camino recto, los hay también de curvas y contracurvas, y si por momentos se presenta llano, por otros se vuelve escarpado y desigual. La alternativa de caminar “solo” o “acompañado” pareciera ser una de las primeras en que reparan la mente y el corazón del peregrino cuando algo se torna difícil. Lo bueno es que muchas veces los otros caminantes aparecen sin pedir permiso y acomodan sus pasos a los del viajero. Y las familias son las primeras en asumir esta condición de caminante “cómplice” en las dificultades, que cambian su dirección para escoltar, sostener y mantener firme la marcha.

LA ENFERMEDAD, DEL OTRO LADO

Cuando a Claudio Iribarren le dijeron que tenía un tumor en el páncreas, lo primero que sintió fue una profunda sorpresa. “Los médicos nos creemos invulnerables. Sentí que no era a mí al que le estaba pasando esto”.


Después de una importante cirugía, tuvo tres meses de convalecencia y, al tiempo, el tumor fue vencido. Durante esos meses de enfermedad empezó a apreciar las cosas como si fuera la última vez que las veía: “Sentí una urgencia de hacer un balance de la relación con mi familia (mi mujer y mis cuatro hijos). Fue una gran satisfacción ver que era amigo de mis hijos”, cuenta Claudio. Y añade que “todo lo que se ha cultivado en la familia de bueno durante la vida se intensifica en los momentos difíciles”.

De los meses de enfermedad, destaca la aceptación, la confianza y la paciencia que su familia supo darle: “Siempre valoraron cada esfuerzo que yo hice por avanzar, eso me hizo sentir un héroe más de una vez. Es importantísimo para el enfermo no tener que cargar con la presión de la familia además de todo con lo que ya se tiene que enfrentar”.

Lo cierto es que comprobó por experiencia propia lo que siempre había observado en sus pacientes: mientras que, por un lado los desarrollos tecnológicos ayudan a mejorar la calidad de vida del enfermo, por el otro, cuando el enfermo tiene buen ánimo crea más defensas y puede llegar a vencer al cáncer. “Un enfermo con buen ánimo come mejor, está menos estresado y se adapta mejor a los condicionamientos que impone la enfermedad; indirectamente lo mejora”, explica. En esto Claudio advierte una diferencia enorme entre los enfermos que cuentan con el apoyo familiar y los que no: “en uno y otro caso cambia mucho la evolución del enfermo, y el modo en que encara su situación”.

El proceso fue duro, pero dejó un valioso legado: “a partir de mi enfermedad, puedo ponerme en el lugar del otro y trasmitirle a las familias lo necesarias que son, porque yo lo viví en carne propia”, concluye Claudio.


(Continuará...)


Por Milagros Lanusse


Fuente "Familias de Hoy", Nº 2

 
 

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