Familias que alivian la marcha (II)

Tres historias que reflejan de modo unánime el papel fundamental de la familia frente a las adversidades. La segunda parte de estas historias.

 
Familias que alivian la marcha (II)

UN NUEVO MIEMBRO, UN NUEVO DESAFÍO

Manina ya tenía 3 hijos cuando Martincito, de 2 meses de vida, llegó a al hogar de los Schafer como bebé en tránsito, con problemas de salud y serias discapacidades físicas y neurológicas. Mientras el bebé, tan especial e indefenso, luchaba contra la muerte como un valiente, toda la familia fue creando un vínculo muy fuerte con él. “A veces nos asaltaban la incertidumbre y la angustia, pero por alguna razón sabíamos que hacernos cargo de él era el camino indicado”, recuerda Manina.

Al presentarse la posibilidad de la adopción, luego de haberlo tenido en tránsito durante mucho tiempo, la familia se reunió para decidirlo entre todos: era necesariamente una decisión compartida. “Para los chicos implicaba hacerse cargo de una herencia más específica, asumir una responsabilidad de por vida. Y los tres dijeron que sí, que Martín ya era un hermano para ellos”.

Y Martín les regaló a cambio su inocencia, su ternura, su pureza y su alegría. “Antes de Martín, en casa cada uno tenía su vida. El nos convirtió en un equipo con un objetivo muy claro y nos unió como nada en el mundo”, reconoce Manina. “Se convirtió en nuestro ángel de la guarda. Todos dimos un salto de fe, mejoramos como personas y como familia. Gracias a Martín, hoy somos un bloque indestructible, una sola cosa”, agrega.

A PARTIR DE LAS CENIZAS

“Tengo la seguridad de que ese matrimonio está fundado sobre roca”, dijo un sacerdote amigo en una homilía, cuando supo que el incendio que había destruido por completo la casa de Dionisio y María Correa, había sin embargo dejado intacta una imagen de la Sagrada Familia. “Es muy difícil explicar lo que se siente. Te quedás sin nada, sin tus cosas, sin parte de historia, sin tu lugar”, cuenta María…

Sin embargo, también sostiene que gracias a Dios nunca perdieron la certeza de que por algo les había pasado a ellos. Sin duda iban a poder sacar mucho de esto. “Es muy fuerte ver que la gente que uno quiere se moviliza tanto para ayudarte, hermanos, amigos, nuestros padres… Los amigos de nuestros amigos. La familia grande y la familia chica. Todos y cada uno nos dieron hasta lo que no tenían. Pero, sobre todo, nos dieron horas del día, nos dieron abrazos, nos dieron un hogar y nos contuvieron”. Fue un duelo como cualquier otro, pero con la gran enseñanza de que lo material es, meramente eso, material. Y que se puede seguir adelante, ser feliz.

“Es un gran privilegio el sentirse tan querido. Pero sobre todo, nos unió mucho como familia y cambió nuestra escala de prioridades”. Perdieron la casa, pero siguen juntos, más juntos que antes. Y salieron adelante con la certeza firme de que todo pasa, pero el amor no pasará jamás.


Por Milagros Lanusse




Fuente "Familias de Hoy", Nº 2




 

 
 

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