Francisco: ‘No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección’

Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón.

 
Francisco: ‘No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección’

Rumbo a la 49º Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, el Papa Francisco ha destinado un mensaje  (Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor) referido a la relación existente entre la comunicación y la familia en el marco del Sínodo sobre sus problemáticas actuales celebrado el año pasado y que culminará en el corriente. Aquí presentamos las principales ideas del mensaje:


El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación.


Cuando la mamá y el papá acuestan para dormir a sus niños recién nacidos, a menudo los confían a Dios para que vele por ellos; y cuando los niños son un poco más mayores, recitan junto a ellos oraciones simples, recordando con afecto a otras personas: a los abuelos y otros familiares, a los enfermos y los que sufren, a todos aquellos que más necesitan de la ayuda de Dios.


Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras.


La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se experimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón.


A propósito de límites y comunicación, tienen mucho que enseñarnos las familias con hijos afectados por una o más discapacidades. El déficit en el movimiento, los sentidos o el intelecto supone siempre una tentación de encerrarse; pero puede convertirse, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, en un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo.


(Fuente: Yo Creo – Autor: Emilio Rodríguez Ascurra @emilioroz)


 


 
 

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