La educación sexual como educación de sentimientos (II)

Educar en valores a partir de la realidad de las personas para que alcancen su mayor bien.

 
La educación sexual como educación de sentimientos (II)
MOSTRAR LA JERARQUÍA DE VALORES EN LA SEXUALIDAD

La educación sexual consiste en la consecución de un conocimiento adecuado de lo que es la sexualidad, que va desde su desarrollo hasta la culminación del encuentro físico entre un hombre y una mujer. Por tanto, apunta hacia la madurez psicológica y la plenitud de la persona, en el marco de la dignidad humana.

Ese conocimiento no descuida ningún aspecto de la persona: va de la anatomía al contacto físico, de los aspectos psicológicos a los sociales y culturales, pasando por el terreno espiritual y el entorno en donde la vida sexual se desarrolla o las etapas evolutivas que ésta va a tener. Educación plena, completa, integral. Allí quedan convocados todos sus ingredientes.

La gran tarea de padres y educadores es proponer ideales concretos, haciéndolos sugerentes y atractivos, aunque en un principio sean costosos y se presenten como una cuesta empinada. Todo lo grande del hombre es hijo del esfuerzo

El éxito de la educación consiste en proporcionar un conocimiento equilibrado de uno mismo y de la realidad, promoviendo una adecuada jerarquía de valores. La educación sexual fracasa cuando sólo es información técnica, no hay verdadero progreso humano si éste no se realiza con un fondo moral. 

ADELANTARSE A LOS PROBLEMAS, CON TONO POSITIVO Y HUMANO 

A los niños hay que iniciarlos a medida que avanza su edad. Con explicaciones sencillas y conformes a su psicología, pero sin falsear la verdad. Hay que abordar el tema como algo normal, natural y positivo. 

Durante la adolescencia, se sugiere a los padres la postura de adelantarse a los hechos y así ir trazando criterios que ayuden a comprender a los chicos lo que en esos momentos experimentan dentro de sí. Cada caso necesitará una estrategia distinta. Siempre las formas elegantes y prudentes le darán al tema más calidad. En esta edad hay que huir de tres posturas negativas bastante habituales: 

1) El rechazo radical y represivo, que nos hace volver a un puritanismo de mal pronóstico, en esta concepciones late un no querer abordar la cuestión y dejarla pasar de largo; en el fondo, puede esconderse una visión negativa de la sexualidad.

2) La antropología materialista (biologicismo) que reduce la visión del hombre a lo puramente corporal, no asumiendo otras dimensiones (psicológica, espiritual y cultural),

3) El culturalismo, que no admite otra norma moral que la producida por una sociedad en un determinado período de la historia. Esta normativa ética, abviamente, no tiene caracter universal, se construye y muta socialmente.

Todas estas posturas son reduccionistas y ofrecen una visión estrecha del ser humano. que 

Educar en y para la libertad siempre es un riesgo. Pero es una tarea que ennoblece a quien la asume y beneficia enormemente a los destinatarios.

Llegar a integrar la propia sexualidad, gobernándola con amor para entregarla a otra persona a través de una donación comprometida, es objeto y signo de madurez humana. Si ello no ocurre, los impulsos sexuales irán ganando terreno caprichosamente, marcando una línea obsesiva y esclavizante para la persona. 

M.N. © Yo Creo en base al artículo homónimo del Dr. Enrique Rojas.

Fuente Catholic.net

 
 
 

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