La ética del cuidado

A partir de nuestra concepción, en el nacimiento y en el posterior crecimiento, siempre hemos sido cuidados. De lo contrario, no hubiéramos sobrevivido.

 
La ética del cuidado

El primer acto de amor que recibimos ha sido de cuidado. Todos somos los que somos por haber sido cuidados. La ética del cuidado diferencia un cuidado preventivo, un cuidado paliativo y un cuidado proactivo. El cuidado preventivo es aquél que realizan generalmente los padres, docentes, superiores o adultos para con los niños o jóvenes en la consideración y ponderación de oportunidades, desafíos, peligros, advertencias y consecuencias de determinadas situaciones o elecciones. Esta constituye una prevención exhortativa. El cuidado paliativo es aquél que se tiene en situaciones ya establecidas de dolencia, enfermedad o  riesgos asumidos  tratando de aliviar y rehabilitar a quien lo padece. El cuidado proactivo es aquél en el cual se capacita positivamente a las personas, de acuerdo a sus posibilidades y potencialidades para enfrentar las diversas y cotidianas realidades de la vida y sus circunstancias con resiliencia. Consiste en una prevención constructiva que sirve para adelantarse a una situación que puede darse o afrontar cualquier situación de riesgo personal o social. Se adquiere fundamentalmente mediante el estímulo y el fortalecimiento de la autoafirmación y autoestima.


El cuidado en cualquier de estas tres expresiones -aparte de ser una mera actitud- puede ser una inclinación, una disposición, un hábito, una virtud humana y cristiana. Es una de las expresiones más delicadas de la caridad, suavidad de ternura y cariño, mansa bondad, presencia diligente, protección solícita, contención fraternal, acompañamiento sostenido, cálida gratitud y memoria bendecida. Todo cuidado se define por una elección de amor que asiste a una necesidad, vulnerabilidad,  inconsistencia o fragilidad que nos reclama.  Es una de las formas más maduras y exquisitas del amor y del acompañamiento. Para su ejercicio hay que superar algunos condicionamientos: estar permanentemente a la defensiva, percibir al otro como amenaza y sospecha, victimización y sentimiento de persecución, actitud abandónica, desconfianza, murmuración,  ejercicio arbitrario del poder y, en general, todo lo que deshumaniza el vínculo. Hay actitudes que siempre atentan contra el cuidado: egoísmo, indiferencia, apatía, falta de compromiso, sobreprotección, desprotección, indolencia, ingratitud, pereza, violencia, agresión, abandono, olvido, maltrato, mezquindad, etc. Es preciso tener una actitud realista de la vida, especialmente aquellos que se dedican al cuidado de otros. Un realismo que supere, por un lado, la cándida ingenuidad y, por otro, el escepticismo amargo. Dos posiciones antagónicas que siempre asechan la perspectiva realista.


La ética del cuidado requiere además muchas otras nobles actitudes: escucha, diálogo,  respeto, sostenimiento, apoyo, consuelo, solicitud, cordialidad, confianza, ternura, calidez humana servicio, compromiso, contención, compartir, fraternidad, 'projimidad', cercanía, empatía, solidaridad,  sentido del humor, disponibilidad de tiempo, aceptación de desafíos, atención prioritaria, tacto en el trato, vinculación interpersonal, confidencialidad para preservar la privacidad ajena, etc. También se necesitan variadas virtudes: caridad, sabiduría, fortaleza, discernimiento, compasión,  prudencia, etc. Como exhorta el Apóstol San Pablo para “sobrellevar mutuamente las cargas” (Gál 6,2) es preciso reconocer que la verdadera autoridad moral y espiritual nace, sobre todo, del sufrimiento. No hay mayor  autoridad que la que emerge, humilde y silenciosa, del auténtico sufrimiento. Saber perder es, a menudo, una sabiduría poco deseada. Requiere de fortaleza e inteligencia para desterrar el rencor y la venganza. En la sabiduría de la Cruz (cf. 1 Co 1,18) son fecundas todas las pérdidas, fracasos, equivocaciones y derrotas. Allí  se transfiguran en fortaleza madura, aquella que nace de la aceptación de la debilidad. En tiempos de inseguridad social y de crisis de institucionalidad vivimos en un clima de desprotección jurídica, impunidad, intolerancia, exclusión, marginación, indefensión y descuido generalizado. También padecemos emergencia ecológica y ambiental que requieren, cada vez más imperiosamente una actitud de cuidado del planeta y de los recursos naturales. Todo ser vivo necesita ser protegido, tal es el cometido del ser humano desde el momento inicial de la Creación: ser señor y custodio. 


(Fuente: Yo Creo – Autor: Eduardo Casas)



 
 
  • Ernestina
    Padre Eduardo Casas? realmente; sus Palabras? Dan muy fuertey Hay para todos los casos; e incluyendonos a Todos" me gusta su Don es muy grande¡¡ comprender y comprenderce¡¡¡¡ gran sabiduria¡¡¡¡ y claro? TODO SER VIVO; NECESITA SER CUIDADO¡¡¡¡ ESO QUIERE DECIR QUE TODOS NOS NECESITAMOS PARA SENTIRNOS UNIDOS CUIDADOS TAL COMO EL SEÑOR NOS PIDE¡¡¡¡¡¡
  • Ernestina
    Padre Eduardo Casas? realmente; sus Palabras? Dan muy fuertey Hay para todos los casos; e incluyendonos a Todos" me gusta su Don es muy grande¡¡ comprender y comprenderce¡¡¡¡ gran sabiduria¡¡¡¡ y claro? TODO SER VIVO; NECESITA SER CUIDADO¡¡¡¡ ESO QUIERE DECIR QUE TODOS NOS NECESITAMOS PARA SENTIRNOS UNIDOS CUIDADOS TAL COMO EL SEÑOR NOS PIDE¡¡¡¡¡¡

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