Lo importante es jugar

Entre las prioridades que tenemos para este año que comienza, ¿qué lugar le damos al deporte?

 
Lo importante es jugar

Comienzo de año, un nuevo punto de partida en el que se trazan nuevas metas que no sólo tienen que ver con uno mismo sino con otros. “Me gustaría pasar un poco más de tiempo con mis hijos”, se suele escuchar en los pasillos de cualquier trabajo. “Disfruto estando con mi familia y amigos”, repiten una y otra vez los adolescentes, muchas veces como si fuera una súplica que pocos oyen, en cada encuentro con ellos a través de un programa de promoción de valores en escuelas secundarias. Sí, aquellos que en apariencia sólo desean estar con sus pares también disfrutan del momento con sus referentes adultos.

Dos deseos en paralelo y que el trajín de la vida diaria muchas veces no permite juntar. ¿Es cierto que no hay tiempo? ¿Por qué no buscar el espacio? El verano suele coincidir con las vacaciones, la recreación o al menos una disminución del vertiginoso ritmo laboral. ¿Por qué no aprovecharlo para lograr ese acercamiento que luego podamos mantener y profundizar durante el año?

En ese contexto, el juego en general y el deporte en particular asoman como un puente capaz de unir a adultos, jóvenes, adolescentes y niños.

“Mediante los espacios lúdicos compartidos entre generaciones se abren canales nuevos de comunicación y se favorecen y muchas veces se reparan los lazos entre los diferentes miembros de la familia”, refiere el psicólogo Arturo Clariá, quien se dedica a temáticas de familia y valores. “La influencia psicológica positiva que le otorga un padre a su hijo por compartir un momento de recreación es inconmensurable. De ahí la importancia de ir a ver competir a nuestros hijos, acompañarlos al costado del campo, alentarlos y motivarlos, siempre y cuando seamos capaces de comprender, antes que nada nosotros adultos, que se trata ni más ni menos que de un juego. Cuánto mayor será la dicha de un chico, o la de un adolescente (aunque intente disimularla), si es el propio padre quien decide calzarse los cortos y entrar a la cancha a jugar con su hijo”, afirma Clariá.

Los documentos del Año Internacional del Deporte y de la Educación Física, promovido por la ONU en 2005, afirman que el deporte tiene un valor pedagógico especial, considerado un “componente esencial de nuestra sociedad”, capaz de transmitir “todas las reglas fundamentales de la vida social”, y portador de valores educativos fundamentales como “tolerancia, espíritu de equipo, lealtad”.

Más allá de la “era de la Play” y de las redes sociales, el deporte sigue siendo una de las actividades hacia las cuales los adolescentes manifiestan un fuerte compromiso. Es lo que les permite encontrarse consigo mismos, con sus defectos y virtudes, con las dificultades y la capacidad de superación. “El juego, la actividad motora y deportiva son ámbitos donde la persona ‘interpreta’ un papel, se pone en un presente (el partido, la carrera, el reto consigo mismo, con el cronómetro o con los demás) en el que se pone en juego a sí misma, pone a debate, en un espacio y en tiempo definidos, su propia identidad”, argumenta el médico italiano, deportólogo y docente de Pedagogía del deporte Paolo Crepaz en línea con la afirmación de Platón: “Se puede descubrir más a una persona en una hora de juego que en un año de conversación”.

El juego y el deporte también son medios para encontrarse con los demás. Son factores de relación que acrecientan el desarrollo personal, más cuando se trata de una actividad compartida con aquellos a quienes los une lo afectivo, como pueden ser la familia y los amigos.

El club muchas veces se convierte en el lugar donde los jóvenes transcurren varias tardes después de la escuela o bien es el sitio que reemplaza al aula en la época estival. Son horas y horas de juego, de relación con pares, de reconocimiento. ¿Cómo pueden acompañar los padres en ese caso? Interesarse por los valores que pregona esa institución deportiva o los propios entrenadores puede significar un puntapié inicial para nuevos vínculos que no sólo profundizan la relación con los chicos sino con otros padres.

Practicar juntos o simplemente acompañar a los hijos en las diferentes actividades se convierte en una ocasión invalorable para conocerse más. “El momento del descanso y las vacaciones son ideales para el encuentro genuino entre padres e hijos, sin agendas ni celulares ni cuestiones pendientes en las cabezas adultas. Y qué mejor que hacerlo a través del juego y el deporte. Es una gran excusa para devolvernos ese espacio de esparcimiento que nos debemos todo el año y que encuentra su sentido en la sonrisa de un chico, que es ni más ni menos que nuestro hijo, el ser más fascinante que podremos tener a nuestro lado”, concluye el licenciado Clariá.

“Perder tiempo” juntos, de manera inteligente y alegre. En ese contexto, aquellos deseos de grandes y adolescentes expresados al inicio reflejan aún más la búsqueda de la felicidad de unos y otros y el deporte asoma como una herramienta capaz de colaborar para construirla, disfrutarla y compartirla, jugando.


Fuente: Revista Ciudad Nueva.

 
 
  • maria
    Muy buena!!!! es verdad "perder el tiempo" pero ganar tiempo futuro, ganar confianza, seguridad, amistad, lealtad que les servirá en el futuro a los hijos y reforzará la relación con ellos para toda la vida.

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