Los adolescentes y la autoestima

En una sociedad cada vez más confusa, los adolescentes encuentran mayores dificultades para valorar sus propias riquezas e incorporar valores a la vida.

 
Los adolescentes y la autoestima

Para muchas personas, la autoestima depende de los logros y metas alcanzados, con independencia de las cualidades y peculiaridades de cada uno. Específicamente, se valora aquello que puede ser expuesto como un trofeo. Se trata de una visión sesgada que mira a la persona sólo por su exterior. A pesar de ser un punto de vista reductivo, es una "moda" que se impone con fuerza.


Quizá por eso, con frecuencia, la autoestima aparece "sobreestimada", y es cada vez más difícil de lograr.


En un ambiente así, son los adolescentes quienes se llevan la peor parte, ya que aún no se conocen bien a sí mismos y dependen de los valores que se les presentan para poder juzgar lo correcto o incorrecto y así incorporarlos a su vida. Cuando abunda la trivialización de la realidad (a través de modas y modelos más bien desafortunados), se vuelve  todavía más complicada la superación exitosa de la adolescencia. 


Nadie puede descubrirse a sí mismo sin entrar en relación con los otros, sin captar cómo es él o ella y compararse con lo que los demás esperan. Pero esos otros, los amigos, la familia, todos los que conforman "el mundo" del adolescente ¿de dónde sacan las ideas de cómo debe ser alguien? Probablemente, de lo que se refleja en la opinión pública que, a grandes rasgos, está constituida por los valores (y antivalores) presentes en la familia, la escuela, los grupos (o "tribus") de jóvenes y -¡como no!- en los medios masivos de comunicación.


Preguntémonos, pues, ¿cuál es el inventario de valores que la mayoría de los adolescentes parece tener hoy en sus mentes? ¿Cuáles son los modelos que imitan y por qué los imitan? ¿En qué espejo se miran? ¿Quiénes son sus héroes, sus prototipos, sus ídolos?


Los rasgos más valorados son aquellos que hacen referencia a cualidades físicas, al atractivo personal y a la capacidad de destacarse dentro de un grupo social, mientras que las cualidades morales o la coherencia de vida prácticamente no aparecen. El éxito lo desborda todo, entendido en los términos de una sociedad de consumo y de placer.


En el caso de los varones adolescentes se destaca su afán por sobresalir en algún deporte, de tener cuanto antes un cuerpo de adulto (alto, musculoso y bien proporcionado); en cuanto a las adolescentes, quizá el valor que más interesa es el de responder a los patrones populares de belleza (han de ser bonitas y delgadas), asumiendo que la apariencia agradable les abrirá todas las puertas.


En todos los casos, hombres y mujeres, adultos y adolescentes, el valor de la imagen ha ido cobrando una importancia cada vez mayor. La personalidad se percibe como un valor de segunda clase, la inteligencia como un rasgo menor en comparación con la "belleza", el ser responsable y buen trabajador -a veces- puede incluso estar mal visto.


Todo esto arriesga a los adolescentes a enfrentarse con tres grandes peligros: en primer lugar la dificultad de alcanzar una autoestima adecuada. El pretender  solamente valores externos, físicos o superficiales -los cuales no son alcanzados por muchos de ellos- termina por hundir a los jóvenes en la tristeza, la falta de confianza e incluso en la depresión.


En segundo lugar, al copiar modelos "pobres" en términos humanos, pueden perder la posibilidad de buscar los valores que de verdad humanizan, valores con "poca prensa". Y, en último término, al entregarse a la chatura que se les propone como forma de vida, se frustra la oportunidad de vivir en plenitud esa etapa maravillosa de laexistencia donde los ideales impulsan a dar lo mejor de uno, a "echarse a volar".


Quizá por esto, hoy hay tantos y tantas adultos empeñados en encontrar su autoestima perdida.


La autoestima es, en realidad, producto del autoconocimiento, valoración de las propias cualidades y aceptación de las limitaciones. Es consecuencia de haber encontrado un norte seguro hacia el que orientar los pasos y de caminar hacia esa meta con desición, con esfuerzo, hasta lograr que se valore la lucha y no solamente los resultados.


Carlos Mayora Re (adaptación M.N.)


Fuente ACI Prensa


 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación