Los que te di a cuidar

A cada esposo Dios le dio una esposa, a cada padre le dio unos hijos y por lo tanto al final de nuestra vida Jesús nos preguntará "¿que hiciste con los que te di a cuidar, donde los dejaste?"

 
Los que te di a cuidar

Entonces dirá también a los de su izquierda:


"Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.42.



Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;43. era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."(Mt.2541-43)


Al final de la vida seremos juzgados en el amor. Jesús vendrá y a cada uno nos preguntará qué hemos hecho y no habrá excusa que valga porque en cualquier momento de nuestras vidas hemos conocido a Dios a través del hombre.



Usualmente tendemos a meditar este evangelio y proyectarlo sólo hacia el pobre, el desvalido, el encarcelado pero ¿nos hemos puesto a pensar que este evangelio se dirige también a quienes somos padres de familia?


A cada esposo Dios le dio una esposa, a cada padre le dio unos hijos y por lo tanto al final de nuestra vida Jesús nos preguntara "¿qué hiciste con los que te di a cuidar, donde los dejaste?"



Entonces qué vamos a responder cuando hoy día hay tantos matrimonios rotos, tantos esposos(as) que abandonan el hogar buscando una felicidad falsa acomodada porque dejaron de ver a Dios en sus esposas(os) e hijos y se les olvida que Dios les preguntará por ellos.


Cuando abramos los ojos y podamos ver la realidad ¿no será ya un poco tarde? Todos andamos buscando a Dios. Todos preguntamos dónde encontrarle. Y Dios nos dice a todos: “No seáis tontos. Si cada día estoy a vuestro lado y me cruzo en vuestro camino y todavía andáis preguntando ¡dónde estoy!” Cada día estoy en esa esposa(os) en esos hijos y aun preguntáis ¿dónde estoy?



Recordemos el pasaje de la viuda que perdió la moneda que buscaba en la calle y la moneda se le había perdido en la cocina y el que pasaba le preguntó qué buscaba y esta dice "una moneda que se me perdió”. Y el que pasaba le pregunta ¿y dónde? Ella responde, en la cocina... y le pregunta ¿y por qué buscas en la calle? Ella responde, aquí hay más luz, la cocina está oscura.



Esos pródigos que buscan la felicidad en la calle porque hay más luz se les olvida que en casa es donde realmente encontrarán lo que están perdiendo y que son ellos los que han dejado de dar luz a sus hogares y es por ellos que Dios les preguntará.



Dios nos dice que está en ese hijo que tiene sed de amor del padre que lo abandonó.



Dios nos dice que está en el hijo desnudo que espera que lo vista su padre con un beso o un abrazo.


Dios nos dice que está en el hijo forastero que sale a la calle a trabajar para poder estudiar porque no recibe lo suficiente o nada para salir adelante en la vida.



Dios nos dice que está en el hijo enfermo que padece de la peor enfermedad, la soledad, la tristeza.



Dios nos dice que está en el hijo encarcelado porque se encierra en sí mismo porque mira alrededor y su hogar esta desolado, no está completo porque ha sido abandonado.



Por ese camino nunca podremos dar con él. Nunca podremos encontrarlo. Porque mientras la moneda está en la cocina, nosotros nos dedicamos a barrer la calle y encender todas las luces fuera teniendo en nuestra propia casa a Dios en la esposa (so) e hijos.


En el Reino de Dios las cosas hay que verlas y mirarlas de otra manera. Porque Dios no está donde nosotros lo imaginamos o queremos buscarlo sino donde él prefiere y le gusta estar y manifestarse.



En el Reino de Dios las cosas son distintas.


Siempre lo buscamos donde no está. Lo tenemos cada día en nuestras propias narices y luego nos quejamos de que Dios se hace invisible y se esconde. Lo tenemos en la esposa (so) en los hijos pero el egoísmo por buscar una falsa felicidad engañados por el demonio lo hace invisible.



¿Cuándo te vimos con hambre? ¿Cuándo te vimos con sed? ¿Cuándo te vimos desnudo, forastero o en la cárcel?



Dios nos responderá...cuando dejaste de amar, de abrazar y besar, de acompañar, consolar...de darle lo necesario a los tuyos para que no les faltara nada.


Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo."46. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»(Mt.25, 31-46).


(Fuente: Catholic.net | Autor: Luce Bustillo Schott)



 
 

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