Una historia para padres pensando en sus hijos y en sus preguntas.
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como todos los días, lo que su hija le contaba de sus actividades diarias, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame.
- Quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó Camila
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cami se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo, que lo miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca lo obligó a volver la mirada hacia la niña y, tragando saliva, le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí, que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso...
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos- ¡Me engañaron!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre tomando con sus dos manos la cara de Camila .
- Entonces no lo entiendo. papá.
- Siéntate hija y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Camila se sentó entre sus padres ansiosa por escuchar cualquier cosa que la sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
- Cuando el Niño Jesus nació, tres Magoss que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al portal para adorarlo. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
-Baltasar, el tercero de los Magos, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan hermoso...
Los tres hombres se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharlos muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Ustedes son muy buenos, queridos Magos, tienen el corazón de un Rey; por eso, desde ahora los llamarán Reyes Magos. Les agradezco sus regalos. Voy a ayudarlos a realizar el hermoso deseo que tienen. Díganme: ¿qué necesitan para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres "Reyes Magos" postrándose de rodillas- Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño, que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No se preocupen por eso -dijo Dios- Yo les voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Díganme, ¿no es verdad que los pajes que les gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues díganme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Magos se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo han querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo ordeno que en en el tiempo de la Navidad, conmemorando este momento, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en cada fiesta de Reyes, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y así recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Camila terminó de contar esta historia, la pequeña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber que me quieren y que no me han engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su alcancía en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para comprales algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, con seguridad, desde el Cielo, los tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Enviado por Ramiro Pontis, lector de Yo Creo.