Nada hará que te ame menos

Hace unos años vi un corto en el que –a través de una situación muy cotidiana- un padre daba un mensaje de amor incondicional a su hijo.

 
Nada hará que te ame menos

El niño había cometido un error. En un cuenco, en la cocina de una casa, la madre descubre un pequeña pelotita de golf que no nunca había estado allí. Cuando empieza a preguntar a sus dos hijos cómo había llegado hasta ese cuenco, en esa casa, uno de los niños se pone a llorar y le confiesa a su madre que la había robado de la casa de un amigo.


Luego, cuando la madre intenta que le explique más, su hijo emprende una carrera desesperada y vergonzosa y sale de la escena. Se esconde. Su cuerpo se acongoja debajo de las mantas de una cama.



Cuando llega el padre después de un día de trabajo, y puesto al tanto de la situación, comienza a buscar a su hijo. No lo encuentra, ni en la sala, ni en la pequeña biblioteca, ni en su habitación, ni en el baño. De pronto, en el cuarto del matrimonio, el padre descubre un cuerpo encogido debajo de las frazadas. Cuando retira los abrigos, allí aparece el niño, hecho un nudo, todo sudoroso y con los ojos rojos de tanto llorar.



El padre toma al niño en sus brazos. Lo llena de besos. Lo abraza y se mueve lentamente en un “acunar” sereno. Y de pronto, sin que medien palabras, su padre comienza a repetir una y otra vez:



-       “Nada de lo que hagas, hará que te ame menos”, …“nada de lo que hagas, hará que te ame menos”, …“nada de lo que hagas, hará que te ame menos”.



El niño se abraza a su padre y pide perdón y promete enmendar su error, pidiéndole perdón también a su amigo.



La calma ha vuelto. Todavía con rastros de lágrimas sobre las mejillas el niño sonríe. Bajan despacio las escaleras de la casa hacia la mesa, donde está servida la comida y donde volverán a ser familia.


¿No te recuerda esta breve referencia a cuando tu y yo nos avergonzamos de nuestros pecados, de nuestras caídas, de nuestras faltas de amor y servicio?


¿No crees que ese niño se nos parece cuando escapamos de la mirada del Señor, avergonzados, llorosos, encogidos?


¿No sientes que en el sacramento de la reconciliación –en la confesión- nuestro Padre nos dice a ti ya mí: ‘nada de lo que hagas, hará que te ame menos?’”



Pues es exactamente así. Nada de lo que hagamos, hará que el Señor nos ame menos.



Por eso, si caemos, si fallamos, si esa tentación nos vence otra vez, no nos quedemos escondidos, tapados debajo de las mantas, llorando y sintiendo vergüenza. El Padre nos espera para que podamos volver a sonreir.



(Fuente: Yo Creo)



 
 

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