No hay día en el que Francisco no nos sorprenda.

Carta al Papa de la Fe, de la Esperanza, del Amor y la Misericordia.

 
No hay día en el que Francisco no nos sorprenda.

Queridísimo Padre


No hay día que no nos sorprendas.


Eres un hombre salido de entre nosotros. Pides que no nos olvidemos de los pobres, porque tú estuviste entre ellos. Nos ruegas que no miremos para otro lado cuando vemos un hermano vulnerable, porque tu estuviste entre los vulnerables. Nos empujas a la misericordia de Dios, porque tú estuviste entre pecadores y sabes lo que la Gracia puede hacer de nosotros.


Me he imaginado –en estos últimos días- un gran estacionamiento. Donde miles de autos están quietos con nosotros adentro. Inmóviles. Detrás de un volante inmóvil. En medio de una vida inmóvil. Mirando las llaves inútiles colgar del encendido.


Y entonces, tú llegaste.


Te has vuelto molesto para los cristianos que nos hemos acostumbrado a “balconear”. Para nosotros que hemos elegido –muchos- no ser protagonistas. Estábamos cómodos. Un poco de oración, la misa del domingo, alguna limosna por aquí o por allá.


Nos pensábamos en un cielo cómodo, después de una vida bastante cómoda.


Tu puñetazo amoroso en la mesa -de todos nosotros- ha sonado a estruendo.


De pronto, esos hombres y mujeres estacionados hemos abierto las puertas de nuestros autos.


Nos bajamos. Algunos, inclusive, dejan sus llaves inútiles y las puertas abiertas y comienzan a caminar hacia donde tú nos estás señalando.


Todos hubiésemos querido ser el niño que se trepó en tu papamóvil en Brasil, o el canillita a quien llamaste para avisarle que no te llevara más los diarios los domingos porque te quedabas en Roma. O la mujer abusada y triste. O el estudiante a quien pediste que te “tuteara”. Y en cada uno de ellos hay una parte de nosotros.


Nos hemos despertado y queremos seguir despiertos. No te prometemos no caer. Te prometemos no estar demasiado tiempo en el suelo.


Así lo dijiste: Dios no se cansa de perdonar.


Cuídate amigo. Dios te bendiga, Francisco.


(Fuente: Yo Creo – Autor: OM)


 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación