Sexo en el matrimonio: el orgasmo no lo es todo

Alcanzar el máximo placer no es el parámetro genuino de la unión interpersonal. Su lugar en la vida sexual de la pareja.

 
Sexo en el matrimonio: el orgasmo no lo es todo

El encuentro sexual de los esposos es ocasión para que manifiesten recíprocamente su amor y expresen la comunión de vida que los une. Es una verdadera "celebración" del matrimonio.


En este contexto, las caricias que expresan el cariño de los cónyuges pueden expresarse con total libertad. Muchas personas de fe creen que hay caricias moralmente aceptables y otras que no lo son. Esto no es así. No hay justificación religiosa ni indicaciones precisas en las Sagradas Escrituras que definan qué gestos son permitidos y cuáles no deberían permitirse dentro del acto sexual.


La estimulación manual u oral son tan legítimas como cualquier otras.  Sin embargo, esta u otras prácticas están asociadas en el imaginario popular  con la pornografía  y el sexo despersonalizado. En todo caso, no se puede dejar de insistir en la importancia del diálogo en la pareja para descubrir juntos qué es lo que les agrada y los ayuda a encontrarse mejor en el acto conyugal. Puede haber prácticas que no le agraden a uno de ellos o, por el contrario, que los gratifican mucho. El encuentro sexual-personal es el que permite a los esposos crecer  en una intimidad genuina, no atados a normas rígidas ni condicionados por modelos impuestos.


Durante el juego previo los esposos potencian mutuamente su placer.  El  encuentro conyugal conduce a la unión corporal de la pareja, la que llega a su punto culminante con el coito, donde los dos se vuelven "una sola carne", una totalidad corporal y espiritual.


Sin embargo, la cultura hedonista en la que vivimos pone un acento excesivo en alcanzar el orgasmo como culminación del acto conyugal. Así, el placer se vuelve el único parámetro en la vida sexual de la pareja.


Desde una mirada antropológica más amplia, el placer acompaña al coito pero no es su finalidad exclusiva; el momento de la unión de los esposos es -en realidad- el punto más alto del encuentro sexual. El  coito es la máxima unión en sentido psicológico, espiritual y físico. Entonces, la conviviencia sexual es mucho más que solo placer, es construir un vínculo duradero, es la vivencia de la unidad en el amor marital.


Una excesiva concentración sobre el aspecto placentero de la relación sexual la empequeñece y expone a los esposos a sentirse fracasados cuando el orgasmo no aparece. La exigencia de ser "un amante eficaz" se vuelve opresivo para los miembros de la pareja, quienes se sienten frustrados si no logran el placer buscado.


Paradójicamente, esta "persecución" del placer se vuelve en contra de la vida sexual, ya que quienes se sienten presionados evitan lo que ltermina por resultarles un momento incómodo, una obligación a cumplir. Lograr el orgasmo no es la pauta para evaluar la calidad de la comunicación interpersonal, es una experiencia que acompaña el encuentro pero no debe volverse "un dictador" de la vida sexual de la pareja.


Concentrarse en el otro es, a menudo, la mejor manera de enfocarse y resolver problemas, libres de presiones impuestas por modelos de consumo y abiertos al genuino encuentro con el otro... más allá del placer.


M.N. © Yo Creo


Fuente "Sexo como Dios manda", de Ksawery Knotz, editorial Lumen, 2a edición, 2009.


 

 
 
  • juan
    perdonen por ir hasta este punto ,pero consideren la santidad del cuerpo teniendo en cuenta que el mismo Cristo a querido entrar por nuestra boca en la comunion eucaristica . francamente no comparto eso de sexo oral y despues comulgar el santo cuerpo de Cristo.....lo siento pero eso no lo veo bien.
  • Damian
    Comparto la misma opinion que Juan. Los organos sexuales son lo mas intimo de la persona, y son la expresion mas amorosa de entrega hacia el otro, asi pueda nacer un hijo amado por Dios. Son para la generar VIDA, no para sensaciones egoistas, que pasa ser promiscuidad. Que Dios los bendiga!!
  • Maria
    El cuerpo en sí no es malo, es el templo del espíritu santo. El amor verdadero que se expresa abiertamente no es bueno ni malo, tampoco cómo se lo expresa. Mientras ambos, como dice la nota, compartan ideas y la sexualidad les permita crecer en la intimidad, no hay problema. Cuesta aceptar el cuerpo y sus expresiones evitando hacer valoraciones sobre lo aceptable o no. Lo complicado sería reprimir deseos y expresarlo en otras situaciones fuera de la pareja o a escondidas.

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