Tenía 22 años cuando me embaracé

Acepté mis responsabilidades y la idea de que mi vida cambiaría para siempre y así decidí darle la oportunidad a esta personita de nacer.

 
Tenía 22 años cuando me embaracé

Tenía 22 años cuando me embaracé. El día que me enteré que estaba embarazada estaba en clase, fue cuando llegaron los resultados del análisis de sangre a mi celular.


Al verlos, agarré mis cosas y salí del salón, fui corriendo al auto y empecé a llorar; no podía dejar de pensar en como le iba a decir a mi familia, en lo que iba a ser de mi vida, mi carrera; en cómo me podía haber pasado eso a mi, en cómo pude haber sido tan tonta y cómo me había decepcionado por dejar que pasara.



Empecé a recordar los debates que tenía en prepa con mis amigas sobre el aborto, yo nunca he apoyado el aborto, pero... por un segundo esa opción pasó por mi mente y entonces recordé muy bien las palabras de una amiga que decía “nunca sabrás que harás hasta que te pase”; y pues me pasó.



En ese momento pensé que no podía tener a este bebé, que ya no podría acabar mi carrera, que ya no podría salir tanto con mis amigos, que no iba a poder lograr todas mis metas...



Después de hablarlo con una amiga confirmé la postura que siempre había tenido sobre el aborto y me puse a pensar :



¿Por qué yo tengo el derecho de decidir sobre la vida de una persona? .¿Quién soy yo para decidir quien debe venir a este mundo?. ¿Por qué yo puedo evitar que esa persona viva, que conozca el mundo y que lo disfrute tanto como yo?



Y pues así fue, decidí afrontar las consecuencias de mis actos, acepté mis responsabilidades y la idea de que mi vida cambiaría para siempre y así decidí darle una oportunidad a esta personita de conocer el mundo.



Un año ha pasado desde que la conocí y no puedo dejar de pensar en como mi vida sería si ella no estuviera aquí, y ni un segundo me arrepiento de mi decisión porque aprendí que no tengo por que olvidar mis metas al contrario, ahora tengo una mejor razón para lograrlas.



Sí, ahora todo es más difícil y sí, extraño salir con mis amigos, dormir hasta tarde; pero por nada del mundo cambiaría una sonrisa de mi hija, o que me diga "mamá".



Ser madre soltera es difícil, pero las cosas se disfrutan más cuando te cuesta más trabajo lograrlas.



(Fuente: Catholic.net | Autor: María)



 
 

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