Un año que se va, otro que viene: 525.600 minutos

La rueda del tiempo parece no descansar nunca, girando una y otra vez, abriendo y cerrando ciclos.

 
Un año que se va, otro que viene: 525.600 minutos

Ya casi terminamos este año que se nos ha dado vivir y vamos a comenzar otro. Uno se va y otro viene. La rueda del tiempo parece no descansar nunca, girando una y otra vez, abriendo y cerrando ciclos. El tiempo envejece y rejuvenece. Nace y muere. Se gasta y se transforma. Se recicla y resucita.


Este año -ya se ha puesto viejo y caduco- y cae como una hoja de otoño. Sin embargo, brota un retoño nuevo en el árbol del tiempo y de la vida. Un año nuevo para un tiempo viejo y memorioso. Un año para que -de nuevo- nos hace renovar la esperanza. 


¿Qué nos deparará el año que nace?; ¿qué se lleva de nosotros el año que termina?, ¿cómo termino el año que nos deja?; ¿qué le dejo yo al año que se acaba?; ¿qué cosas acaban con este año?; ¿qué cosas se inician con el año que llega?


Cada año tiene 525.600 minutos. Los vamos transitando uno a uno. En el reloj de arena del tiempo, grano a grano va cayendo.


¿Con qué llenamos cada uno de esos minutos que se nos confían a término?; ¿qué hacemos con esos minutos que se nos entregan para que los administremos lo más sabia y prudentemente posible para el bien?


¿Qué es lo da sentido al tiempo?; ¿cómo se mide el tiempo que vivimos?, ¿por el amor, por el encuentro, por los afectos, por los momentos compartidos o por los recuerdos añorados?


La vida consiste en buscar nuestra forma de amor y de amar. La vida es un ensayo -cada vez más completo y más pleno- de nuestra propia felicidad posible.


Eso es lo que buscamos en cada tiempo que nos es regalado: ¿qué es lo que colma los 525.600 minutos de cada año?


¿Cómo viviré estos 525.600 minutos?; ¿cuántos de ellos estarán destinados a la felicidad, cuántos al amor, cuántos al dolor, cuántos a la alegría y cuántos a la tristeza?; ¿cuántos serán míos o serán de los otros?; ¿en cuántos me encontraré con Dios?, ¿en cuántos me encontraré con vos?


En todos los idiomas, el tiempo le canta al amor, ¿cómo no vivirlo intensamente entonces? Cuando el tiempo se vive en el amor, el tiempo nos rejuvenece también a nosotros. Aceptemos de nuevo un año nuevo, no para que nos haga más viejos a nosotros sino, al contrario, para que nos renueve en el amor.


Bendigamos de antemano los 525.600 minutos que se nos serán dados para que todo se mida desde el amor.


Fuente: Yo Creo – Autor: P. Eduardo Casas


 
 

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