Un nuevo ‘Doctor Muerte’ duda de sus prácticas eutanásicas

“Nunca me acostumbro a ayudar a mis pacientes a morir (...) hay algo que me hace sospechar de todo lo que hago”, asegura el doctor Lawrence Egbert, que ha ayudado a suicidarse a un centenar de personas.

 
Un nuevo ‘Doctor Muerte’ duda de sus prácticas eutanásicas

El pasado 25 de enero la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó una resolución en la que dejaba claro que “la eutanasia debe ser prohibida siempre”. Agrega, además, que “en caso de duda, la decisión siempre debe ser pro-vida y a favor de la prolongación de la vida”.


Mientras tanto, al otro lado del Atlántico y en contraste con la decisión del Consejo de Europa, un médico estadounidense que sigue la estela del ya fallecido Jack Kevorkian, conocido como el ‘Doctor Muerte’, ha heredado su apodo al ayudar a morir mediante el suicidio asistido a un centenar de personas. Y no todas eran enfermos terminales, entre ellas había pacientes con dolores crónicos y jóvenes con depresión.

Su nombre es Lawrence Egbert y tiene 84 años. Sin embargo, a diferencia de su predecesor, que ayudó a suicidarse a 130 personas -falleció el 3 de junio del año pasado- este nuevo ‘Doctor Muerte’ no tiene nada claro que esté haciendo lo correcto.

Egbert aseguraba hace unos días en las páginas del Washington Post: “hay algo que me hace sospechar de todo lo que hago. Podría ser que esté haciendo algo malo. Pienso mucho en ello. Quizá sea parte de una rampa muy resbaladiza que nos acabe convirtiendo en nazis”.

Según reproducía el diario El Mundo, el mismo día en que el Consejo de Europa aprobaba su resolución contra la eutanasia, el nuevo ‘Doctor Muerte’ apostillaba: “nunca me acostumbro a ayudar a mis pacientes a morir”.

Ahora bien, a la vista de los detalles que narra sobre los resultados de su técnica para ‘eutanasiar’ a aquellos que deseen pasar por ese trance, no es de extrañar que tenga serias dudas sobre lo que hace.

Egbert no propone, como Kevorkian, una inyección letal para morir. Todos sus pacientes murieron inhalando helio dentro de una capucha de plástico que este doctor ideó para evitar cualquier tipo de responsabilidad legal.

“El rostro se les pone azul o casi gris”, explica. “Primero se quedan inconscientes y luego sus músculos empiezan a hacer movimientos espasmódicos que a veces deprimen a sus familiares. Piensan que intentan quitarse la capucha pero no es así”, añade.

En cuanto a las dosis, este atípico doctor subraya que “es mejor pasarse que quedarse corto”, y aclara que bastan dos tanques de helio de 50 litros para matar a un hombre.

A pesar de que el médico sostiene que aprobó el 95% de las solicitudes recibidas y que no se arrepiente de ellas, las dudas que plantea no se corresponden con esa afirmación. En cualquier caso, la pregunta que cabe hacerse es: si tanto secuestiona sus prácticas eutanásicas, ¿por qué las sigue realizando?

Fuente Forum Libertas.com
 
 

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