Volver del naufragio

Dos historias, una de ellas muy real, nos pueden ayudar a reaccionar hoy para ir al encuentro de Jesús, a días de la Semana Santa.

 
Volver del naufragio

A principios del mes de febrero, el mundo se conmovió por la noticia sobre el hallazgo de un pescador salvadoreño de 37 años, que había pasado los últimos 13 meses perdido en el mar. Había zarpado desde México en compañía de un amigo, y fue encontrado cerca de las Islas Marshall a 12.500 kilómetros.


Algunas veces la realidad parece confirmar construcciones fantásticas llevadas al cine y este caso parece no ser la excepción. En el año 2000, el actor Tom Hanks protagonizó un film llamado Náufrago, que contaba la historia de un sobreviviente de una catástrofe aérea en una isla desierta del Océano Pacífico.



En ambos casos, tanto el que se corresponde a la vida real, como el de la historia llevada al cine hace casi 15 años, la transición es la misma: hombres que se pierden en el mar, que navegan sin rumbo y que son rescatados al límite de sus fuerzas, desalineados, frágiles, desconocidos…



Algo así puede pasarnos en nuestra vida espiritual.



Todos los que nos hemos lanzado alguna vez al mar, a navegar, creemos firmemente en el regreso, porque suponemos que controlamos la embarcación. Así nos pasa también en la vida. Algunas veces comenzamos a buscar zonas menos seguras, creemos que la felicidad puede estar más allá de la rompiente, que sabremos manejar los límites, los vicios y las tentaciones.



Pero algunas veces, nuestra seguridad puede fallar y nuestra alma queda a la deriva.



¿Por cuánto tiempo? Eso depende de nosotros.



José, el náufrago salvadoreño, rezaba cada día para volver a ver a su familia. Tom Hanks, en la película, se las ingeniaba para enviar mensajes, fabricar herramientas o construir una pequeña embarcación que lo pusiera nuevamente camino a su casa.



En unos días la Cuaresma llegará a su fin y comenzaremos a vivir la Semana Santa en preparación para la Pascua de Resurrección del Señor.



Es posible que todavía estemos viviendo el naufragio de nuestra vida, que puede estar durando más de lo que pensábamos. Puedo parecernos –inclusive- increíble que aún haya una pequeña llama de esperanza en nuestro corazón creyendo posible el regreso a la Casa donde nos espera Jesús. Pero como nos ha dicho el Papa Francisco una y mil veces, “Dios no se cansa de perdonar”.



Por eso, por más tormentas que hayamos pasado, y días y noches de soledad y angustia, este es el momento, este es el ahora, para arrojar ese mensaje en la botella hacia el mar de nuestro propio naufragio y pedirle a Jesús que venga, que nos rescate, que nos ponga en el camino al hogar.



La bengala para que Jesús nos vea está en nuestras manos.



(Fuente: Yo Creo – Autor: OM)



 
 

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación