Ya va llegando la Semana Santa

“¿De qué hablan mientras van de camino”? Reflexión sobre la llegada de la Semana Santa, por el P. Eduardo Casas.

 
Ya va llegando la Semana Santa

Una vez más llega la Semana Santa entre nosotros: Algunos la esperan para disfrutar en familia, otros para descansar y viajar, otros para estar con los afectos queridos, otros para tener un poco de mayor calidad de silencio consigo mismo, otros para “poner algunas cosas en orden” con Dios, otros para acercarse a Jesús y entender un poco más el mensaje de su amor, aún vigente en un mundo y una Argentina que necesita, no sólo pensar en las grandes y complejas problemáticas sociales que nos afectan a todos, sino también en lo que nos pasa a cada uno, como persona, como comunidad, como familia.


La Pascua tiene que ver con el secreto de la vida y de la muerte vistas y experimentadas desde otro lugar humano que no sea el de la frustración y la derrota sino el de la celebración de la existencia abierta a la posibilidad de la fe.


Nosotros también sabemos que la vida y la fe nos son fáciles, que se construyen lenta y laboriosamente, junto a otros, día a día. Es por eso que en estos contextos que vivimos actualmente,  más que nunca, hay que ser artífices de esas esperanzas que nos son necesarias cada día para poder seguir y crecer juntos.


El mensaje de la resurrección que escucharemos en el anuncio de esta Semana Santa no está al final de la historia de Jesús. No es la culminación exitosa y feliz de quien fue un fracaso y un perdedor. Aunque en la liturgia, la resurrección esté al último, es sin embargo, lo primero. Es el inicio, el fundamento y el origen de nuestra fe. El mismo Jesús utilizó esta pedagogía una vez Resucitado. Con los discípulos de Emaús, comenzó por la resurrección (cfr. Lucas 24,13-35) y les preguntó de qué hablan mientras iban de camino.


También en nuestra vida hay poner adelante la esperanza de la resurrección y no nuestras lecturas pesimistas, quejumbrosas y desalentadoras de la realidad. Lo imposible del ser humano se ha hecho posible en Dios gracias a la resurrección.


La existencia humana -cuando se abre a la gracia- debe anteponer la resurrección como una  nueva mirada que nace de la fe. Todo lo que hay de muerte es pasajero.


Lo que está al final de los relatos evangélicos –la resurrección- es precisamente lo que,  en la fe y en la vida, debe  estar siempre al comienzo ya que no sólo se encuentra más allá de la cruz sino que -en ella y por ella- se abre el germen de la resurrección.


No es la cruz la que conduce a la resurrección sino al revés: es la resurrección,  el inicio, el centro y el culmen del Misterio Pascual. Es la vida de la vida misma, su corazón. Así tendría que ser también en nuestra fe y en nuestra vida.


Fuente: Yo Creo – Autor: P. Eduardo Casas


 
 

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