Los Salmos. El libro de la oración de la Biblia

Una introducción

Dietrich Bonhoeffer - Editorial Desclée de Brouwer. Un modo de acercarse a esas oraciones bíblicas que conocemos como "Salmos", por medio de un gran maestro espiritual.

 
Los Salmos. El libro de la oración de la Biblia

Si una comunidad cristiana pierde los Salmos, pierde un tesoro incomparable. Pero si lo recupera, se enriquece con fuerzas insospechadas. ¿Qué ha pasado en tu comunidad?


Dietrich Bonhoeffer, teólogo protestante y mártir, es uno de los más importantes testigos cristianos del siglo XX. Su resistencia frente al régimen nazi, su prisión y su ejecución muestran cuál fue para él “el precio del seguimiento” sobre el que tan impresionantemente escribió. Este libro que presentamos es el último escrito publicado en vida de su autor antes de que se le prohibiera escribir en 1941. Fue concebido como un modo de revitalizar y centrar la oración de la comunidad cristiana de la que Bonhoeffer era pastor en el fragor de la II Guerra Mundial. Además de una preciosa introducción a los salmos es un testimonio de su oración cotidiana y comprometida. Bonhoeffer no dejó nunca, ni siquiera en la cárcel, de orar los salmos como una participación en el ser de Cristo, a quien supo seguir radicalmente. Esta obra nos ayudará a comprender la extraordinaria fuerza de este libro de la Biblia, capaz de alimentar la oración de tantos creyentes, desde María y Jesús de Nazaret hasta nosotros. 

 

“Si queremos leer y orar las oraciones de la Biblia, y especialmente los Salmos, debemos ante todo preguntarnos, no qué interés tienen para nosotros, sino qué relación guardan con Jesucristo. No se trata de saber si los Salmos expresan exactamente lo que en este momento sentimos en nuestro corazón. También puede suceder que necesitemos orar contra las disposiciones de nuestro corazón, justamente para orar con rectitud. Lo importante no es el objeto preciso de nuestra oración, sino aquello por lo que Dios quiere que se la dirijamos. No es la pobreza de nuestro corazón, sino la riqueza de la Palabra de Dios la que debe determinar nuestra plegaria”.

 
 
 

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