"Aprendí a conocer cuál es el trasfondo de la pobreza"

Magalí tiene 23 años y es voluntaria de Surcos Argentinos, una asociación que promueve la siembra de huertas en una villa cordobesa. Afirma que esta experiencia cambió su forma de ver el mundo.

 
"Aprendí a conocer cuál es el trasfondo de la pobreza"

Magalí Salas hace dos años es voluntaria de la Asociación Civil Surcos Argentinos, que ayuda a las familias de escasos recursos de Villa La Tela en Córdoba para que aprendan a producir sus huertas orgánicas. Este asentamiento, donde conviven unas 2.500 familias en condiciones de pobreza extrema, se extiende a lo largo de dos kilómetros sobre la ruta 20 cordobesa. Limita con barrio Residencial San Roque y está separado por una “tela” de alambre de las instalaciones de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea.

Su acercamiento al proyecto surgió a través de un compañero de facultad que estaba en la organización y siempre convocaba a sus compañeros a participar en Surcos. “Siempre quise ayudar en algo, pero no me terminaba de decidir dónde poner mi energía. Arranqué desde cero, sin saber cómo iba a reaccionar la gente ante mi presencia. Y fue una experiencia única”, dice entusiasmada.

La voluntaria confiesa que al principio su mamá, Graciela, tenía temor de que le pasara algo. “Temía por mi seguridad, pero ahora ella y mi papá, Santiago, están orgullosos de mi trabajo”, aclara. La joven reconoce que todas las familias de los voluntarios prestan sus casas para las reuniones de los jueves en la noche donde se reúnen a planificar sus acciones. “Nos bancan y nos aguantan. Y con respecto a mis amigos, hay de todo. Están los que me dicen ‘para qué me voy a meter ahí si después te roban’ y los que me ayudan a diseñar las campañas de comunicación”, reconoce.

Hace dos meses, Magalí egresó de la carrera de licenciatura en comunicación institucional de la Universidad Blas Pascal y, además de trabajar como voluntaria en Surcos, tiene un puesto como empleada administrativa.

La joven recuerda que la primera vez que fue a la villa, Ana Vélez, una de las vecinas, los esperó con pizzas caseras y gaseosas.

“Fue una sorpresa. Y todos los sábados nos esperan con mates y criollitos. Nos abrieron las puertas, no sólo de sus casas sino las de su corazón. Ellos conversan mucho con nosotros sobre sus vidas”, dice agradecida.

La joven voluntaria comenzó colaborando en la detección de las familias interesadas en desarrollar este proyecto y actualmente trabaja en el área de comunicación y es una de las coordinadoras de la organización.

“En la primera etapa de detección nos fijamos si las familias realizan la limpieza del terreno y si delimitan el espacio con cercos para que no pasen los animales, porque tienen perros, patos, gallinas, caballos, cabras y hasta cerdos. Vemos si riegan la tierra y si realmente tienen ganas de trabajar”, explica.

La segunda etapa del proyecto consiste en la siembra propiamente dicha, que se realiza dos veces al año. “Tratamos de que esté toda la familia ese el día. La mayoría son numerosas, con un promedio de cinco hijos cada una. Los más chicos ayudan a poner las semillas y los más grandes de la familia ayudan a los voluntarios a cavar, mover la tierra y limpiar con palas, picos y rastrillos”, señala.

Y la tercera etapa es el seguimiento de las huertas, cuando se fijan si las familias las cuidan. “Nuestro programa no es asistencialista. Tratamos de que las personas se comprometan con este proyecto, que participen activamente y se movilicen sembrando, regando, cortando los yuyos y las malezas”, advierte Magalí.

La joven también reconoce que desde que comenzó el trabajo en la villa cambió su forma “de ver el mundo”: “Aprendí a conocer cuál es el trasfondo de la pobreza y a comprender por qué un chico te limpia el vidrio del auto o te pide una moneda. Es clave que nosotros, los jóvenes, tengamos más conciencia y responsabilidad social porque todos podemos ser agentes de cambio”, afirma convencida.



Surcos Argentinos


Surcos Argentinos es una asociación civil sin fines de lucro que brinda asesoramiento, capacitación y contención a las familias de escasos recursos para que desarrollen sus huertas orgánicas. Son voluntarios que visitan todos los sábados a las familias de Villa La Tela. Surcos recibe semillas del INTA a través del programa “Pro Huerta”.



Fuente: Rosana Guerra. Lavoz.com.

 
 

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