Ampliar la familia por una noche

Reciben a chicos que viven en hogares a pasar las Fiestas puertas adentro de sus casas. Para eso, estos voluntarios ya crearon un vínculo. Enterate cómo lo hacen y sus experiencias.

 
Ampliar la familia por una noche

Aunque a veces resulta más cómodo mirar hacia un costado, cada vez son más las familias que deciden pasar la Nochebuena colaborando de forma presencial en distintos hogares para niños o proyectando con los chicos un vínculo en el tiempo que les permita compartir las Fiestas con ellos en sus propios hogares.


Estos programas funcionan durante todo el año y crean verdaderos lazos afectivos con los niños y adolescentes, motivándolos a desenvolverse luego en diferentes ámbitos de la vida.


Desde la Fundación Juanito y Casa Manu contaron que recibir regalos no es el único objetivo de este gesto solidario. La importancia de que los chicos pasen la Navidad con una familia es principalmente resaltar los valores del amor y fortalecer los lazos afectivos.


Juanito es una organización social que asiste a grupos de hermanos desde recién nacidos hasta los 21 años. Llegan allí por violencia familiar o vulnerabilidad social. No es un espacio de adopción: ésa no es la función del hogar. Antes de que los colaboradores entablen relación con los chicos, la institución indaga las razones por las cuales se acercan. Cuando se establece el vínculo, los voluntarios ya pertenecen también a la fundación.


Rosa Aizen (59) y Alberto Arias (61) son voluntarios en la Fundación Juanito desde 2011. Visitaron otros hogares, pero decidieron comenzar su primera tarea de voluntariado presencial ahí, luego de afrontar un largo proceso de duelo por el fallecimiento de uno de sus hijos.


Todos los segundos lunes de cada mes, la entidad realiza charlas sobre la dinámica del hogar para todos los interesados en colaborar. La idea es crear una red de voluntarios para trabajar junto con el hogar en tareas de apoyo escolar, traslados, danza, teatro, deportes, salidas recreativas y culturales.


“Cuando nos permitieron entablar relación con los chicos, comenzamos haciendo distintas actividades como escuchar música, cantar, leer cuentos, armar distintos juegos, ir al cine o al teatro de títeres. Así fuimos creando un vínculo. Hoy los ayudamos como podemos: los llevamos al médico, al cole o a la plaza”, explica Rosa.


Las familias voluntarias no tienen que poder ayudar siempre. El rol principal lo tiene la institución y ellos están a disposición. También es la entidad la que decide qué chico está en condiciones de salir, cuándo y bajo qué supervisión.


Puede autorizar desde paseos los fines de semana o salidas los días emblemáticos. Además se encarga de pedir antecedentes de los voluntarios para finalmente solicitar autorización a los jueces.


“Ésta es la tercera Navidad y Año Nuevo que abrimos las puertas de nuestra casa. En general, traemos grupos de hermanos. Es muy divertido porque a la hora de dormir tiramos colchones en el piso y leemos cuentos o escuchamos música. El lazo que se crea es mágico. Esos momentos te llenan de vida y alegría. La Navidad pasada vinieron cuatro hermanitos: Juana, Pedro, Martín y Pablo, de 5, 7, 10 y 11 años. ¡Imaginate qué lindas Fiestas que pasamos siendo tantos en la mesa! El último Año Nuevo fue multitudinario y aún más divertido porque nos juntamos con otro matrimonio amigo que había invitado también a un grupo de hermanos más grandes a sus casas. Nos divertimos un montón”, cuentan Rosa y su marido, Alberto.


Más anécdotas


Natalia Fazzari (37) y Ezequiel Montero (39) son voluntarios en Casa Manu, una organización sin fines de lucro que se conformó pensando en aquellos chicos con VIH en estado de abandono. La actividad principal es el hogar, que ofrece una alternativa para los que no tienen un entorno familiar y social que los contengan. Natalia conoce la institución desde la adolescencia y comenzó ayudando a realizar trabajos administrativos cuando estaba embarazada de su segundo hijo, hace ya 8 años.


Durante el año, hay muchas tareas y muy variadas para colaborar. Lo bueno es que cada voluntario decide cómo hacerlo y puede ser en contacto directo con los chicos o no.


En Navidad, el hogar cierra e invita a los chicos a compartir esa semana de Fiestas con algún colaborador padrino. Para poder serlo, la institución debe admitirlo, luego de pasar varias entrevistas con sus especialistas.


“Pasar las Fiestas con estos chicos no se trata de tapar agujeros o de darle al otro lo que no pudo conseguir. El fin tampoco es adoptar. La vorágine de la vida nos hace poner en un lugar egoísta, donde no podemos hacer otra cosa que ocuparnos de los tantos problemas diarios por resolver. En esta actividad, nos encontramos con algo distinto, al compartir un fin de semana con un niño que no espera nada y que, a su vez, todo lo sorprende. Es invitar a desayunar a una persona para brindarle un lugar exclusivo, donde los momentos no se tienen que compartir con veinte chicos más; donde las caricias son individuales y la devolución es inmensurable”, explica Natalia.


Según Alberto, para ellos, pasar la Nochebuena en un ámbito familiar, amoroso y distendido no tiene precio. “Se les nota en la cara lo felices que se ponen y las expectativas que ponen en esto. A nosotros nos llena de amor que nos abracen, hacerles upa y dibujar juntos. Nadie sabe cuánto tiempo estarán en el hogar y mientras tanto es muy lindo poder darles afecto y atención. A cambio, compartimos el amor de ellos. ¡Es maravilloso!”, dice.


Los colaboradores llegan a los hogares por diferentes motivos. A veces, se acercan luego de algún hecho traumático, como Rosa y Alberto, que decidieron transformar el dolor en amor, correrse del egoísmo y hacer algo por el otro. “Yo llego a Juanito y traslado mi energía. El hogar la encauza de la mejor manera para reproducirla en un beneficio para los chicos”, explica.


Las motivaciones


Para otros, es simplemente volver al ritual del arbolito, mantener el secreto de Papá Noel y tener niños en la casa, una vez que los propios crecieron. Así lo viven Natalia y Ezequiel. “El año anterior, mi marido se disfrazó de Papá Noel y nos reímos mucho al ver las expresiones de los chicos. ¡Estaban encantados! También decoramos el arbolito el 8 de diciembre y dejamos cartitas allí. Nos llena el alma a los cuatro integrantes de la familia poder festejar una Navidad con la magia de todos los rituales y ver reflejado en sus ojos toda la ilusión de una gran noche en familia. Sabemos que no somos la suya, pero sí un colchón de mimos durante los días que compartimos juntos”, dice ella.


En ninguna de las dos instituciones dan a conocer detalles de las historias de los chicos (excepto algún dato específico que por algún motivo sume a la formación del vínculo). Es que saber o no su historia no debería modificar el trato hacia ellos. La idea es no exponerlos. No sirve de mucho estereotipar a los chicos. En el fondo, son niños y hay que tratarlo como tales. No hace al vínculo saber qué les pasó en el pasado, hay que dejar de tenerle miedo a lo doloroso que implica la historia de cada uno: se trata nada más ni nada menos que de dar amor.


“Lo más difícil es no encariñarse. Por eso, los chicos van rotando. Tenés que ser consciente de que tanto ellos como cada uno de nosotros estamos de paso y que somos un referente. En el caso de la Navidad, la idea de la institución es simplemente que tengan un festejo compartido en familia. Ellos saben que su casa es Manu y que a la mía vienen a jugar y a pasarlo bien”, apunta Ezequiel.


Para Mónica Basualdo, directora general de Juanito, apartarse de la idea de la carencia o lo asistencial es la primera enseñanza para comprender lo importante que es generar un vínculo activo y participativo con los niños.


Lorena, una de las coordinadoras del programa de aprendizaje en esa institución, sostiene: “Hay que entender que los chicos no son un caso y que lo importante es poder generar y multiplicar redes genuinas de afecto”.


Por eso, estas historias se escriben con colaboradores que en estas noches especiales cuentan cuentos, ayudan a los chicos a escribir cartitas para Papá Noel (y renovar la esperanza) y que sorprenden con algún paquete bajo el árbol que dice su nombre, más miles de detalles que expresan afecto.


“Es que ayudar con dinero o juguetes suma, aunque vale mucho más compartir. No hay nada como jugar y llenarse el alma con la grandeza de un niño”, coinciden los voluntarios.


Datos de Contacto


Fundación Juanito: Amenábar 372, Belgrano; 4554-6603; fundacionjuanito@fibertel.com.ar. www.fundacionjuanito.org.ar 


Casa Manu: Weiman 670, Monte Grande; 42811116; informes@casamanu.org.ar www.casamanu.org.ar


(Fuente: La Nación – Autor: Florencia Gondar @florgondar)


 
 

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