Dios entre los drogadictos

La presencia de Cristo y la transformación de las vidas de varios chicos sumergidos en la droga y la vida de pandillas.

 
Dios entre los drogadictos

Era párroco en Santo Toribio e Mogrovejo, en Bogotá, y me daba cuenta de que las condiciones socieconómicas eran muy precarias, además de la delincuencia y del flagelo de la drogadicción, que afectaba a niños y jóvenes.


Por eso, decidí utilizar tres horas por las noches, tres veces a la semana, luego de celebrar la Eucaristía, para salir y hacer pastoral en las calles. Esto lo hice con frecuencia durante dos años. Logré ganarme la confianza de muchos jóvenes de pandillas que estaban en la drogadicción. Conversaba con ellos, hacíamos actividades deportivas, los escuchaba con afecto y atención.


Un día aparecieron en el barrio panfletos procedentes de los "grupos de limpieza" que amenazaban con asesinar a los pandilleros. Por eso, esa misma noche llegaron a la casa parroquial algunos muchachos, muy asustados, y entre todos deberíamos ver qué haríamos. Alguno de ellos dijo: "Padre, hagamos la misa". Esa fua la voz de Dios. Fue muy emocionante. Allí algunos de ellos sintieron muy hondo la presencia del Dios de la Vida, y después de esto decidieron reorientar sus vidas.


"¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!". No todos optaron por la vida nueva, pero sí algunos. Actualmente están animando, apoyando y ayudando a otros niños y jóvenes a salir de la droga asesina, y enseñarles a amar, defender y respetar la vida propia y la de los demás.


Fue la voz de dios, en la voz de un joven, que se hizo realidad por el milagro de la Eucaristía. Para ese barrio deprimido y para muchas de sus familias hubo una vida nueva, una vida digna. Se encarnó el Evangelio: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia".


Norberto Palomino Anturi 


Extraído de "100 historias en blanco y negro", Buenos Aires (2010), editorial Agape, pág.83.

 
 

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