Dios tiene sentido del humor

La mano del Señor está presente en los hechos que forman parte de la historia de una persona. Una "obra de arte" cuya belleza se aprecia con el tiempo.

 
Dios tiene sentido del humor

Llamó a Pedro, que lo había negado tres veces. Llamó a Tomás, que dudaba de su resurrección. Llamó a Judas, que lo iba a traicionar. Incluso me llamó a mí, el menos apto de todos para ser escogido como pescador de hombres: un viejo (52 años), divorciado y discapacitado, veterano de la guerra de Vietnam. 


Cuando finalmente tuve el valor de contactar al director de vocaciones, él me dijo que no perdiera mi tiempo, porque la norma de la diócesis era no aceptar a nadie mayor de 40 años como candidato al sacerdocio. (...) Le pregunté si esa norma del límite de edad estaba esculpida en piedra o si era algo negociable. Me aseguró que ya estaba muy bien esculpida. Entonces mi párroco me recomendó hablar directamente con el obispo. Yo estaba asustado ¿Qué podría decirle? "Gusto en conocerlo. Por cierto, creo que sus normas de admisión apestan...". 


Hablé con el obispo y tuvimos una maravillosa conversación. Al día siguiente me enteré por medio del director de vocaciones que yo ya no era tan viejo como la vez anterior. Podía ser admitido.


Mientras avanzaba en mi proceso de formación muchas  personas me preguntaban cuáles eran mis motivaciones. Algunos pensaban que yo tenía más "crisis de los 50" que vocación. Les dije que si tuviera la crisis de los 50, iría en un auto deportivo rojo con una rubia, en vez de estarbuscando celibato, obediencia y sencillez de vida.


Cuando fui aceptado, muchos me llamaban "vocación tardía". Nunca estuve de acuerdo con ese concepto, y siempre respondo: "Nada es tardío, en cuanto fui llamado yo vine".


(...) Luego de cuatro años de formación -cuando aún restaban un par de años de estudio- el rector me llamó a su oficina y me avisó que el obispo había decidido ordenarme en mayo. En ese momento se me podía derribar con una pluma ¡Yo nunca había pedido ni esperado ningún atajo!


Antes de mi ordenación, aquel director de vocaciones -el que no había querido aceptarme al principio- me dijo que le había pedido al obispo que me destinara a su parroquia. Era una parroquia peculiar porque tenía dos comunidades en una misma iglesia: una comunidad americana y una comunidad vietnamita. Los vietnamitas tenían su propio sacerdote y tenían la liturgia en su propia lengua. Fui invitado a asistir a sus actos litúrgicos y sus eventos. Incluso yo presidía su misa muchas veces cuando su sacerdote no estaba.


Durante la guerra de Vietnam bombardeé casi todos los días varias zonas del país desde un B-52. Después de todos estos años, Dios me dio la oportunidad de reparar algo del daño. Antes los perseguí, ahora los ayudaba a salvar sus almas. 


Esta experiencia me ayudó a entender a San Pablo y su celo. Se cerró el círculo de mi vida.


Robert V. Reagan


Extraído de "100 historias en blanco y negro", Buenos Aires (2010), editorial Agape, pág. 24-25.

 
 
  • Cristy
    Me encató esta nota. Q lindo es Dios que siempre nos da oportunidad de acercarnos a su amor y misericordia. Saludos desde Guatemala!

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