Ernesto Sábato (primera parte)

Una aproximación a la figura, el pensamiento y la búsqueda espiritual del gran autor fallecido recientemente,

 
Ernesto Sábato (primera parte)

                   "En la soledad de mi cuarto, abatido por la muerte de Jorge, me he preguntado qué Dios parece esconderse detrás del sufrimiento."


En 1998, con casi noventa años de edad, Ernesto Sábato escribe "Antes del fin". Un libro atípico, testamento intelectual y existencial de un novelista y ensayista también atípico, embarcado desde su juventud con la justicia, enamorado de la belleza, obsecionado por la verdad, por el sentido de "los hechos fundamentales de la existencia: el nacimiento, el amor, el dolor y la muerte".


¿Para quién escribe Antes del fin?


- Sobre todo, para adolescentes y jóvenes, pero también para los que, como yo, se acercan a la muerte y se preguntan para qué y por qué hemos vivido y aguantado, soñado, escrito, pintado o, simplemente, esterillado sillas.


Además, este libro "quizá ayude a encontrar un sentido de trascendencia en un mundo plagado de horrores", donde también descubrimos en la belleza de la naturaleza, en la emoción del arte, en la nobleza de tantos gestos humanos "modestísimos mensajes que la Divinidad nos da de su existencia".


Sábato reflexiona al hilo de su biografía, que resume como "una vida llena de equivocaciones, desprolija, caótica, en una desesperada búsqueda de la verdad".


- Hacia los dieciséis años empecé a vincularme con grupos anarquistas y comunistas, porque nunca soporté la injusticia social. En medio de la crisis total de la civilización que se levantó en Occidente por la primacía de la técnica y los bienes materiales, miles de muchachos volvimos los ojos hacia la gran revolución que en Rusia pareció anunciar la libertad del hombre.


Con el tiempo, ese muchacho idealista abandona el marxismo "dada la convicción profunda que tenía sobre ese disparate filosófico", y "todos los diálogos, las experiencias que conocí a través de militantes de otros países, acabaron por agrietar ya en forma irreversible la frágil construcción que en mi mente se vino abajo".


El joven pampeano emprende con éxito una carrera dentro del mundo científico, llega a trabajar en el laboratorio Curie de París. Pero reconoce que allí, "en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido". Y buscó refugio en la escritura.


- Extraviado en un mundo en descomposición, entre restos de ideologías en bancarrota, la escritura ha sido para mí el medio fundamental, el más absoluto y poderoso que me permitió expresar el caos en que me debatía.


El vacío de sentido que siempre ha oprimido a Sábato está relacionado con el más perverso de los efectos del progreso científico y económico: la cosificación del hombre, su deshumanización. Ya denunció ese peligro en 1959 cuando publicó Hombres y engranajes:


- El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, de una abstracta fantasmagoría de la que también forma parte el hombre, pero no ya el hombre concreto e individual, sino el hombre-masa, ese extraño ser con aspecto todavía humano, con ojos y llanto, con voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. Este es el destino contradictorio de aquel semidiós renacentista que reivindicó su individualidad, que orgullosamente se levantó contra Dios, proclamando su voluntad de dominio y transformación de las cosas. Ignoraba que también él llegaría a transformarse en cosa.


Sábato ilustra eficazmente esa lacerante deshumanización en tristes páginas y confirma que Hannah Arendt tenía razón al afirmar, ya en los años cincuenta, que la crueldad del siglo XX sería insuperable.


En la vejez de Sábato, el dolor repite su zarpazo insoportable con la muerte de su hijo y de su mujer.


- Paso junto a la puerta del cuarto donde murió Matilde,luego de una dura y larga enfermedad que la dejó postrada durante años (...) ¡Cuánta congoja! Cómo va quedándose a oscuras esta casa en otros tiempos llena de los gritos de los niños, de los cuentos que Matilde inventaba por la noche para dormir a los nietos. Qué lejos, Dios mío, aquellas tardes en que venían a conversar con ellas sus amigos. En sus años finales, cuando la he visto desolada por la enfermedad, es cuando más profundamente la quise.


El dolor, como hemos visto repetidamente, despierta de manera acuciante la pregunta sobre Dios...


 


Extracto de "10 ateos cambian de autobús", de José R. Ayllón, Madrid, Palabra, 2009, pags. 37-40.

 
 
  • clara goyeneche
    Adoro y admiro a este gran hombre que fue, es, y sera ERNESTO SABATO y me confirma la Maravillosa obra de Dios Padre!!!! Que lindo lugar debes estar ocupando al lado de Jesus querido Ernesto con todo el amor y ejemplo de vida que nos diste!!!!!!!

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