Francis Collins: El lenguaje de Dios

Este científico genetista dirigió las investigaciones sobre el genoma humano hasta su conclusión. "Adorar a Dios en la catedral y en el laboratorio".

 
Francis Collins: El lenguaje de Dios

             La ciencia tiene su campo de acción en la exploración de la naturaleza, pero es incapaz de decirnos por qué existe el Universo, qué significado tiene nuestra vida o qué podemos esperar después de la muerte.


El norteamericano Francis Collins es un médico genetista, director -en su país- del Instituto Nacional para la investigación del Genoma Humano. Entre otros muchso galardones ha sido premio Príncipe de Asturias en 2001, y pertenece a la élite de la ciencia mundial.


En una época que suele esgrimir la ciencia como prueba fehaciente de la no existencia de Dios, Collins se descuelga con el argumento contrario: el tránsito del ateísmo a la fe, guiado por la razón y las conquistas científicas. Lo explica con amenidad en un libro cuyo título original -The language of God- es una bella metáfora del genoma, perdida en el ¿Cómo habla Dios? de la traducción española. Al empezar a leerlo, el autor nos revela su propósito de "explicar cómo un científico especialista en genética llegó a creer en un Dios que está por encima del espacio y del tiempo e interesado en los asuntos de cada persona".


UNA ANCIANA Y C.S. LEWIS


Tras una infancia y una juventud sin formación religiosa, Collins obtiene un doctorado en Fisicoquímica en Yale. Tiene veintidos años, está casado y se ve a sí mismo como un agnóstico que no desea rendir cuentas ante nadie, "con ese patrón de pensamiento y de conducta que C. S. Lewis denominaba ceguera deliberada". Sus ídolos son Einstein, Bohr, Heisenberg y Paul Dirac. Al leer la biografía de Einstein y descubrir que no cree en el Dios de la Biblia, "reforcé mi conclusión de que ningún científico inteligente podía sostener seriamente la posibilidad de la existencia de Dios sin cometer alguna clase de suicidio intelectual. Así que pasé del agnosticismo al ateísmo".


Después estudia Medicina y se asombra de la seguridad y la paz que la fe comunica a muchos de sus pacientes, a pesar de todo sus sufrimiento. Un día, una viejecita que sufría por una severa e incurable angina de pecho, le preguntó qué era lo que él creía. La pregunta era pertinente, pues habían hablado de la vida y de la muerte muchas veces, y ella le había confiado sus convicciones cristianas.


- Sentí que mi cara enrojecía mientras balbucía "no estoy seguro". Su sorpresa ante mi respuesta puso de relieve un problema del que había estado huyendo durante toda mi vida: nunca había considerado seriamente las razones a favor o en contra de la fe. Caer en la cuenta de esto fue una experiencia aterradora. Si mi posición atea no era sólida, ¿tendría que asumir la responsabilidad de algunas acciones sobre las que no quería ser juzgado? ¿Debía dar cuentas a alguien además de a mí mismo? La pregunta era demasiado imperiosa para evitarla.


Collins va entonces a visitar a un ministro metodista, que después de escucharle atentamente toma un pequeño libro de su estantería y le sugiere que lo lea. Se trata de Mero Cristianismo, de C. S. Lewis, el célebre autor de las Crónicas de Narnia.


- Mientras lo leía, me daba cuenta de que mis ideas contra la fe eran pueriles. Lewis parecía conocer todas mis objeciones, a veces antes de que yo terminara de formularlas. Cuando me enteré de que había sido ateo, comprendí por qué sabía tanto de mi camino: también había sido el suyo.


El argumento que más le impresiona es la fuerza que en todos los seres humanos tiene la obligación moral. Una obligación presente tanto en el niño que se queja porque algo "no es justo", como en los debates éticos de la medicina o en la invocación a unos Derechos Humanos que nadie en su sano juicio puede negar. Un deber moral exclusivo del hombre, imposible de explicar con el esquema evolucionita de la selección natural, pues me pide curar al enfermo, intentar la recuperación del que se muere y salvar al hombre que se está ahogando, incluso si es mi enemigo y arriesgo mi propia vida.


Esta ley moral no es específica de ninguna cultura, pues en sus líneas fundamentales es la misma para todas. Por eso tampoco es un producto cultural, como pueden serlo la multitud de lenguas habladas por los hombres. Entonces, si no procede de la cultura ni de la biología, ¿de dónde procede? Veamos la respuesta que Collins encuentra en Lewis:


- Si Dios es externo y diferente al mundo, no le podemos identificar con nada de lo que hay en el mundo, de la misma manera que un arquitecto no puede ser identificado con las paredes o las escaleras de sus edificios. La única forma de mostrarse a nosotros sería dentro de nosotros mismos, como una sugerencia o mandato para obrar de determinada manera. Y eso es exactamente lo que encontramos dentro de nosotros mismos.


Estas palabra de Lewis le resultan plenamente convincentes a Francis Collins: 


- Al encontrar este argumento a los veintiséis años, su lógica me dejó pasmado. Aquí dentro, escondido en mi propio corazón de forma tan familiar como la experiencia diaria, surgía un principio esclarecedor: la ley moral que iluminaba los rincones de mi infantil ateísmo.


  Empecé un viaje de exploración intelectual para confirmar mi ateísmo, que se arruinaba a medida que la ley moral y otras muchas cuestiones me empujaban a admitir la hipótesis de Dios. El agnosticismo -refugio de segunda mano- se me mostraba como una gran evasiva, y creer en Dios me parecía más racional que no creer... (continuará)


Fuente "10 ateos cambian de autobús", José Ramón Ayllón, editorial Palabra, 5ª edición, páginas 29-32.


 


 


 

 
 
 
  • Luis José
    Muchos científicos pasaron por experiencias similares a ésta. Ustedes la manejan con suspenso, me dejaron con ganas.-
  • Abel Ibañez Perez
    DESCRIPCION: Busco el libre de Francis Collins - ¿Cómo habla Dios?. acepto ofertas. Gracias
  • Andrea
    Gloria a Dios, la Palabra de Dios dice: Dice el necio en su corazón:No hay Dios.Se han corrompido, hacen obras abominables;No hay quien haga el bien. Salmos 14:1 Pero buenas noticias a los que creemos: Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Juan 20:29 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1

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