Giorgio Perlasca, la bondad es creativa

Un hombre común en una situación extraordinaria. La decisión de ayudar a muchos a escapar del genocidio nazi. El ingenio al servicio de la vida.

 
Giorgio Perlasca, la bondad es creativa
Giorgio Perlasca nació en Como, Italia, en 1910. Simpatizante de las ideas nacionalistas de Gabriele D’Annunzio, fué como voluntario para pelear del lado nacional en la guerra civil española. Finalizada la guerra regresó a Italia en donde lo sorprendió el comienzo de la Segunda Guerra Mundial y la alianza entre Mussolini y Hitler. Fue en ese momento cuando Perlasca abandonó el fascismo y decide en su intimidad permanecer leal sólo al Rey Victor Manuel III.

El viejo rencor hacia Alemania, país contra el cual Italia había peleado en la primera guerra, y las leyes raciales alemanas de 1935, pusieron un límite a su exacerbado patriotismo. "No era ni fascista ni anti-fascista; era anti-nazi.", contaría mucho después. 

El otoño de 1943 lo sorprende en Budapest como delegado oficial del gobierno italiano con status de diplomático, enviado con la misión de comprar carne para el ejército italiano. 

El 8 de octubre, el general Eisenhower anuncia la rendición incondicinal de Italia a las fuerzas aliadas. Perlasca entonces hace público su juramento al monarca italiano lo que le cuesta la libertad. El gobierno húngaro, amenazado por Alemania, lo toma como prisionero y lo recluye en un castillo reservado para diplomáticos. 

Tras unos meses de carcel aprovechó un pase médico que le permitía viajar dentro de Budapest para escaparse y pedir asilo en la Embajada de España, el país de sus aventuras juveniles. Súbitamente Giorgio paso a llamarse "Jorge", con iguales derechos a los de un ciudadano español.

Al poco tiempo comenzó a colaborar con las acciones de rescate de judíos que ejecutaba Ángel Sanz Briz, el Cónsul al mando de la legación en colaboración estrecha con otras delegaciones diplomáticas como las de Suiza, Suecia, Portugal y el Vaticano. 

Años más tarde, a las preguntas de los periodistas, tratando de averiguar las motivaciones que le llevaron a actuar de aquella manera, Giorgio Perlasca respondió: "Viendo a miles de personas a punto de ser exterminadas por odio racial o religioso, y teniendo la posibilidad de hacer algo por ellos, confié en que el gobierno español no me delataría ya que ellos también eran contrarios a la actuación abominable de los nazis. Así pues, pensé que tenía que ayudar a aquellos ciudadanos judíos."

Cuando Sanz Briz se vió obligado a abandonar Hungría a finales de 1944, por no reconocer al nuevo gobierno pro-nazi de Ferenc Szalasi; las autoridades tuvieron la oportunidad de avanzar sobre las casas de protección españolas. De inmediato, y para evitar lo peor, Perlasca hizo creer al Ministerio del Interior que Sanz Briz lo había nombrado su sucesor. 

Se autonombró Embajador de España y en un papel con membrete oficial redactó su designación como representante del gobierno de Franco. Entregó el documento falso a las autoridades de la Cancillería húngara que lo aceptaron sin reservas. Acto seguido, puso bajo su custodia a miles de refugiados ocultos en las casas españolas y negoció con los sabuesos nazis para bajar de los trenes a la mayor cantidad de condenados a muerte en los campos de exterminio.

"Los familiares de los españoles en Hungría requieren su presencia en España. Hasta que se reanuden las comunicaciones y el viaje sea posible, permanecerán aquí bajo la protección del gobierno de España.", rezaban sus cartas de protección basándose en una ley de 1924 por la cual se otorgaba la ciudadanía española a todos los judíos sefaraditas.

Con el Ejército Rojo en Budapest y la certeza de que alrededor de 5.200 judíos estaban a salvo, Perlasca inició un largo retorno a Italia.

Aún tiene más mérito lo siguiente: "Jorge" guardó en secreto su increíble aventura por más de 30 años, hasta que un grupo de mujeres de una comunidad judía en Hungría comenzó a rastrear al diplomático español que había salvado sus vidas. Gracias a eso y a libros como el del periodista Enrico Deaglio, "La Banalità del bene. Storia di Giorgio Perlasca" (La banalidad del bien, la historia de Giorgio Perlasca) el mundo conoce hoy su historia. Perlasca recibió entonces numerosas e importantes distinciones: 

ISRAEL en 1989 le proclamó Justo, concediéndole el título de Ciudadano de Honor, e invitándole a plantar el Árbol sobre la colina de los justos, en Yad Vashem, Jerusalén. 

ITALIA le otorgó la Medalla de Oro al Valor Civil y el título de Gran Oficial de la República. 

HUNGRIA le concedió la máxima distinción honorífica nacional, La Estrella al Mérito. 

EE.UU acogiéndole como a un héroe, en 1990 le invitó a la colocación de la primera piedra del Museo del Holocausto en Washington. 

ESPAÑA, en cuyo nombre hizo su gesta, también le honró concediéndole la Gran Cruz de Isabel la Católica. 

Innumerables son los reconocimientos de asociaciones, fundaciones privadas, etc., así como las ciudades italianas en que alguna de sus calles o plazas lleva el nombre de Perlasca, el salvador de miles de judíos.

Falleció el 15 de agosto de 1992 en Padova, donde había crecido. 

Fuente www.quequieres.es

 
 
 
  • Daniel Tato
    Hombres como estos hacia falta en el mundo. Hombres que por su actuación en la vida, han mostrado, que el genero humano en su diversidad somos uno solo. Actuaron sin saberlo como Cristianos, no como católicos, quién el Papado guardo silencio y colaboró con el regimen nazi. de hecho en el traje Nazi los soldados llevaban Dios esta con nosotros, y desde los pulpitos la Iglesia vendecia ejercitos y armamento belico

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