La leyenda de Ryan Herljac

“¿Agua? ¿Cómo alguien puede necesitar agua?”, preguntó Ryan Herljac a su maestra a la edad de seis años. Así comenzó la leyenda del niño “que calmó la sed de África”.

 
La leyenda de Ryan Herljac

Motivado desde la inocencia


¿Agua? ¿Cómo alguien puede necesitar agua?”, preguntó Ryan Herljac a su maestra a la edad de seis años. No podía comprender cómo podía ser cierto que mil millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable; que en partes de África, mujeres y niños caminan ocho horas y recorren 15 kilómetros por día cargando 20 litros –una décima parte de lo que usamos en una ducha de cinco minutos–.  ¿Cómo podía ser que hubiera gente que, por no tener acceso al agua potable, enfermaba y moría? Estaba enojado. Pensó en todas las cosas para las cuales se necesita el agua y no pudo imaginarse cómo había personas que tenían que vivir sin ella.


Una de las propuestas, en un proyecto solidario que había armado su maestra, era juntar 70 dólares para donarlos a “Watercan”,  una organización canadiense que trabaja para que las zonas más pobres del planeta tengan acceso al  agua, y contribuir con la instalación de un pozo en algún lugar de África. Ni bien llegó a su casa del colegio, Ryan le pidió a sus padres ese dinero. Ellos, en principio, se negaron: pensaban que era un capricho pasajero. En el momento en que Ryan les dijo llorando: “¡Ustedes no entienden, alguien está muriendo porque no tiene agua potable...  Y ustedes no lo quieren ayudar!”, le propusieron a su hijo que se ganara los 70 dólares haciendo tareas en el hogar. Durante un mes completo, Ryan limpió ventanas, lavó platos, paseó al perro, sacó la basura y otras tareas domésticas. 


Cuando hubo reunido el dinero y se presentó junto con su madre en “Watercan”, le explicaron que 70 dólares no eran suficientes; que para construir un pozo se requerían 2000. Ante la desilusión de Ryan, la directora de “Watercan” le hizo una propuesta: si él conseguía 700 dólares, la organización se haría cargo del resto.  Ryan se dio cuenta de que el problema era más grande lo que él creía: “Tenía sólo seis años y creía que, mágicamente, si juntaba esos 70 dólares, la sed del mundo se acabaría". Pero, quizá fue esa misma inocencia la que hizo que no bajara los brazos. “Si hubiera sabido que no era así, quizá me habría asustado y jamás habría seguido adelante con mi sueño”, diría más adelante. 


Con la ayuda de su familia, Ryan llevó la propuesta al club de Kemptville, el pueblito donde vivía en Canadá. Allí, a la edad de siete años, dio su primer discurso: “Sólo soy un niño que tiene un sueño: llevar agua a aquellos que no la tienen”.  Su familia, vecinos y compañeros de la escuela aportaron al sueño de Ryan y lograron que se construyera un pozo de agua. Ryan escogió que se instalara en la escuela “Angolo Primary School de Otwal”, al norte de Uganda. En esa zona, el 20% de la población infantil moría antes de los 5 años y la única fuente de agua –y también foco de enfermedades– era un pantano ubicado a 5 kilómetros del pueblo.


El niño del pozo


Por iniciativa de su maestra, Ryan había comenzado a escribirse con Jimmy Akana, un niño de la escuela de Uganda que vivía con un tío porque había perdido a sus padres y que debía caminar a medianoche varios kilómetros para conseguir agua antes de ir al colegio. Ryan le prometió que en algún momento iría  a visitarlo. Jimmy y Ryan se hicieron grandes amigos. Incluso, más adelante, Jimmy pasaría a ser un integrante de la familia Herljac.


A los nueve años, Ryan pudo cumplir con su promesa: un vecino le regaló las millas para que viajara a Uganda a conocer el pozo que llevaba su nombre y a todos los niños a los que había ayudado. En julio de 2000 llegó a “Angolo Primary School” en Otwal. Cinco mil chicos lo esperaban aplaudiendo y coreando su  nombre. En 100 kilómetros a la redonda todos sabían quién era: “Ryan, el niño del pozo”.


“Yo no sonreía cada vez que podía tomar una ducha o un vaso de agua, pero cuando vi cómo a esos chicos con sus enormes vientres hinchados por los parásitos se les iluminaba la cara con cada gota que salía de ese pozo, me sentí culpable por no haberme preocupado antes”, diría Ryan.


Desde ese entonces, los niños en Uganda lo esperan cada año, quieren que esté cada 27 de julio para celebrar el verano con ellos. 


Esto fue solo el principio. A partir de ese momento se inició la leyenda de Ryan Herljac, “el niño que calmó la sed de África”.


Una pieza más en el rompecabezas


En 2001, cuando Ryan tenía diez años, con el esfuerzo de la familia Herljac se creó la “Ryan´s Well Foundation”, que este año cumple su décimo aniversario. Las principales metas de la fundación son: tener agua limpia para los países africanos; educar a la gente sobre la importancia del agua potable como un recurso no renovable; y la motivación: “motivar viejos, jóvenes, altos, bajos… Cualquier persona en el mundo puede marcar la diferencia”.  Ésta es, según Ryan, la meta más relevante: “Es importante que la gente aprenda a compartir, aunque sea tan sólo un pedacito de lo poco que tienen. Los niños de la escuela de Angolo, que no tenían nada, decidieron que iban a invertir cinco días fuera del período escolar para ayudar a los ancianos o a la gente que tiene sida. Todos podemos dar algo”.


Actualmente, la Fundación lleva construidos más de 640 pozos y más de 700 letrinas que han permitido que más de 700 mil personas tengan acceso a agua limpia.


De esta manera, la voz de Ryan se hizo famosa en Canadá y, luego, en todo el mundo. Es reconocido como uno de los principales jóvenes líderes del planeta por varios gobiernos y organizaciones, entre ellas, UNICEF.


Hoy con 19 años, sigue trabajando en la Fundación junto con su nuevo hermano, Jimmy Akana, y ya ha viajado por, aproximadamente, dos docenas de países para transmitir su mensaje: “El mundo es como un rompecabezas inmenso y nosotros debemos darnos cuenta de en qué lugar encaja nuestra pieza. Yo me di cuenta de que mi pieza encajaba con el agua pura. Si todos pudiéramos descubrir cuál es nuestro lugar e hiciéramos algo al respecto, aunque sea poco, el mundo sería mejor”.        


 Agustina Seeber, para Yocreo.com

 
 
 
  • tatina
    que descanse en pas es inventor gracias por leer mis palabras con mucho cariño para todos
  • elibett
    DESCRIPCION: Fabuloso...Conmovedor...Un sueño hecho realidad...

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