La solidaridad en la isla de Giglio

La historia del sacerdote que asistió a las víctimas en el templo. Un “santuario” cerca del altar recuerda la noche fatídica.

 
La solidaridad en la isla de Giglio
Guarecida por las coloridas fachadas de las casas del muelle, la parroquia de Giglio Porto ofrece consuelo a las almas del pueblo desde que los primeros rayos despuntan por el horizonte. Una larga escalinata conduce a "un santuario" de sencillas esculturas que guarda las huellas de la fatídica noche en que el Costa Concordia encalló a unos metros de tierra firme.

Una mesa dispuesta cerca del altar exhibe las reliquias del desastre: un chaleco salvavidas, unas cuerdas, un casco, un plástico y pedazos de pan. En las horas que sucedieron a la evacuación de la nave, medio millar de personas buscaron refugio entre las cuatro paredes del templo. "Los náufragos llegaron poco a poco. Primero las familias jóvenes con los niños, luego los adultos y los ancianos y por último la tripulación", cuenta su párroco, Lorenzo Pasquotti, quien recuerda aún a quienes pasaron aquella noche en la iglesia.

"Era un grupo de trabajadores de Costa Cruceros y había entre ellos un muchacho empapado. Se llamaba Ricardo, trabajaba en el casino de la nave y no podía hablar porque venía tiritando", relata el sacerdote de 62 años. Entre risas, Pasquotti –un hombre grueso y bonachón– refiere que buscó algo de ropa en su armario y se la prestó al joven peruano. "A la mañana siguiente llevaba puestas unas bermudas enormes". El párroco echó mano incluso del manto de la Virgen, las túnicas de misa o el traje de los monaguillos.

En las horas dramáticas que siguieron al hundimiento de la embarcación, los habitantes de Giglio abrieron las puertas de sus hogares y entregaron mantas, comida y bebidas calientes a una multitud traumatizada.

"Ha sido una desgracia, pero no debemos olvidar que, aunque hay muertos y desaparecidos, unas 4.200 personas viven", sostiene el religioso.

Y, con las imágenes aún rondando su cabeza, hace un pedido al joven peruano que llegó aquella noche hasta su casa. "Si vuelve para descansar, será bienvenido, pero dudo de que quiera regresar aquí. Si viene, por favor, que sea de vacaciones y no para una emergencia".

 

Fuente: El Comercio (Perú)
 
 

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