Lo posible de lo imposible (IV)

“Esto no es pescar con red sino con anzuelo, es uno a uno", dice una persona que dedica mucho de su amor a rescatar a otros de la adicción a las drogas.

 
Lo posible de lo imposible (IV)

Romina es una explosión de alegría y energía. A sus treinta y pico, se mueve en una especie de baile en el que suma en brazos a su hijo de un año y medio. Esta imagen es la antítesis de esa adolescente que perdió 7 años de su vida en situación de calle en la villa 21-24 de Barracas, consumida por las drogas y sin tener control sobre su vida. Esto la llevó a no poder hacerse cargo de sus primeros 4 hijos, pero, cuando quedó embarazada del quinto, el contar con la contención y la incondicionalidad del Padre Charly y de Patricia Figueroa, ambos del Hogar de Cristo, pudo finalmente salir del pozo y volver a sonreír.

En la Casa de la Bondad, más de 200 voluntarios colaboran para que los pacientes pasen sus últimos días cómodos y en paz.

El Padre Charly es uno de los curas villeros que hacen carne la consigna de "dar hasta que duela" y junto con a la ayuda voluntaria de Figueroa, se ocupan de los casos más complejos en el Hogar de Cristo, el programa de recuperación de la adicción a las drogas de la Parroquia Virgen de Caacupé de Barracas. El fin del proyecto es reinsertar en la sociedad a los jóvenes consumidores de paco y otras drogas, fortaleciendo sus virtudes para lograr un mejor nivel de vida sin consumo, trabajando y estudiando.

La parroquia busca acompañar toda la realidad de la villa y por eso trabaja en la prevención para llegar a los pibes antes que otras propuestas como el paco o la delincuencia. Para eso realizan un trabajo cuerpo a cuerpo, acompañando a cada uno, recibiendo las complejidades que traen sin prejuicios morales.

"La mirada religiosa es diferente a la estadística. No miramos números ni porcentajes sino que nos importa cada persona. Por un lado uno tiene una desazón grande cuando piensa que en el tiempo que nos lleva salvar a uno, son cientos lo que empezaron a consumir. En esa relación perdemos siempre pero sabemos que ganamos en la lucha individual, en el uno a uno", sostiene Charly.

Romina siguió consumiendo durante todo su embarazo y hasta llegó a pensar en vender a su hijo con tal de conseguir más plata para seguir alimentando su vicio. "La empezamos a llevar a la Sardá para hacerle los controles y ella confiaba en que nosotros la queríamos ayudar desde el corazón. Su embarazo tuvo muchas complicaciones y el bebé nació con un kilo nomás. Era uno de esos casos que eran imposibles incluso desde mi propia mirada. Pero gracias al amor, la paciencia y el estar pudimos acompañarla a esta vida y eso es un gran éxito", explica Figueroa, que empezó dándole mate cocido a los chicos que rancheaban en la calle y sostiene que la herramienta básica que usan es el amor. "Es imposible medir el éxito o el fracaso en estos temas, porque hoy capaz que están bien pero mañana vuelven a caer. Esto no es pescar con red sino con anzuelo, es uno a uno", resume.

Romina estuvo acompañada durante el embarazo y el parto. Inmediatamente después se internó durante 4 meses en Viaje de Vuelta y hoy vive en La Casita de San Miguel, un proyecto que incluye varias casas en el barrio en las que conviven personas con realidades vulnerables de manera amigables. Tiene a su hijo de un año y medio, está en pareja y se reencontró con sus hermanos y con sus otros hijos. "Ellos estuvieron todo el tiempo. Si no fuera por Charly y Patri hoy no estaría junto a mi hijo", dice Romina, que hoy va todos los días al hogar y colabora en la Guardería siendo una madre cuidadora.

Cerca de 500 chicos y jóvenes pasaron por el hogar, que en su mayoría siguen acompañando. Muchos participan de algunas actividades o talleres, y también reciben acompañamiento en su reinserción social en tema de educación, trabajo, documentación, salud y subsidios.

"Los chicos saben que pase lo que pase pueden volver y los vamos a recibir. Y se obran milagros que no los hacemos nosotros sino que somos simples intermediarios. El secreto es tratar de no ver el fracaso porque todo lo que se hace con amor deja una marca positiva. También hay que aprender que el éxito no se puede medir en función de nuestras propias expectativas y por eso nosotros elegimos armar con cada chico sus propios proyectos", agrega Figueroa.

Para Charly, el legado del Hogar de Cristo tiene un impacto testimonial porque muestra a una Iglesia trabajando por una situación de exclusión total y fiel al camino de Dios, y por el otro un impacto dentro de la villa porque en todos los barrios hay algún chico que se recuperó gracias a su intervención. "En la reunión de fin de año había 15 chicos que estaban en este camino. Y eso abre la esperanza y refuerza la idea de que se puede salir", concluye.


Fuente: Micaela Urdinez, La Nación.

 
 

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