Mamá Margarita, la primera maestra de Don Bosco

Una mujer sencilla, que no sabía leer ni escribir, fue la primera maestra de Juanito. Miremos su influencia a través de los ojos del mismo Don Bosco.

 
Mamá Margarita, la primera maestra de Don Bosco

 “Su mayor preocupación fue instruir a los hijos en la religión, enseñarles a obedecer y ocuparlos en cosas propias de su edad. Desde muy pequeño, ella misma me enseñó las oraciones; apenas fui capaz de unirme a mis hermanos, me arrodillaba con ellos por la mañana y por la noche y, juntos, recitábamos las oraciones y la tercera parte del rosario”.


“Recuerdo que me preparó para la primera confesión y me acompañó a la iglesia: comenzó por confesarse ella misma, me encomendó al confesor y, después, me ayudó a dar gracias. Siguió asistiéndome hasta que me juzgó capaz de hacer dignamente la confesión yo solo”.


(…)


“A los once años fui admitido a la primera comunión. Me sabía por entero el pequeño catecismo, pero –ordinariamente– nadie era aceptado a la primera comunión hasta los doce años. Además, debido a la distancia de la iglesia, el párroco no me conocía, limitándome casi exclusivamente a la instrucción religiosa de mi buena madre. Pero como no quería que siguiera creciendo sin llevar a cabo este gran acto de nuestra santa religión, ella misma se las ingenió para prepararme como mejor sabía y podía. Me envió al catecismo todos los días de cuaresma; después hice el examen –resultando aprobado– y se fijó el día en que los niños debían cumplir con pascua.


Era imposible evitar la disipación en medio de la multitud. Mi madre procuró acompañarme varios días y, durante la cuaresma, me había llevado tres veces a confesarme.  Juan –me repitió en diversas ocasiones– Dios te va a hacer un gran regalo, procura prepararte bien, confesarte y no omitir nada en la confesión. Confiesa todo, arrepiéntete de todo y promete a Dios ser mejor en adelante. Lo prometí. Si después he sido fiel, Dios lo sabe. En casa, me hacía rezar y leer un libro bueno, dándome los consejos que una madre diligente tiene siempre a punto para sus hijos.


Aquella mañana no me dejó hablar con nadie, me acompañó a la sagrada mesa e hizo conmigo la preparación y acción de gracias, que el arcipreste –llamado Don Sismondi – dirigía con gran celo, alternando con todos en alta voz. No quiso que durante ese día me ocupara de ningún trabajo mate-rial, sino que lo emplease en leer y rezar. Entre otras muchas cosas, mi madre me repitió varias veces estas palabras: «Querido hijo, éste ha sido para ti un gran día. Estoy persuadida de que Dios verdaderamente ha tomado posesión de tu corazón. Prométele que harás cuanto puedas por conservarte bueno hasta el final de tu vida. En lo sucesivo, comulga con frecuencia, pero evita cometer sacrilegios. Comunica siempre todo en la confesión, sé siempre obediente, ve con gusto al catecismo y a los sermones; pero, por el amor de Dios, huye como de la peste de cuantos tienen malas conversaciones».


“Recordé y procuré poner en práctica los avisos de mi piadosa madre. Desde aquel día, creo que mi vida ciertamente mejoró algo, sobre todo, en lo referido a la obediencia y sumisión a los demás, que tanto me costaban al principio, pues siempre quería contraponer mis pueriles deseos a quien me mandaba algo o daba buenos consejos”.


Para reflexionar


¿Qué experiencia tengo de haberme sentido acompañado en mi infancia-adolescencia por papá y mamá, o por alguna persona significativa? Hacer memoria de algunos momentos característicos. Compartirlos en grupitos.


¿Cuáles son las actitudes con las que Don Bosco escritor describe a su madre Margarita como educadora, catequista y formadora?


¿Qué leyes educativas, psicológicas, espirituales aplica Mamá Margarita en su acompañamiento a Juan?


¿Qué grado de influencia da Don Bosco a este tipo de acción por parte de su Madre? ¿Estará él proyectando sobre la imagen de su madre alguna otra intención?


¿Qué me dice esta lección a mi realidad actual de formador y acompañante espiritual de jóvenes?


 


1. En 1826 la Pascua caía el 26 de marzo.


2. Don G. Barberis testificó en el proceso de beatificación (Proc. Dioc., Summ., 62) que había oído de labios de  Mamá Margarita, que fue Juanito quien quiso confesarse tres veces.


3. Probablemente: Giuseppe Sismondo (1771-1826), párroco di Castelnuovo d’Asti desde 1812 hasta la muerte.


 
 

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