Mellizos y 100 años de sacerdocio

Hace alrededor de un año publicamos esta nota de dos hermanos mellizos sacerdotes. Alrededor de las 11 de la mañana del pasado 15 de noviembre, el P. César (a la izquierda en la foto) volvió a la casa del Padre. En su recuerdo volvemos a publicar aquel recuerdo de las bodas de oro sacerdotales.

 
Mellizos y 100 años de sacerdocio

 


La foto que acompaña esta nota la vi, por primera vez, hace quizá cuatro décadas.

Estaba colgada en el comedor diario en la casa de mis abuelos, Valentín y Ángela, y fue tomada cuando mis tíos caminaban algún aniversario de los que hoy son más 50 años de sacerdocio.

Es raro ponerme a escribir esta historia. No puedo desvincularla de mi niñez, ni del amor que mi padre tenía por sus hermanos.

Cada vez que cuento que uno de ellos se llama Raúl César y el otro César Raúl, la gente se me queda mirando como esperando el remate de un chiste corto. Ni se imaginan el asombro en los ojos de quienes escuchan esta historia cuando les confieso que son mellizos. Y además que son mis tíos. Hermanos de mi papá.

Nací con la imagen de dos sacerdotes en mi familia y con el orgullo de ser su pariente.

Son centenares las agendas memoriosas de quienes se han acercado sólo para saber si tenía una relación familiar con ellos:

- “¿…y… qué sos de los curas Molaro?”, me han preguntado hasta el cansancio. Y yo he contestado de acuerdo a mi amistad con Dios en esas horas.

- “Parientes lejanos”; “son mis tíos”; “hermanos de mi papá”… y todo lo que se puedan imaginar, sólo para salir del trance.

Y así fui llevando este parentesco incómodo. Ser sobrino de dos sacerdotes no lo hace a uno muy popular por el barrio de la adolescencia.

Hasta que uno va envejeciendo.

Y entonces toda la historia adquiere otro valor. Aquél que uno no le da, cuando piensa que es inmortal. Cuando cree que los demás están en cosas que no son lo suficientemente importantes.

Un día, una noche, un domingo tarde, cuando ya los niños duermen y tu esposa acomoda los uniformes del colegio de tus hijos para la mañana siguiente, estás frente a la computadora buscando un archivo en youtube y de pronto una parte de tu historia se te pone enfrente.

Alguien “colgó” la historia de estos dos tipos en la red y ahora estoy viéndola. Estoy recorriendo parte de mi propia historia, viendo a mis abuelos más jóvenes, y a mis tíos y a mis primos y a mis padres y hermanas, allí, en esa historia que es también la mía.

Entonces, la vista se me atraganta al reconocer en las sonrisas de esas fotos orgullosas, los genes de mi propia familia, y algunos que ya no están. Y mi mamá, con su cabeza oscura, diferente a las nieves de hoy. Y a mis hermanas, sonriendo sin dolores. Y a mi viejo, con la mano en el bolsillo, en la foto pensada, elegante, amigable, generoso.

Armo un revuelo. Empiezo a enviar emails a la familia primero. Después a otros, un poco más lejanos, mostrándoles esos cincuenta años de sacerdocio de dos tipos comunes.

El problema es que no fueron obispos.

No fueron Papas.

Son dos sacerdotes que se entierran en el confesionario escuchando las historias de la gente común.

Anduvieron en muchos caminos, y se cubrieron del polvo de las orillas de la ciudad.

Recorrieron kilómetros para ver a una familia. A un matrimonio, o a una sola persona que necesitara un sacramento.

Tocaron el timbre en la casa de los que les faltaba el aliento. Abrazaron a miles de moribundos en sus últimos metros camino a la casa del Padre. Perdonaron, con la Gracias de Dios, cosas que –a los que no entendemos- nos resultarían imperdonables. Y así, llevaron almas al Cielo. Secaron lágrimas. Metieron la mano en su propio bolsillo para empujar el ajeno. Despidieron con emoción sobrenatural a su propia sangre.

Pero no salen en la televisión, ni son “mediáticos’. Sus trajes se compran con pocos pesos y sus camisas, son decenarias. Se ven gastados. Y cuando los abrazás, parecen quebrarse.

Su cansancio, no tiene publicidad.

Son dos curas impresionantes. Y son ejemplares.

Son dos santitos, entre nosotros, dando todo lo que les queda por dar.

O.M. © Yo Creo


 

 


 
 
 
  • NOMBRE Carlos
    DESCRIPCION Orlando Muy lindo el artículo sobre tus mellizos y compartimos contigo la alegría repetida con Martín. Gran abrazo para todos El tio
  • P. ALan
    Que alegría ver esta nota¡¡¡¡ y este videito, personalmente conozco al P, Raul, un ejemplo de fidelidad, al poco tiempo de sus 50 años de Sacerdocio yo comenzaba a ser sacerdote por la gracia de Dios. Gracias P. Raul por todo... Quedamos en eso...
  • Gustavo
    Orlando, excelente tu nota y emocionante video. Tus tíos son ejemplo de sacerdotes fieles a Jesucristo. Sembradores de paz y alegría. Gracias por compartir esto con tus amigos. Abrazo fuerte.
  • OSCAR
    Que bueno, excelente, la paz que te dan. Lindo es que amigos nos muestren cosas unan al ESPIRITU SANTO, en momentos tan malos de este mundo. Gracias. Te felicito.-
  • Agostina
    Muy linda nota..me emocionó ya que conocía al Padre César desde muy chica,el fue párroco de la Parroquia a la que pertenezco, San José Obrero, y quien también me dio los sacramentos de confirmación y comunión..Que descanse en paz y Dios lo tenga en la gloria siempre! Era un ejemplo de Jesucristo en esta tierra
  • Luz
    Qué emoción leer tus líneas que son tus latidos plasmados en éste compartir! Soy de Paraná, de las tierra de tus tíos.... ¡Un abrazo en Dios!
  • Horacio
    Que orgullo ser sobrino de estos dos fenómenos que tenes como tíos, no sabes cuánto me hubiese gustado tenerlos a mí. Que Dios te bendiga, e ilumine a Raúl y a Cesar. La gente está sedienta de Dios, pero no muchos saben alcanzar el vaso. Tal vez si tuviésemos mas "Raules y Cesares" el Manantial encontraría su cauce. Fuerte abrazo!

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