No entendía, no creía, no sabía, era drogadicta. Ahora soy monja

La historia de una chica que sufrió las drogas durante 10 años y que gracias a la Comunidad del Cenáculo encontró el amor de Dios.

 
No entendía, no creía, no sabía, era drogadicta. Ahora soy monja

Yo era toxicómana, vivía en la calle, y es fuerte para mí estar aquí adelante para testimoniar que he encontrado la fe a través de la Comunidad del Cenáculo. Muchos de nosotros tienen un pasado pesado, y yo soy una de ellos, he vivido en la droga durante 10 años, perdí la esperanza, la confianza en los otros y en mí misma.


He encontrado la fe en la Comunidad, al inicio era difícil porque no entendía nada. Me tocó mucho el hecho de que cuando entré en la Comunidad las chicas que no me conocían corrieron a mi encuentro, me llamaron por mi nombre, y esto para mí era fuerte, porque fuera ya no valía nada para nadie, porque hoy en el mundo la gente como nosotros es descartada.


En el primer momento cuando me abrazaron, me asusté porque no sabía como comportarme, no estaba acostumbrada. Comenzaron a hablarme de la fe, del rosario, de la adoración, y yo les miraba raro. La primera vez que me enseñaron un rosario me pregunté qué era, después ellas me explicaron que se rezaba el Ave María en cada bolita del rosario, y fue una experiencia muy gozosa.


Cuando entré por primera vez en la capilla, no entendía, y dije a una chica más mayor de la Comunidad que yo no creía, no entendía, no sabía que tenía que hacer, ella me respondió: "No importa, nosotras creemos por ti, como dice la madre Elvira", pero a mí no me importaba, quería hacerlo a mi manera. 


Hoy sé que la fe de estas personas me ha ayudado a permanecer en la Comunidad. Poco a poco comencé a dar gracias a las hermanas que estaban junto a mí y comencé a descubrir la fe, hasta el punto de recibir el bautismo, porque mi familia no es cristiana, y después de 2 años de Comunidad he recibido el don de bautismo; en esos 2 años había sufrido mucho, he llorado muchas veces cuando veía a las otras chicas que iban a tomar la comunión y yo no podía, porque el deseo crecía cada vez más.


Ese día para mí fue muy, muy fuerte, porque no sólo se han lavado mis pecados, sino que me parece que Jesús comenzó a hablarme de mi vocación.



Créanme que no era fácil responder a  la llamada, tenía otros deseos, pero el Señor me ha puesto esto delante. Me he preguntado: "Pero Señor, ¿por qué yo?, las hermanas bailan, cantan y yo no sé cantar, bailar más o menos, me las arreglo, somos 20 en casa, toma a otra chica, no a mí".



Pero me sentía triste dentro de mí porque quería guiar yo mi vida. Cuando fui capaz de decir mi Sí, viví la alegría más grande de mi vida que no puedo explicar, no existen palabras para expresar lo que viví dentro de mí, pero hoy soy feliz porque soy yo.



Me costó aceptar este don que me ha dado el Señor, y pienso en cuántos jóvenes y no tan jóvenes sienten la llamada dentro de ellos, y es difícil decir Sí, quien sabe cuántas personas se despiertan por la mañana y se deben poner esa máscara de la felicidad, pero dentro no están bien. Yo hoy en mi armario tengo dos vestidos, antes tenía muchos vestidos, pero hoy me siento feliz, porque ese vestido es mío.


Ya no tengo miedo de hacerme ver como pobre, necesitada de los otros, y es eso lo que buscaba toda la vida. Doy gracias al Señor que me ha puesto en el camino de la Comunidad, a la madre Elvira, porque ella creía en mí, y en tantos de nosotros, y ella nos enseña que Dios es Amor, Dios es Amor.


Hoy ya no me siento sola, Jesús está cerca de mí y me ama. No es que poniéndome el hábito han desaparecido todas las dificultades, dolores, preocupaciones, hay siempre, pero lo que marca la diferencia es que ya no estoy sola, hay alguien a quien puedo decir todo, cada día, y Él esta cerca de mí en las dificultades.


Entiendo que la fe es el don más grande que he tenido, que tengo, y que tendré en mi vida, porque la fe puede afrontar toda dificultad. Doy gracias a la madre Elvira.



(Fuente: Comunidad del Cenáculo)



 


 
 

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