Siete vidas salvadas, a cambio de la suya

Todavía hoy se dan ejemplos de una humanidad que supera toda justicia, porque está basada en la caridad cristiana única fuerza capaz de lograr héroes que, con amor desinteresado, den su vida por el prójimo.

 
Siete vidas salvadas, a cambio de la suya

Es el caso del misionero Pedro Manuel Salado, español de 43 años, quien murió en Ecuador tras salvar la vida de siete niños que habían sido arrastrados por el mar.


Normalmente los medios de comunicación nos atiborran con noticias trágicas y tremendas: puntualmente hablan de uno que se hace explotar y mata a quince a su alrededor; otro que en un raptus de locura mata a su familia y después se suicida; múltiple choque en la carretera tal con saldo de muertos, heridos graves y coches calcinados. Todos los días las páginas de muchos diarios vierten en nuestras mentes datos y noticias que sólo llenan de tristeza y nos dejan de malhumor.


En Ecuador, el pasado 5 de febrero, ocurrió una muerte trágica, pero en este caso merece la pena contarla y darla a conocer, porque se trata de un acto de heroísmo desinteresado. Pedro Manuel Salado nació en España y nunca imaginó que a sus 43 de edad entregaría su alma al Creador en Ecuador, muy lejos de su patria.


Este misionero formaba parte de la Familia Eclesial Hogar de Nazaret, una institución católica fundada en 1978 y que desarrolla su actividad en una doble vertiente. Por un lado atienden a niños cuya situación familiar es difícil, en hogares, ofreciéndoles un ambiente lo más parecido a una familia (siempre grupos pequeños, de 6 a 8), y por otro lado, se dedican al apostolado familiar, en colaboración con las parroquias. Tienen hogares en España (Granada, Albolote, Málaga, Chiclana, Sevilla, Córdoba, Puente Genil, Valdepeñas, Madrid y Toledo) y en Ecuador (Quinindé), donde además de tres hogares, dirigen una escuela. Su carisma se inspira en la Sagrada Familia de Nazaret y en su espíritu oculto de humildad, trabajo y sencillez.


Pedro Manuel Salado era natural de Chiclana de la Frontera, Cádiz. Consagró su vida a Dios en la Familia Eclesial Hogar de Nazaret, en el año 1990 y hasta 1998 vivió en el Hogar de Nazaret de Córdoba; en este año fue destinado a la misión de Quinindé en Ecuador. Y allí sirvió al Señor, en la Iglesia y en los niños desamparados, dirigiendo un Hogar y la Escuela-Colegio Sagrada Familia de Nazaret, “con una entrega reconocida por aquellos que lo conocíamos y habíamos convivido con él”, afirma una nota enviada a la agencia ZENIT por el Hogar de Nazaret.


El 5 de febrero, la comunidad misionera se había ido con los niños y niñas que tienen acogidos a una playa cercana a la misión. Estando los niños jugando en el agua cerca de la orilla una ola se llevó a siete hacia dentro. El hermano Pedro, a pesar del respeto que solía tener al mar, no dudó en lanzarse al agua diciendo “tengo que salvar a mis niños” y los fue sacando uno por uno. Tras sacar a los dos últimos niños (Selena y Alberto), fallecía en la orilla exhausto.


Al conocer la noticia de la muerte heroica del misionero, el obispo de Esmeraldas afirmaba que “el hermano Pedro murió como vivió” entregado a Dios y a los niños. El lema del Hogar de Nazaret es “Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto” (Jn 12,24). “Pedro Manuel lo ha cumplido con creces durante su vida y en este último acto heroico”, afirma la nota.


Es hermoso cerrar la vida terrena cumpliendo la misión encomendada y del modo más excelso, ofreciendo su vida a cambio de las de siete pequeños a los que salvó de morir ahogados.


(Fuente: Church Forum)


 
 

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