Te fuiste hace 10 años y parece que no te fuiste

El recuerdo de un hijo sobre su papá. El ejemplo de su vida de fe. La esperanza y el optimismo de un tipo que quiso ser santo viviendo en el mundo.

 
Te fuiste hace 10 años y parece que no te fuiste

Todavía tenía nublada la vista. Me había arrancado esos adicionales teatrales que cubren las ropas de calle cuando queremos presenciar la llegada de nuestro hijo y me había lanzado a la vereda del Sanatorio, discando frenéticamente el teléfono de mis padres.


Me atendió él. Con un silbido ahogado por una lágrima atravesada alcancé a decirle:


-       Nació Guido.


Se escuchó un pequeño suspiro del otro lado.


-       Qué feliz me hace. ¿Todo está bien? ¿Ini?


-       Todo está bien papá, le dije. Venía con corbata (los médicos habían descubierto que el cordón umbilical se le había anudado a su pequeño cuello), pero lo resolvieron a tiempo.


-       Te quiero mucho, me dijo él.


-       Te quiero mucho, le dije yo.


Desde ese momento, hasta el domingo 26 de mayo de 2002, pasaron sólo 23 días. Nada hacía predecir un agravamiento de su estado de salud (tenía una enfermedad rara llamada esclerodermia) y el pediatra de mi hijo nos había pedido que esperáramos 30 días antes de viajar 500 kilómetros para que -entre mis padres y Guido- se conocieran.


El teléfono sonó tarde. Sobre la última escama de un domingo gris, mis hermanas me avisaban que habían internado a mi padre. Le alcanzaron el teléfono y le oí decir que no me preocupara, que todo iba a estar bien, que era sólo otra recaída y que iba a volver a recuperarse, como lo había hecho muchas veces antes.


Dormí poco y antes de que el cielo se despertara, llamé a mi mamá.


-       Tu papá está en cuidados intensivos, me dijo mi madre. Yo quisiera que vinieras.


-       Hasta hoy recuerdo esa breve conversación. Fue como el pedido de María en las Bodas de Caná.


-       “Hagan lo que El les diga”, dijo la Virgen en ese momento.


-       “Yo quisiera que estuvieras acá”, me dijo mi mamá.


Colgué el teléfono y supe que mi padre no iba a conocer nunca a mi hijo. Caminé hacia mi cuarto donde dormían mi esposa y mi pequeño y cargué de memoria la ropa para “unos días” en un bolso viajero.


Llegué a Paraná, pocos minutos antes de la una de la tarde. Mientras buscaba un lugar para estacionar, vi a mis hermanas en la puerta del sanatorio, haciéndome señas para que me apurase. “Tiré” el auto donde pude y corrí hacia ellas.


-       “Apurate”, mami está adentro, me dijeron.


Sin darme cuenta comencé a correr y entré en un pasillo. Subí unas escaleras estrechas y me topé con una puerta cerrada. Entré y pasé por delante de enfermeras y médicos que no dijeron nada.


Ahí estaba mi madre, en el borde de la cama, hablando con papá.


Me vio entrar, sonrió, mientras buscaba en su mesa de hospital, un sobre con las fotos de su nuevo nieto que yo le había enviado. Le pasaba las manos por encima y me decía que era hermoso y que iba a ser muy bueno, “por la mirada me doy cuenta”.


Estuvimos sólo cinco minutos. Después terminó el tiempo de las visitas y tuvimos que salir. Mientras caminaba hacia la puerta papá me dijo algo que no entendí. Tuve que volver sobre mis pasos para escucharlo bien.


-       Te pido que obligues a comer a tu mamá y a descansar. Hace dos días que no se va a casa.


-       Quedate tranquilo papi, ahora la llevo a comer.


-       Nos vemos a las 6, me dijo él.


Le di un beso en la frente y la puerta vaivén se cerró detrás de mí.


A los cinco minutos, y mientras con mamá viajábamos a diez minutos de allí, papá tuvo un paro cardiorrespiratorio y entró en coma. Nunca más lo iba a poder ver despierto.


A partir de ese momento, fueron poco los instantes que no estuvimos con él. Rezábamos el Santo Rosario. La Comunión Espiritual. Leíamos el Evangelio. Nos inclinábamos sobre su oído y le recitábamos jaculatorias u oraciones que él rezaba en su vida diaria.


Entregó su alma a Dios, un día como hoy, hace 10 años.


¿Porqué aparece en esta página?


Porque fue un gran tipo. Un amigo leal. Un esposo amoroso. Un padre dispuesto a todo por sus hijos. Un ciudadano honrado. Y un hombre de Dios.


A veces cuesta creer que hubiera podido ser tan digno y tan recto en su vida cotidiana, “en estos tiempos” que muchos usamos de excusas para no ser todo lo digno y lo recto que deberíamos.


Amó a Dios y se gastó toda su vida por su Fe y el amor hacia a su prójimo. Buscó una y mil maneras para acercar las almas a Jesús y a su Madre. Rezó mucho, y también se mortificó mucho ofreciendo sus sufrimientos por todos.


Buscó la santidad en su trabajo cotidiano y nadie que haya acudido a él, se fue con las manos vacías. Fue austero –muy austero- en dar a conocer todo lo que hacía por los demás. Su mano derecha, nunca supo lo que hacía su mano izquierda.


Fue un buen hijo. Un buen esposo. Un buen papá. Y un buen abuelo.


A pesar de estos 10 años, parece como que anda todavía por acá ayudando a los suyos y sonriendo de costado, como lo hacía cuando le preguntaban cómo andaba:


-“… y bien, muy bien, -decía- ¿cómo puede andar un hijo de Dios?”


OM/YC


 


 
 
  • Carlos
    Muy bueno, Gracias por compartir algo tan personal ,abrazo
  • NOEMÍ
    DESCRIPCION Está buenísima Orlando, realmente era así, lo describiste tal cual. Para llorar tu nota............FUERZA PRIMO, ESTÁ FELIZ AYUDÁNDONOS A TODOS como lo hacía siempre y mejor aún..Besos para vos y tu hermosa flia.
  • Liliana
    ........y Buen hermano, buen tío,........buen amigo de Jesús!!! NUNCA TE OLVIDARÉ, GRACIAS!!!!
  • gloria
    Gracias por compartir tan hermoso testimonio, no te conozco, pero mi familia atesora un sentimiento muy similar con respecto a mi Padre. Un abrazo hermano.

COMENTÁ ESTA NOTA

Código de Validación