Un propósito divino

Cuando nuestra oración parece no ser escuchada podemos pensar que Dios no nos presta atención. Los casos de Moisés y Pablo nos ayudan a crecer en confianza.

 
Un propósito divino

En la vida hay circunstancias, en las que Dios da una respuesta contraria a lo que fue pedido. Tenemos dos claros ejemplos de ello en la Biblia:


Moisés, a través del cual Dios efectuó la liberación de su pueblo de la esclavitud de Egipto, suplicó que le permitiera entrar a la tierra prometida, pero Dios le negó el  deseo profundo de su corazón. (Deuteronomio 3: 23-27)


El apóstol Pablo, convertido por la intervención directa del Señor y escogido por Él para evangelizar a las naciones, deseó ardientemente ser liberado de un “aguijón” en su carne, sin duda una enfermedad física, que lo atormentaba sin tregua, pero pese a sus repetidas súplicas, el Señor no lo curó. (2 Corintios 12: 7-10)


¿Debemos pensar que estos dos hombres no agradaban a Dios? Al contrario, el Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla cualquiera con su compañero. Y Pablo tuvo el privilegio de ser arrebatado hasta el tercer cielo, para oír cosas tan increíbles que no pueden expresarse con palabras. Si Dios no les dio lo que pidieron, fue porque tenía en vista algo mejor para ellos.


Los pensamientos de Dios, no son nuestros pensamientos y su sabiduría supera la nuestra. Nadie más que Él sabe lo que es mejor para nosotros. Por eso, cuando nuestras oraciones no sean contestadas, no dudemos ni nos desanimemos; al contrario, confiemos en Aquel que siempre quiere hacernos bien.


"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos." (Isaías 55: 8-9)


Autora: Brisna Bustamante


Fuente: CVC La Voz


 
 

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