Un tipo del mundo, con los ojos en el cielo

Hoy se cumple un año del fallecimiento de Ramón Ponce Gil. Un tipo de quien lamento no haber sido su amigo.

 
Un tipo del mundo, con los ojos en el cielo

(ND) Lo conocí hace muchos años. Tenía una forma de sonreír que parecía que se prendían las luces de la habitación donde uno estaba. Decía las cosas con amabilidad, pero era muy transparente y de una honestidad inconmensurable.


Ramón, además de ser un ejecutivo muy prestigioso en el país, tenía conciencia de aquello de “una mala noche en una mala posada” de Santa Teresa, y miraba la vida también con ojos sobrenaturales. Me cuentan que se preparó “santamente” para afrontar los últimos meses de su vida y que lo hizo con mucha fe y mucha serenidad.


Entre todas las notas que se publicaron sobre él, elegí esta, de mi amigo, Hernán de Goñi –subdirector de El Cronista- que en pocas líneas dice lo que me hubiera gustado decir a mí:



Me despidió con un abrazo cálido, como siempre, y una muestra de su sonrisa generosa. Nada me hizo pensar ese día que era la última vez que lo vería. El almuerzo para el que nos habíamos citado, en compañía de Norma Barbieri, transcurrió sin prisa. Nos permitimos algún postre y repetir café. Internamente, me había reconfortado verlo bien, con buen semblante y animado como siempre. Conocía sus padecimientos, y había tenido oportunidad de comprobar lo duro que había sido para él atravesar los severos tratamientos que el cáncer impone sin preguntar.



El mozo de Marcelo, uno de sus reductos preferidos, no necesitó demasiado tiempo para redondearle un menú a su gusto. Ese día, con la primavera dejándose ver en Puerto Madero, hablamos de un tema que lo preocupaba: cómo se estaba diluyendo la posibilidad de establecer una comunicación franca entre empresas y periodistas.


Ramón Ponce Gil se había transformado, a mediados de 2008, en Director Corporativo de Comunicación e Imagen del Grupo Telefónica. Fue el corolario de una extensa trayectoria en el sector, en el que empezó en el 2000 como gerente de relaciones públicas de Movicom Bellsouth. La fusión con Unifon y la transformación en Movistar lo insertó en el corazón de una compañía que supo recompensar su enorme dedicación y profesionalismo.


Un viaje a España para la inauguración del Distrito C (la sede corporativa del Grupo, una suerte de ciudad con estación de subte incluida), en 2008, me dejó conocer dos facetas de su personalidad. Su esposa Fabiana y varios de sus hijos lo acompañaron a Ezeiza para compartir un desayuno casi al alba, y en esa mesa (en la que me sentó como uno más) me enseñó que no hay excusa que justifique a quienes ponen a su familia detrás de las obligaciones laborales. En Madrid pude palpar que su gran sentido de la comunicación había traspasado las fronteras. Ramón, a secas, sin necesidad de mencionar apellido, no era un argentino más en el mundo Telefónica.


“Traé los cortos y una raqueta”, fue una frase con la que me sorprendió años atrás (a mi y a varios) al compartir una enigmática invitación para un evento en el que su deporte favorito iba a ser la estrella. Si la vergüenza no me hubiera atrapado, hubiera conseguido -como sí hizo él- darme el gusto de participar de una clínica de tenis nada menos que con Guillermo Vilas.


Nuestro último encuentro, como sucede cada vez que hay un periodista en la mesa, dejó pendiente un café. No pienso tacharlo de la agenda. Ramón ya debe estar buscando el mejor cortado celestial.


(Fuente: El Cronista – Autor: Hernán de Goñi)


 
 
  • Adrián Dall'Asta
    Extraordinario recuerdo de un hombre ejemplar, de quién siento el orgullo de haber compartido muchas charlas y aprendizajes. Su recuerdo es una guía para continuar el camino.
  • Ezequiel D. Masoni
    Quien tuvo la oportunidad de conocer al Sr. Ramón Ponce Gil, yo tuve esa fortuna, no puede menos que suscribir a las palabras del Sr. Goñi.

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