Novena a la Inmaculada Concepción (IV)

Continúa la novena preparatoria a la fiesta de la Virgen, el próximo 8 de diciembre.

 
Novena a la Inmaculada Concepción (IV)

Cuarto día: "María, bendita entre las mujeres"

Oración

"Oh Dios, Salvador de los hombres,

que, por medio de la bienaventurada Virgen María,

arca de la nueva alianza,

llevaste la salvación y el gozo a la casa de Isabel,

concédenos ser dóciles a la inspiración del Espíritu

para poder llevar a Cristo a los hermanos

y proclamar tu grandeza con nuestras alabanzas

y la santidad de nuestras costumbres.

Por nuestro Señor Jesucristo".


Amén.



Lectura Bíblica

"En aquellos días, se puso María en camino y con presteza fue a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, exultó el niño en su seno e Isabel se llenó del Espíritu Santo, y clamó con fuerte voz: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque cuando sonó la voz de tu saludo en mis oídos, exultó de gozo el niño en mi seno". (Lucas 1, 39-44)



Reflexión

Poco después de la narración de la anunciación, el evangelista Lucas nos guía tras los pasos de la Virgen de Nazaret hacia “una ciudad de Judá” (Lucas 1, 39). Según los estudiosos esta ciudad debería ser la actual Ain-Karim, situada entre las montañas, no distante de Jerusalén. María llegó allí “con prontitud” para visitar a Isabel su pariente.

El motivo de la visita se halla en el hecho de que, durante la anunciación, Gabriel había nombrado a Isabel, quien a edad avanzada había concebido de su marido Zacarías un hijo por el poder de Dios: “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible a Dios” (Lucas 1, 36-37).

Así pues María, movida por la caridad, se dirige a la casa de su pariente. La exclamación de Isabel ante el saludo de Madre de Dios es como una continuación del saludo del ángel. Pero más significativas son todavía las palabras de Isabel en la pregunta que sigue: “¿de donde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lucas 1, 43). Isabel da testimonio de María: reconoce y proclama que ante ella está la Madre del Señor, la Madre del Mesías. De este testimonio participa también el hijo que Isabel lleva en su seno: “saltó de gozo el niño en su seno” (Lucas 1, 44).



Oración Final

"Oh Dios,

que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María

preparaste a tu Hijo una digna morada,

y en previsión de la muerte de tu Hijo

la preservaste de todo pecado,

concédenos por su intercesión

llegar a ti limpios de todas nuestras culpas.

Por nuestro Señor Jesucristo".


Amén.

 
 

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