Novena a la Inmaculada Concepción (IX)

Finaliza la novena a la Inmaculada Concepción de María, madre de Dios y madre nuestra.

 
Novena a la Inmaculada Concepción (IX)

Noveno día: "María, madre de Dios y madre nuestra"



Oración

"Oh Dios,

Padre de misericordia,

cuyo Hijo, clavado en la cruz,

proclamó como Madre nuestra

a santa María Virgen, Madre suya,

concédenos, por su mediación amorosa,

que tu Iglesia, cada día más fecunda,

se llene de gozo por la santidad de sus hijos,

y atraiga a su seno

a todas las familias de los pueblos.

Por nuestro Señor Jesucristo".


Amén.



Lectura Bíblica


Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada uno. La túnica era sin costura, tejida toda desde arriba. Dijéronse, pues, unos a otros: “No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para ver a quién le toca”, a fin de que se cumpliese la Escritura: “Dividiéronse mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes”. Es lo que hicieron los soldados.

Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “He ahí a tu Madre”. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. (Juan 19, 23-27)



Reflexión

Si el pasaje del Evangelio de Juan sobre el milagro de Caná presenta la maternidad solícita de María al comienzo de la actividad mesiánica de Cristo, este pasaje del mismo Evangelio confirma esta maternidad de María en el momento culminante del Misterio Pascual.


La descripción de Juan es concisa y austera; sin embargo, el significado de este “Testamento de la Cruz” de Cristo es profundo. Jesús pone en evidencia un nuevo vínculo entre Madre e Hijo,  un vínculo que prolonga  hacia los creyentes haciéndolos partícipes de su filiación -no solo con el Padre eterno sino también con María-.


Se puede decir que si la maternidad de María respecto de los hombres ya había sido delineada precedentemente, ahora es precisada y establecida claramente; ella emerge como Madre Nuestra de la definitiva maduración del misterio pascual del Redentor.

Por todo esto, si recibimos al Señor como nuestro Salvador, no podemos dejar de recibir a María como Madre.



Oración Final

"Oh Dios,

que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María

preparaste a tu Hijo una digna morada,

y en previsión de la muerte de tu Hijo

la preservaste de todo pecado,

concédenos por su intercesión

llegar a ti limpios de todas nuestras culpas.

Por nuestro Señor Jesucristo".


Amén.

 
 

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