San Cirilo, Arzobispo de Alejandría

 

San Cirilo fue un hombre de carácter fuerte e impulsivo, tal vez a veces demasiado vehemente. Sin embargo, se puso al servicio de Dios y, hacia el 412, fue elevado a la sede de Alejandría, donde gracias a su intrepidez y labor triunfó sobre la herejía que se propagaba, logrando sostener la fe de su Iglesia. Asistió, como cabeza y representante del papa Celestino, al Tercer Concilio General celebrado en Éfeso en el año 431. 


Se ha llamado a San Cirilo “Doctor de la Encarnación” y los alejandrinos le dieron el título de “Maestro del Mundo”, mientras que el papa Celestino lo reconoció como "generoso defensor de la fe católica" y "hombre apostólico". 

Sin duda, tenemos que agradecerle la firme e inflexible posición que tomó con respecto al dogma de la Encarnación, sobre la cual muchas corrientes adversas, como la del Arzobispo de Antioquía, Nestorio, quien negaba la realidad de la encarnación de Dios en el hombre. La firme defensa del santo sobre este dogma permitió que en nuestras generaciones no tengamos duda alguna sobre lo que debemos creer con respecto al misterio sobre el cual fundamos nuestra fe como cristianos: Jesús es Dios que se hace hombre para redimir todo lo humano –alma, cuerpo, historia, etc.– y elevarlo hasta Él. 

Murió en el año 444, y fue proclamado oficialmente Doctor de la Iglesia Universal en 1882.


 


 
 

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