San Marcelo, el centurión, mártir (-298)

 

En la ciudad de Tingis (hoy Tánger), en la época del gobernador Fortunato, finales del siglo III, cuando todo el mundo celebraba el cumpleaños del Emperador, uno de los centuriones, llamado Marcelo, que consideraba los banquetes como una práctica pagana, se despojó del cinturón militar ante los estandartes de su legión y dio testimonio en voz alta, diciendo: “Yo sirvo al Rey Eterno, Jesucristo, y no seguiré al servicio del Emperador. Desprecio a los dioses de madera y de piedra, que no son más que ídolos sordos y mudos”. Inmediatamente fue detenido y el gobernador lo condenó a morir por la espada, lo que ocurrió el año 298.


 
 

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