San Teófilo, Obispo de Nicomedia

 

Fue discípulo de San Tarasio, quien al darse cuenta de la vocación y los dones del muchacho para la vida religiosa, decidió confiárselo a otros de sus discípulos, San Miguel el Confesor, quien se hallaba fundando un monasterio junto al Bósforo. Años más tarde, y luego de soportar ambos las más duras y difíciles pruebas, San Tarasio les confirió la dignidad episcopal: Teófilo fue obispo de Nicomedia y Miguel de Sínada. 

Cuando el León V emprendió de nuevo su batalla contra las imágenes, tratando erróneamente de erradicarlas de las iglesias, San Nicéforo, sucesor de San Tarasio en la sede de Constantinopla, convocó a un concilio para mantener íntegra la doctrina católica, que valora lo corporal, lo visual y lo simbólico como camino humano hacia Dios. San Teófilo y otros teólogos de gran saber defendieron con elocuencia el punto de vista de la Iglesia, pero el emperador, enfurecido, mandó a encarcelar al santo en una oscura y terrible celda, donde falleció muchos años después. 

San Teófilo tuvo un corazón grande y generoso y un gran amor por la verdad de Dios; su incansable servicio y entrega lo hicieron un guía y protector para todos los cristianos.




 

 
 

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