|
Qué es
rezar el Rosario
Rezar el Rosario no es otra cosa, más que encontrar un camino para estar con Jesús y María. Meditando los misterios de Sus vidas, estaremos con Ellos: ya sea que se trate del gozo de la Natividad; la solemnidad de la presentación en el templo; o bien, de la agonía y el sudor mezclado con sangre, derramado en el huerto; del dolor de las heridas infringidas por el flagelo, la corona de espinas, el peso de la cruz y la crucifixión. Si en estos misterios nos unimos a Jesús y María a través de la oración, habremos asegurado con Ellos el gozo de la victoria sobre el pecado y la muerte; habremos logrado con Ellos el triunfo del Espíritu Santo en nosotros y la victoria final en el Cielo.
Por tanto, rezar el Rosario no significa
ocultarse en algún lejano rincón, viviendo apartados del mundo.
Significa más bien, prepararnos para aceptar cargar la cruz: la nuestra y
la de los demás, de la misma manera que Jesús y María cargaron la suya.
Al mismo tiempo, estar con Jesús y María
significa, enfrentar problemas y dificultades y sin embargo, no amargarse
por eso. Estar con Ellos significa, experimentar desprecios y
humillaciones y sin embargo, nunca albergar el deseo de venganza. Estar
con ellos significa avanzar por el camino del hombre que cree en el Dios
que nos salva y que todo lo renueva.
Toda oración puede rezarse de prisa, de
tal suerte que aún cuando hayamos orado mucho, al final no habremos
tenido un encuentro personal con Jesús y María. Si oramos así estaremos
perdiendo el tiempo y no llegaremos jamás a gustar de la oración. Orar
es como encontrarse con un amigo. Si nunca tenemos tiempo para él; si el
tiempo que le dedicamos es demasiado corto; si le hablamos de mal modo,
habremos condenado a esta relación a morir.
Es importante entonces, dedicar tiempo
suficiente al rezo del Rosario y a toda oración.
En este opúsculo se presenta el rezo del
Rosario -misterios gozosos, dolorosos y gloriosos- con meditaciones bíblicas
y oraciones particulares. También se hacen algunas sugerencias para el
rezo del Rosario de la Paz y el Rosario de Jesús.
El Santo Rosario
Misterios Gozosos: Jesús
entra en mi vida
Por la señal de la Santa
Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.
En nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Oración introductoria:
Mi Dios y Señor, deseo fervientemente dedicarte estos momentos de mi
tiempo. Apacigua mi corazón. Ayúdame a abandonarme totalmente a Tí. No
permitas que sean vacías mis palabras. Deja que cada una de ellas que
pronuncie sea un paso que me acerque más a Ti. Ilumina mi mete y abre mi
corazón, para que Tu Palabra crezca en mi interior, como semilla de fe,
esperanza y amor. Que crezca en mí, como lo hizo en el seno inmaculado de
la Virgen María, una vez que Ella -llena de humildad- aceptó ser la
escalava del Señor. Ayúdame a mí también a entregarme a Ti y a ser tu
esclavo fiel. Creo en Ti, Padre, en tu Hijo y en tu Espíritu Santo. Amén.
(Decir primeramente el
Credo y leer o escuchar las palabras bíblicas del profeta Isaías):
"Dijo Isaías: "Oíd pues, casa
de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres que cansáis también a mi
Dios? Pues bien, el Señor mismo va a darnos una señal. He aquí que una
virgen estará encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre
Emmanuel"..." (Is. 7, 13-15)
(Ahora sigue un pasaje del Evangelio
según San Lucas):
Primer misterio gozoso:
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de
Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José,
de la casa de David; el nombre de la Virgen era María. Y entrando, le
dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría que significaría aquel
saludo. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado
gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un
hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado
Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá
fin". María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto
que no conozco varón?" El ángel le respondió: "El Espíritu
Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra;
por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira,
también Isabel, tu parienta, ha concebido un hijo en su vejez y este es
ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es
imposible para Dios." Dijo María: "He aquí la esclava del Señor;
hágase en mi según tu palabra". Y el ángel, dejándola, se
fue". (Lc. 1, 26-38)
María, Tú consentiste de inmediato en
ser la esclava del Señor, habiéndote sentido turbada en principio, pero
impulsada después a aceptar la invitación celestial. María, Tú eres la
virgen de la que habla el profeta Isaías. Conocías tan bien a Dios,
caminabas desde siempre ante Su presencia. Le entregaste Tu vida, porque
estabas en espera del Mesías prometido. No podías creer que fueras tú
la virgen sobre la cual descendería el Espíritu Santo para engendrar en
su seno al Emmanuel, a "Dios con nosotros" y esto fue la causa
de tu turbación primera. Al mismo tiempo Tu temor no fue el de los
hombres egoístas y orgullosos, sino aquel de los pobres de Dios, que
humildemente desean hacer siempre la voluntad del Señor, sin alardes ni
presunción alguna.
María, no es de sorprenderse que te
sintieras regocijada también, en Tu seno había fecundado la aurora que
pondría fin a las tinieblas de la condenación, dando principio al tan
esperado Día de la Salvación. Pudiera ser, que fueran otros tus planes,
cuando Dios irrumpió en Tu vida con Su plan maravilloso. Y sin embargo, Tú,
la más humilde de Sus esclavas, le abriste de inmediato la puerta de tu
corazón. Tu ejemplo María, me impulsa a volverme yo también a Dios y
decirle: "Oh Señor, ¡Ven a mí! Mi alma te espera generosa y mi
corazón está dispuesto a darte la bienvenida. Entra en mis planes y en
mis sueños. Entra en mi vida y seré siempre Tu esclavo. Yo sé que no
soy digno de que mores en mí, pero estoy cierto también de que Tú amas
a los pecadores y siempre andas en busca de ellos. Por eso, oh Señor,
entra en mi oscuridad, en mis problemas, en mis penas.
Entra en aquellas areas donde mi pecado
Te ha expulsado. Entra asimismo en todas partes de mi vida, donde he
preferido hacer lo que he querido, en lugar de Tu divina voluntad. Entra
ya, hazlo ahora mientras oro y medito ante la Cruz de Tu Hijo y ante la
imagen de su Madre, que lo concibió por obra del Espíritu Santo."
(Reza ahora un Padrenuestro, 10 Ave Marías
y un Gloria, meditando cada una de las palabras que pronuncias. Al final
de cada misterio, dirás la siguiente jaculatoria: "Oh Jesús mío,
perdona nuestros pecados y líbranos del fuego del infierno; lleva al
Cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de
Tu misericordia. Amén.")
Segundo misterio gozoso:
María, Tú acudiste presuroso a visitar a Tu prima Isabel. Quería
asistirla y acompañarla mientras se venía el tiempo de que diera a luz a
su hijo. Es voluntad de Dios, que llevemos a Jesús a la vida de otras
personas, una vez que Él ha entrado en nuestra vida. Que lo llevemos a
los demás, cuando estén alegres o tristes; en medio de sus oscuridades y
amarguras. María, ayúdame por tanto a que crezca en mí el amor por
todos aquellos que padecen. Que la fuerza de este amor sea tan grande, que
me haga capaz de reconocer a Jesús en cada uno de mis hermanos y hermanas
que sufren.
(Continúa con el rezo del Padrenuestro,
10 Aves Marías, un Gloria y la jaculatoira "Oh Jesús mío,...")
Tercer misterio gozoso:
Oh María, Tú das a luz al Verbo y Te conviertes también en la Madre de
la Salvación. Tú que consentiste en ser la esclava, eres ahora la Madre.
El Señor enaltece a los humildes y es por eso que has sido elegida para
ser la Madre de Dios. Tú diste a luz a Aquél, a quien los profetas habían
anunciado y a quien los justos habían esperado. María, tal y como se lo
pedí, Dios ya ha entrado en mi vida. Le he dicho también: "he aquí
Tu siervo". Pero los frutos de mi servicio no me han convertido en un
hermano o hermana, padre o madre para los demás. Oh, Madre de mi Señor,
haz que Él aparte de mí toda atadura que me impida dar verdadero
testimonio de Su presencia en mi vida. Hazlo ahora, mientras me postro en
Su adoración.
(Padrenuestro, 10 Aves Marías, Gloria y
"Oh Jesús mío,...")
Cuarto misterio gozoso:
Ha llegado la hora, María, de la presentación de Tu Primogénito ante el
Padre Celestial, para que venga al fin la salvación a toda la humanidad.
Seguramente que en esos momentos dijiste: "Oh Dios, aquí está mi
hijo. Él es el fruto de mi vientre, pero Te pertenece primero a Ti como
yo deseo pertenecerte, con todo mi corazón". Madre, yo también
estoy junto a Ti, en el templo y ante el Señor. Te ruego que me presentes
a Él como hiciste con Jesús. Él me lo ha dado todo y todo le entrego.
No deseo guardar nada para mí, ni ante Dios ni ante los hombres.
(Padrenuestro, 10 Aves Marías, Gloria y
"Oh Jesús mío,...")
Quinto misterio gozoso:
Te observo María criar a Tu Hijo con toda responsabilidad. Lo habías
llevado al templo para la fiesta de la Pascua. El gozo de este
acontecimiento se convirtió en gran dolor para Ti. Por tres días, no
supiste donde se encontraba Jesús y estabas afligida. Pero Tu pena no Te
impidió hacer la voluntad del Padre. Fuiste en busca de tu Hijo y ese afán
Tuyo fue recompensado con un nuevo gozo. María, al meditar estos
misterios, descubro como fue que Dios -después de haber entrado en Tu
vida- Te fue preparando para cada gran sacrificio, concediéndote siempre
gracias mayores después. Alentado por otros arcanos sucesos, de cara a
cualquier prueba o temor, digo nuevamente: "Aquí estoy, oh Señor,
entra en mi vida. Deseo, como María, hacer siempre Tu voluntad, aún en
los tiempos difíciles. Deseo que todas mis cruces y dificultades
engendren nuevos encuentros Contigo".
(Padrenuestro, 10 Aves Marías, Gloria y
"Oh Jesús mío,...")
Oración conclusiva:
Gracias Señor, por haberme permitido meditar Tu llegada a la vida de la
Santísima Virgen María. Gracias también, por haberla preparado a
recibirte. Ciertamente hiciste obras grandes por Ella. Ahora sé, que
tampoco a mí me abandonarás, porque Tú ya has entrado en mi vida. Condúceme
y dame la gracia de dejarme guiar por Ti. Amén.
Misterios Dolorosos:
Jesús me acompaña a través del sufrimiento
Padre, hágase Tu
voluntad.
Por la señal de la Santa
Cruz...
Oración introductoria:
Jesús mío, Tu venida a este mundo fue maravillosa, porque aceptaste
padecer como un hombre cualquiera. No te faltaron tribulaciones y sin
embargo, siempre estuviste dispuesto a aliviar los sufrimientos de los demás,
a acabar con sus aflicciones, a sanarlos, a consolarlos. No obstante,
ahora ha llagado Tu hora, se aproxima Tu calvario. Tu muerte, inevitable,
se acerca. Ante estos acontecimientos Jesús, no quisiera dejarme vencer
por el sueño, sino velar Contigo. Quisiera, oh Señor, que mi oración
trajera consuelo a aquellos de mis hermanos y hermanas que sufren en estos
momentos. Quisiera proporcionarte, a Ti en ellos, gozo y fortaleza. Envía
Tu Espíritu sobre mí, para que pueda aprender a orar y logre así
acercarme más a Ti. Amén.
Primer misterio doloroso:
Jesús, en el Huerto de Getsemaní, experimentaste dolor y angustia.
Rogaste a Tu Padre que apartara de Ti el amargo cáliz, pero añadiste
inmediatamente, "Padre, hágase Tu voluntad y no la mía". Tú
que habías aliviado el sufrimiento de tantos, Te encontrabas ahora solo
en medio de Tu sufrimiento. Nadie estaba Contigo para ayudarte. Lo hubiera
podido hacer el Padre, pero Tú aceptaste beber ese cáliz hasta la última
gota. Cuán amarga debe haber sido Tu agonía. Empezaste a sudar sangre.
Yo creo en ése, Tu sudor sangriento, estaban presentes los sufrimientos y
agonías de toda la humanidad. Jesús mío, gracias por cada gota de
sangre que brotó con Tu sudor. Yo sé, que desde ese momento toda la agonía
de la humanidad se convirtió en una agonía redentora para el que la
sufre y también para los demás. Te ruego que vuelvas Tu mirada
misericordiosa sobre todos aquellos que en estos momentos buscan hacer la
voluntad del Padre pero no tienen la fortaleza necesaria para cumplirla.
Padre, en nombre de Jesús Te pido, que la agonía que les causa esta
lucha interior, se convierta para esos hijos Tuyos en una fuente de
redención, a través de la aceptación de Tu voluntad.
(Permanece en silencio,
orando por aquellos que sufren)
Jesús mío, abre mi corazón
en estos momentos en que me dispongo a leer los hechos que narra San
Lucas, con relación a Tu agonía: Y se apartó de ellos como un tiro de
piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: "Padre, si quieres
aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya".
Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y
sumido en su agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como
gotas espesas de sangre que caían en tierra.
Levantándose de la oración,
vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les
dijo: "¿Cómo es que estábais dormidos? Levantáos y orad para que
no caigás en tentación". (Lc 22, 39 - 45)
(Padrenuestro, 10 Ave marías,
Gloria y "Oh Jesús Mío...")
Segundo misterio doloroso:
Jesús mío, una vez aprehendido fuiste torturado en el pretorio de
Pilatos. Sé en qué consistía este suplicio: primero ataban al condenado
a una columna. Su cuerpo era entonces azotado con un flagelo, sin piedad
alguna por parte de los verdugos, Oh Jesús, al pensar que Tú viviste
esta tortura, me quedo sin aliento y mi corazón se congela... Y no
obstante, Tú, lleno de misericordia, perdonaste a Tus verdugos cada uno
de los azotes con los que hirieron Tu cuerpo. Es por eso Señor, que por
Tu flagelación yo Te pido que liberes a todos aquellos que se niegan a
hacer la voluntad del Padre, destruyéndose a sí mismos, porque no se
deciden a desterrar de sus corazones el azote del odio y del rencor que
los flagela. Gracias por la enseñanza de amor y perdón que nos diste,
cuando fuiste azotado sin compasión.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús Mío...)
Tercer misterio doloroso:
Oh Señor, después de Tu flagelación, ciñeron Tu frente con una corona
de espinas. Sobre Tu cuerpo sangrante colocaron un sucio manto color púrpura.
Los que se encontraban a Tu alrededor, se divirtieron a costa Tuya. No
estaba ya Contigo ninguno de Tus amigos, porque habían huido lejos de Ti.
Cuando el odio comienza a fraguar planes perversos difícilmente se
detiene. No fue suficiente para Tus ejecutores haberte azotado
sanguinariamente sino que ahora además tenían que ridiculizarte también.
Pero nuevamente su odio y rencor no lograron aniquilarte. No perdiste la
calma en medio de Tus sufrimientos. Los que se burlaban de Ti vieron en Tu
actitud que sentías una gran compasión por ellos y que los perdonabas, aún
a aquellos que ejercieron sobre Ti toda su crueldad. Es más, descubrieron
que los amabas y que no los condenabas. Pero pudo más su perversidad. Así
sucede también con ese hombre, familia o comunidad que se deja
influenciar por el Maligno: nunca podrá detenerse en su acción
destructora. Oh Jesús, mira a todos los que son injuriados, humillados,
despreciados, rechazados. Redímelos a todos con Tu corona de espinas, no
dejes que sus almas sucumban bajo el escarnio de sus opresores y verdugos.
Purifica sus corazones de todo odio y rencor. No permitas que intenten
vengarse respondiendo al mal con el mal. ¡Jesús, en Tu Nombre, haz que
abunde el perdón!
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
Cuarto misterio doloroso:
Jesús, Tú cargaste Tu cruz hasta el Calvario. Sólo sé que el camino
que Te llevó a la crucifixión estuvo lleno de horror. No obstante, en
ese mar de sufrimiento y dolor, cayeron tres gotas de rocío que fueron un
bálsamo para Ti: el encuentro con Tu Madre, el paño de la Verónica y la
breve ayuda que Simón el Cirineo Te prestó, al cargar Tu cruz.
Seguramente que apreciaste estas gotas de aliento en todo lo que valían,
retribuyéndolas con dones iguales a los que a Ti proporcionaron:
fortaleza y consuelo. Pero al mismo tiempo Te debes haber preguntado:
"¿Dónde están todos aquellos a quienes traté con
generosidad?". Yo sé, que inmediatamente los habrás disculpado,
ofreciendo también por ellos Tu cruz. Ayúdame Señor, a entender esta
lección Tuya: a ser sensible al dolor y a la debilidad de otras personas
y a saber cómo consolarlas aún en los peores momentos... Que nunca me
sea penoso aliviar las cargas de los demás. Te pido especialmente que nos
ayudes a todos, a no hacernos más pesadas nuestras cruces y sufrimientos,
agobiándonos unos a otros. Y es que yo sé, que es la voluntad del Padre
que todos estemos alegres y amándonos siempre, aún en los momentos más
difíciles.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mio...")
Quinto misterio doloroso:
Después de haber aceptado beber hasta el final el cáliz que El mismo te
había ofrecido, encomendaste Tu espíritu en manos del Padre y moriste en
la Cruz. Siento en este momento que debo meditar en silencio ante Ti todos
los hechos ocurridos en el Calvario...
No hay nada más que decir,
sólo que lamentar. ¡Oh, será posible que pueda llegar tan lejos la
iniquidad del hombre! ¡Es que es tan grande el amor que Dios nos tiene,
que no impidió el sufrimiento de Su Unigénito, sino que permitió que
muriera en la Cruz para salvarnos! ¡Es que es tan grande Su amor
misericordioso por nosotros, que en Su Hijo inmediatamente nos perdonó a
todos! Jesús mío, gracias por haber padecido todo esto por nosotros. Enséñanos
a amar y a perdonar. Fortalece a aquellos que por la falta de amor a sí
mismos, no son capaces de perdonar, destruyéndose y destruyendo a los demás
con el odio y rencor. Ayúdanos a todos a aceptar la voluntad del Padre
como Tú lo hiciste. Es éste el único camino hacia la salvación. Te
pedimos también por todos los moribundos, dales la fortaleza que
necesitan para encomendar con tranquilidad su espíritu en manos del
Padre. ¡Oh Señor Jesús, llévalos a Tu paz!
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
¡Más Tú eres el Santo,
que moras en las laudes de Israel! En Ti esperaron nuestros padres,
Esperaron, y nunca quedaron confundidos.
Oración conclusiva:
(decirla despacio y en voz alta)
Oh cabeza sagrada
coronada de punzantes espinas
Oh sangrante cabeza tan
herida, vilipendiada y envilecida.
Nuestros pecados han borrado la gloria, de esa la más santa Faz
y a pesar de ello los ángeles la adoran estremeciéndose sólo por
mirarla.
El Señor de todas las naciones en el madero ha sido colgado,
fue Su muerte nuestra salvación fueron nuestros pecados Su agonía.
Oh Jesús, por Tu pasión dolorosa, haz crecer en nosotros la vida, pues
con Tu muerte nuestra salvación fueron nuestros pecados Su agonía
Oh Jesús, por Tu pasión dolorosa, haz de crecer en nosotros la vida,
pues con Tu muerte has ganado el perdón y la paz para todos.
Misterios Gloriosos: El
Señor me llama hacia una nueva vida
Por la señal de la Santa
Cruz...
Creo en un solo Dios, Padre
Todopoderoso...
Oración introductoria:
Padre, yo deseo bendecirte, porque por medio de Tu Hijo Jesucristo has
vencido a la muerte. Abre mi corazón e ilumina mi mente, para que sea
capaz de glorificarte por ello. Eso es todo lo que espero de Ti en estos
misterios. ¡Ilumíname para que sea capaz de alabarte! Permite que viva
para gloria Tuya y en honor de Tu Hijo Jesús, que resucitó de entre los
muertos con el poder del Espíritu Santo, que vive y reina en unidad
Contigo y Jesús Resucitado. Amén.
Primer misterio glorioso:
Jesús mío, resucitaste glorioso de entre los muertos y así venciste a
la muerte. ¡Gloria a Ti, Conquistador victorioso! ¡Alabado seas por
haber abierto nuestros sepulcros y habernos devuelto a la vida! ¡Glorificado
seas en los cielos y en la tierra! ¡Que todo aquello que había sido
condenado a la destrucción, Te alabe y Te glorifique! ¡Que el universo
entero Te alabe!
La Iglesia Te glorifica con
este canto: (leerlo despacio y en espíritu de profunda contemplación)
Cielos y tierra, todo
el universo que canten y exulten de gozo.
Contemplen la victoria de Jesús:
Venció a la muerte y nos devolvió la vida.
El tiempo de gracia ha llagado, la salvación ha amanecido para nosotros.
Con la sangre del Cordero han sido lavados los pecados del mundo.
En este día de la Resurrección, la esperanza renace entre nosotros
mortales.
Después de la muerte, bien lo sabemos: con Cristo resucitaremos.
Cantemos alegres en todo momento, Exultemos de gozo por el Señor
Resucitado.
La nueva vida durará para siempre, Con Cristo la Pascua ha llegado a
todos.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
Segundo misterio glorioso:
Te glorifico, Jesús mío, porque no dejaste a Tus apóstoles en la
oscuridad. Los regocijaste al hacerlos testigos de Tu Resurrección y
permaneciste con ellos a lo largo de cuarenta días. Posteriormente, a la
vista de todos, ascendiste a los cielos para sentarte a la derecha del
Padre, ocupando el lugar que Te correspondía como vencedor de la muerte y
del pecado. Antes de regresar al padre, exhortaste a Tus apóstoles a orar
y a esperar Tu auxilio.
Hoy celebramos con gozo
la Ascensión de Jesús a los cielos.
He ahí que Jesucristo glorioso, a la derecha del Padre rige el universo.
Una nube brillante lo elevó en las alturas, Ocultándolo a la vista de
sus discípulos.
Pero con fe viva y resuelta Podemos verlo presente aquí, ahora y en todo
lugar.
Fue atado a nosotros con lazos de amor,
Siente Él nuestras penas en Su corazón;
a la derecha del padre piensa en nosotros y suplica ante Él con amor.
Alabemos a Jesús, nuestro Salvador,
Celebremos con gozo Su Ascensión
Con Él fuimos todos elevados a nuestra eterna morada en los cielos.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
Tercer misterio glorioso:
Te bendecimos Jesús Resucitado, por haber enviado Tu Espíritu Santo
Consolador sobre Tus apóstoles. Oraban unidos a María, cuando el fuego
de Tu amor los abrazó, transformando sus corazones y sus vidas. Gracias
Señor, por haber cambiado su miedo en valor y su ansiedad en una gran
paz; su falta de entendimiento en testimonio poderoso que alcanzó los
confines de la tierra.
Como cada año, en este
tiempo también, el día de gozo por fin ha llegado,
en nosotros al igual que en los apóstoles, desciende glorioso el Espíritu
Santo.
En forma de lenguas ardientes, cayó sobre ellos el fuego de amor,
poniendo en sus labios palabras de Dios, abriendo sus corazones y colmándolos
de calor.
Tantos días después de la Pascua, este evento tenía que suceder;
como años tardó en llegar al judío, al esclavo, la libertad.
Y ahora, oh Dios, a Ti suplicamos, derrames propicio sobre nosotros,
de Tu Espíritu Santo los dones que venga y more en los corazones.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
Cuarto misterio glorioso:
Gloria y honor a Ti Señor Jesús, porque no preservaste a Tu Madre de
vivir Contigo Tu amarga Pasión. Te bendigo por las gracias que en Ella
derramaste, haciéndola capaz de compartir Tu labor redentora. Por esta
razón, glorificamos también a la Virgen María, mientras meditamos Su
Asunción. Gracias Señor, por haberla llevado Contigo en cuerpo y alma a
los cielos. Gracias por habernos abierto, a nosotros en Ella, el camino a
la Resurrección.
Hermosa como la aurora
de un nuevo día, Brillante
como el sol de media mañana,
radiante como la luna que alumbra la noche,
así fue María llevada a los Cielos.
Aquel que Tu seno ocultó,
Aquel que un pesebre acunó en la gloria de Dios Padre
lo contemplas Aquel que es ahora Rey de toda la creación.
Oh mujer, bendita entre todas,
Más que los ángeles, más que los santos,
Escucha de la tierra los gritos de júbilo y coros angelicales
que Te alaban en el cielo.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
Quinto misterio glorioso:
Alabado seas mi Señor, por haber coronado a Tu Madre como Reina de Cielos
y Tierra. Gracias María, por haber permitido al Señor, ser glorificado
por medio Tuyo.
Tú, la más humilde de Sus
criaturas, Madre de Dios, Reina del Cielo,
El Padre amoroso desde las alturas, sobre toda la creación Te exaltó.
Tu Hijo levantado sobre la cruz, Con Su Sangre preciosa al mundo redimió,
siendo Tú testigo fiel de Su Pasión, en Madre nuestra Te convirtió.
Hoy exultamos de gozo Contigo, alegrándonos por Tu gloria.
Míranos Madre llena de clemencia, cuida y protege a todos Tus Hijos.
(Padrenuestro, 10 Ave Marías,
Gloria y "Oh Jesús mío...")
Oración conclusiva:
Te doy gracias, oh Señor Jesucristo, porque a lo largo de estos misterios
gloriosos del Rosario, me has permitido sentir el poder de Tu victoria
sobre el pecado y la muerte. Te bendigo por el gozo que brindaste a Tu
Madre, a Tus apóstoles, al mundo entero y a toda la creación con Tu
gloriosa Resurrección. Gracias porque ya no seremos entregados a la
muerte, sino invitados a una nueva vida. Alabado seas Jesús, porque nadie
entre los hombres, Tus hermanos y hermanas, debe terminar en la oscuridad
y la muerte, sino gozar de la luz y la vida. ¡Permite Señor, que de
ahora en adelante, mi corazón Te alabe sin cesar! Haz que la melodía de
la Resurrección, de la vida plena, del gozo, la paz y el amor nunca
abandone mis labios. Que sea así por intercesión de María, a quien Tú
glorificaste y por el Espíritu Santo que vive y reina Contigo Jesús y
con el Padre, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. |