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7 de septiembre, 2010 | Beatos Juan Ducket | Oración del Día | Sugerencias
YoCreo > Mi Fe > Santo Rosario
Título

Qué es rezar el Rosario

Rezar el Rosario no es otra cosa, más que encontrar un camino para estar con Jesús y María. Meditando los misterios de Sus vidas, estaremos con Ellos: ya sea que se trate del gozo de la Natividad; la solemnidad de la presentación en el templo; o bien, de la agonía y el sudor mezclado con sangre, derramado en el huerto; del dolor de las heridas infringidas por el flagelo, la corona de espinas, el peso de la cruz y la crucifixión. Si en estos misterios nos unimos a Jesús y María a través de la oración, habremos asegurado con Ellos el gozo de la victoria sobre el pecado y la muerte; habremos logrado con Ellos el triunfo del Espíritu Santo en nosotros y la victoria final en el Cielo.

Por tanto, rezar el Rosario no significa ocultarse en algún lejano rincón, viviendo apartados del mundo. Significa más bien, prepararnos para aceptar cargar la cruz: la nuestra y la de los demás, de la misma manera que Jesús y María cargaron la suya.

Al mismo tiempo, estar con Jesús y María significa, enfrentar problemas y dificultades y sin embargo, no amargarse por eso. Estar con Ellos significa, experimentar desprecios y humillaciones y sin embargo, nunca albergar el deseo de venganza. Estar con ellos significa avanzar por el camino del hombre que cree en el Dios que nos salva y que todo lo renueva.

Toda oración puede rezarse de prisa, de tal suerte que aún cuando hayamos orado mucho, al final no habremos tenido un encuentro personal con Jesús y María. Si oramos así estaremos perdiendo el tiempo y no llegaremos jamás a gustar de la oración. Orar es como encontrarse con un amigo. Si nunca tenemos tiempo para él; si el tiempo que le dedicamos es demasiado corto; si le hablamos de mal modo, habremos condenado a esta relación a morir.

Es importante entonces, dedicar tiempo suficiente al rezo del Rosario y a toda oración.

En este opúsculo se presenta el rezo del Rosario -misterios gozosos, dolorosos y gloriosos- con meditaciones bíblicas y oraciones particulares. También se hacen algunas sugerencias para el rezo del Rosario de la Paz y el Rosario de Jesús.



Misterios Gozosos

Oración introductoria

Primer Misterio

Segundo Misterio

Tercer Misterio

Cuarto Misterio

Quinto Misterio

Oración Conclusiva

Misterios Dolorosos

Oración introductoria

Primer Misterio

Segundo Misterio

Tercer Misterio

Cuarto Misterio

Quinto Misterio

Oración Conclusiva

Misterios Gloriosos

Oración introductoria

Primer Misterio

Segundo Misterio

Tercer Misterio

Cuarto Misterio

Quinto Misterio

Oración Conclusiva

El Santo Rosario

Misterios Gozosos: Jesús entra en mi vida

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Oración introductoria: Mi Dios y Señor, deseo fervientemente dedicarte estos momentos de mi tiempo. Apacigua mi corazón. Ayúdame a abandonarme totalmente a Tí. No permitas que sean vacías mis palabras. Deja que cada una de ellas que pronuncie sea un paso que me acerque más a Ti. Ilumina mi mete y abre mi corazón, para que Tu Palabra crezca en mi interior, como semilla de fe, esperanza y amor. Que crezca en mí, como lo hizo en el seno inmaculado de la Virgen María, una vez que Ella -llena de humildad- aceptó ser la escalava del Señor. Ayúdame a mí también a entregarme a Ti y a ser tu esclavo fiel. Creo en Ti, Padre, en tu Hijo y en tu Espíritu Santo. Amén.

(Decir primeramente el Credo y leer o escuchar las palabras bíblicas del profeta Isaías):

"Dijo Isaías: "Oíd pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres que cansáis también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo va a darnos una señal. He aquí que una virgen estará encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel"..." (Is. 7, 13-15)

(Ahora sigue un pasaje del Evangelio según San Lucas):

Primer misterio gozoso: "Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María. Y entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Ella se conturbó por estas palabras, y discurría que significaría aquel saludo. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin". María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu parienta, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios." Dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra". Y el ángel, dejándola, se fue". (Lc. 1, 26-38)

María, Tú consentiste de inmediato en ser la esclava del Señor, habiéndote sentido turbada en principio, pero impulsada después a aceptar la invitación celestial. María, Tú eres la virgen de la que habla el profeta Isaías. Conocías tan bien a Dios, caminabas desde siempre ante Su presencia. Le entregaste Tu vida, porque estabas en espera del Mesías prometido. No podías creer que fueras tú la virgen sobre la cual descendería el Espíritu Santo para engendrar en su seno al Emmanuel, a "Dios con nosotros" y esto fue la causa de tu turbación primera. Al mismo tiempo Tu temor no fue el de los hombres egoístas y orgullosos, sino aquel de los pobres de Dios, que humildemente desean hacer siempre la voluntad del Señor, sin alardes ni presunción alguna.

María, no es de sorprenderse que te sintieras regocijada también, en Tu seno había fecundado la aurora que pondría fin a las tinieblas de la condenación, dando principio al tan esperado Día de la Salvación. Pudiera ser, que fueran otros tus planes, cuando Dios irrumpió en Tu vida con Su plan maravilloso. Y sin embargo, Tú, la más humilde de Sus esclavas, le abriste de inmediato la puerta de tu corazón. Tu ejemplo María, me impulsa a volverme yo también a Dios y decirle: "Oh Señor, ¡Ven a mí! Mi alma te espera generosa y mi corazón está dispuesto a darte la bienvenida. Entra en mis planes y en mis sueños. Entra en mi vida y seré siempre Tu esclavo. Yo sé que no soy digno de que mores en mí, pero estoy cierto también de que Tú amas a los pecadores y siempre andas en busca de ellos. Por eso, oh Señor, entra en mi oscuridad, en mis problemas, en mis penas.

Entra en aquellas areas donde mi pecado Te ha expulsado. Entra asimismo en todas partes de mi vida, donde he preferido hacer lo que he querido, en lugar de Tu divina voluntad. Entra ya, hazlo ahora mientras oro y medito ante la Cruz de Tu Hijo y ante la imagen de su Madre, que lo concibió por obra del Espíritu Santo."

(Reza ahora un Padrenuestro, 10 Ave Marías y un Gloria, meditando cada una de las palabras que pronuncias. Al final de cada misterio, dirás la siguiente jaculatoria: "Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados y líbranos del fuego del infierno; lleva al Cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia. Amén.")

Segundo misterio gozoso: María, Tú acudiste presuroso a visitar a Tu prima Isabel. Quería asistirla y acompañarla mientras se venía el tiempo de que diera a luz a su hijo. Es voluntad de Dios, que llevemos a Jesús a la vida de otras personas, una vez que Él ha entrado en nuestra vida. Que lo llevemos a los demás, cuando estén alegres o tristes; en medio de sus oscuridades y amarguras. María, ayúdame por tanto a que crezca en mí el amor por todos aquellos que padecen. Que la fuerza de este amor sea tan grande, que me haga capaz de reconocer a Jesús en cada uno de mis hermanos y hermanas que sufren.

(Continúa con el rezo del Padrenuestro, 10 Aves Marías, un Gloria y la jaculatoira "Oh Jesús mío,...")

Tercer misterio gozoso: Oh María, Tú das a luz al Verbo y Te conviertes también en la Madre de la Salvación. Tú que consentiste en ser la esclava, eres ahora la Madre. El Señor enaltece a los humildes y es por eso que has sido elegida para ser la Madre de Dios. Tú diste a luz a Aquél, a quien los profetas habían anunciado y a quien los justos habían esperado. María, tal y como se lo pedí, Dios ya ha entrado en mi vida. Le he dicho también: "he aquí Tu siervo". Pero los frutos de mi servicio no me han convertido en un hermano o hermana, padre o madre para los demás. Oh, Madre de mi Señor, haz que Él aparte de mí toda atadura que me impida dar verdadero testimonio de Su presencia en mi vida. Hazlo ahora, mientras me postro en Su adoración.

(Padrenuestro, 10 Aves Marías, Gloria y "Oh Jesús mío,...")

Cuarto misterio gozoso: Ha llegado la hora, María, de la presentación de Tu Primogénito ante el Padre Celestial, para que venga al fin la salvación a toda la humanidad. Seguramente que en esos momentos dijiste: "Oh Dios, aquí está mi hijo. Él es el fruto de mi vientre, pero Te pertenece primero a Ti como yo deseo pertenecerte, con todo mi corazón". Madre, yo también estoy junto a Ti, en el templo y ante el Señor. Te ruego que me presentes a Él como hiciste con Jesús. Él me lo ha dado todo y todo le entrego. No deseo guardar nada para mí, ni ante Dios ni ante los hombres.

(Padrenuestro, 10 Aves Marías, Gloria y "Oh Jesús mío,...")

Quinto misterio gozoso: Te observo María criar a Tu Hijo con toda responsabilidad. Lo habías llevado al templo para la fiesta de la Pascua. El gozo de este acontecimiento se convirtió en gran dolor para Ti. Por tres días, no supiste donde se encontraba Jesús y estabas afligida. Pero Tu pena no Te impidió hacer la voluntad del Padre. Fuiste en busca de tu Hijo y ese afán Tuyo fue recompensado con un nuevo gozo. María, al meditar estos misterios, descubro como fue que Dios -después de haber entrado en Tu vida- Te fue preparando para cada gran sacrificio, concediéndote siempre gracias mayores después. Alentado por otros arcanos sucesos, de cara a cualquier prueba o temor, digo nuevamente: "Aquí estoy, oh Señor, entra en mi vida. Deseo, como María, hacer siempre Tu voluntad, aún en los tiempos difíciles. Deseo que todas mis cruces y dificultades engendren nuevos encuentros Contigo".

(Padrenuestro, 10 Aves Marías, Gloria y "Oh Jesús mío,...")

Oración conclusiva: Gracias Señor, por haberme permitido meditar Tu llegada a la vida de la Santísima Virgen María. Gracias también, por haberla preparado a recibirte. Ciertamente hiciste obras grandes por Ella. Ahora sé, que tampoco a mí me abandonarás, porque Tú ya has entrado en mi vida. Condúceme y dame la gracia de dejarme guiar por Ti. Amén.

Misterios Dolorosos: Jesús me acompaña a través del sufrimiento

Padre, hágase Tu voluntad.

Por la señal de la Santa Cruz...

Oración introductoria: Jesús mío, Tu venida a este mundo fue maravillosa, porque aceptaste padecer como un hombre cualquiera. No te faltaron tribulaciones y sin embargo, siempre estuviste dispuesto a aliviar los sufrimientos de los demás, a acabar con sus aflicciones, a sanarlos, a consolarlos. No obstante, ahora ha llagado Tu hora, se aproxima Tu calvario. Tu muerte, inevitable, se acerca. Ante estos acontecimientos Jesús, no quisiera dejarme vencer por el sueño, sino velar Contigo. Quisiera, oh Señor, que mi oración trajera consuelo a aquellos de mis hermanos y hermanas que sufren en estos momentos. Quisiera proporcionarte, a Ti en ellos, gozo y fortaleza. Envía Tu Espíritu sobre mí, para que pueda aprender a orar y logre así acercarme más a Ti. Amén.

Primer misterio doloroso: Jesús, en el Huerto de Getsemaní, experimentaste dolor y angustia. Rogaste a Tu Padre que apartara de Ti el amargo cáliz, pero añadiste inmediatamente, "Padre, hágase Tu voluntad y no la mía". Tú que habías aliviado el sufrimiento de tantos, Te encontrabas ahora solo en medio de Tu sufrimiento. Nadie estaba Contigo para ayudarte. Lo hubiera podido hacer el Padre, pero Tú aceptaste beber ese cáliz hasta la última gota. Cuán amarga debe haber sido Tu agonía. Empezaste a sudar sangre. Yo creo en ése, Tu sudor sangriento, estaban presentes los sufrimientos y agonías de toda la humanidad. Jesús mío, gracias por cada gota de sangre que brotó con Tu sudor. Yo sé, que desde ese momento toda la agonía de la humanidad se convirtió en una agonía redentora para el que la sufre y también para los demás. Te ruego que vuelvas Tu mirada misericordiosa sobre todos aquellos que en estos momentos buscan hacer la voluntad del Padre pero no tienen la fortaleza necesaria para cumplirla. Padre, en nombre de Jesús Te pido, que la agonía que les causa esta lucha interior, se convierta para esos hijos Tuyos en una fuente de redención, a través de la aceptación de Tu voluntad.

(Permanece en silencio, orando por aquellos que sufren)

Jesús mío, abre mi corazón en estos momentos en que me dispongo a leer los hechos que narra San Lucas, con relación a Tu agonía: Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: "Padre, si quieres aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya". Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en su agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.

Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: "¿Cómo es que estábais dormidos? Levantáos y orad para que no caigás en tentación". (Lc 22, 39 - 45)

(Padrenuestro, 10 Ave marías, Gloria y "Oh Jesús Mío...")

Segundo misterio doloroso: Jesús mío, una vez aprehendido fuiste torturado en el pretorio de Pilatos. Sé en qué consistía este suplicio: primero ataban al condenado a una columna. Su cuerpo era entonces azotado con un flagelo, sin piedad alguna por parte de los verdugos, Oh Jesús, al pensar que Tú viviste esta tortura, me quedo sin aliento y mi corazón se congela... Y no obstante, Tú, lleno de misericordia, perdonaste a Tus verdugos cada uno de los azotes con los que hirieron Tu cuerpo. Es por eso Señor, que por Tu flagelación yo Te pido que liberes a todos aquellos que se niegan a hacer la voluntad del Padre, destruyéndose a sí mismos, porque no se deciden a desterrar de sus corazones el azote del odio y del rencor que los flagela. Gracias por la enseñanza de amor y perdón que nos diste, cuando fuiste azotado sin compasión.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús Mío...)

Tercer misterio doloroso: Oh Señor, después de Tu flagelación, ciñeron Tu frente con una corona de espinas. Sobre Tu cuerpo sangrante colocaron un sucio manto color púrpura. Los que se encontraban a Tu alrededor, se divirtieron a costa Tuya. No estaba ya Contigo ninguno de Tus amigos, porque habían huido lejos de Ti. Cuando el odio comienza a fraguar planes perversos difícilmente se detiene. No fue suficiente para Tus ejecutores haberte azotado sanguinariamente sino que ahora además tenían que ridiculizarte también. Pero nuevamente su odio y rencor no lograron aniquilarte. No perdiste la calma en medio de Tus sufrimientos. Los que se burlaban de Ti vieron en Tu actitud que sentías una gran compasión por ellos y que los perdonabas, aún a aquellos que ejercieron sobre Ti toda su crueldad. Es más, descubrieron que los amabas y que no los condenabas. Pero pudo más su perversidad. Así sucede también con ese hombre, familia o comunidad que se deja influenciar por el Maligno: nunca podrá detenerse en su acción destructora. Oh Jesús, mira a todos los que son injuriados, humillados, despreciados, rechazados. Redímelos a todos con Tu corona de espinas, no dejes que sus almas sucumban bajo el escarnio de sus opresores y verdugos. Purifica sus corazones de todo odio y rencor. No permitas que intenten vengarse respondiendo al mal con el mal. ¡Jesús, en Tu Nombre, haz que abunde el perdón!

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

Cuarto misterio doloroso: Jesús, Tú cargaste Tu cruz hasta el Calvario. Sólo sé que el camino que Te llevó a la crucifixión estuvo lleno de horror. No obstante, en ese mar de sufrimiento y dolor, cayeron tres gotas de rocío que fueron un bálsamo para Ti: el encuentro con Tu Madre, el paño de la Verónica y la breve ayuda que Simón el Cirineo Te prestó, al cargar Tu cruz. Seguramente que apreciaste estas gotas de aliento en todo lo que valían, retribuyéndolas con dones iguales a los que a Ti proporcionaron: fortaleza y consuelo. Pero al mismo tiempo Te debes haber preguntado: "¿Dónde están todos aquellos a quienes traté con generosidad?". Yo sé, que inmediatamente los habrás disculpado, ofreciendo también por ellos Tu cruz. Ayúdame Señor, a entender esta lección Tuya: a ser sensible al dolor y a la debilidad de otras personas y a saber cómo consolarlas aún en los peores momentos... Que nunca me sea penoso aliviar las cargas de los demás. Te pido especialmente que nos ayudes a todos, a no hacernos más pesadas nuestras cruces y sufrimientos, agobiándonos unos a otros. Y es que yo sé, que es la voluntad del Padre que todos estemos alegres y amándonos siempre, aún en los momentos más difíciles.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mio...")

Quinto misterio doloroso: Después de haber aceptado beber hasta el final el cáliz que El mismo te había ofrecido, encomendaste Tu espíritu en manos del Padre y moriste en la Cruz. Siento en este momento que debo meditar en silencio ante Ti todos los hechos ocurridos en el Calvario...

No hay nada más que decir, sólo que lamentar. ¡Oh, será posible que pueda llegar tan lejos la iniquidad del hombre! ¡Es que es tan grande el amor que Dios nos tiene, que no impidió el sufrimiento de Su Unigénito, sino que permitió que muriera en la Cruz para salvarnos! ¡Es que es tan grande Su amor misericordioso por nosotros, que en Su Hijo inmediatamente nos perdonó a todos! Jesús mío, gracias por haber padecido todo esto por nosotros. Enséñanos a amar y a perdonar. Fortalece a aquellos que por la falta de amor a sí mismos, no son capaces de perdonar, destruyéndose y destruyendo a los demás con el odio y rencor. Ayúdanos a todos a aceptar la voluntad del Padre como Tú lo hiciste. Es éste el único camino hacia la salvación. Te pedimos también por todos los moribundos, dales la fortaleza que necesitan para encomendar con tranquilidad su espíritu en manos del Padre. ¡Oh Señor Jesús, llévalos a Tu paz!

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

¡Más Tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel! En Ti esperaron nuestros padres, Esperaron, y nunca quedaron confundidos.

Oración conclusiva: (decirla despacio y en voz alta)

Oh cabeza sagrada coronada de punzantes espinas
Oh sangrante cabeza tan herida, vilipendiada y envilecida.
Nuestros pecados han borrado la gloria, de esa la más santa Faz
y a pesar de ello los ángeles la adoran estremeciéndose sólo por mirarla.
El Señor de todas las naciones en el madero ha sido colgado,
fue Su muerte nuestra salvación fueron nuestros pecados Su agonía.
Oh Jesús, por Tu pasión dolorosa, haz crecer en nosotros la vida, pues con Tu muerte nuestra salvación fueron nuestros pecados Su agonía
Oh Jesús, por Tu pasión dolorosa, haz de crecer en nosotros la vida, pues con Tu muerte has ganado el perdón y la paz para todos.

Misterios Gloriosos: El Señor me llama hacia una nueva vida

Por la señal de la Santa Cruz...

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso...

Oración introductoria: Padre, yo deseo bendecirte, porque por medio de Tu Hijo Jesucristo has vencido a la muerte. Abre mi corazón e ilumina mi mente, para que sea capaz de glorificarte por ello. Eso es todo lo que espero de Ti en estos misterios. ¡Ilumíname para que sea capaz de alabarte! Permite que viva para gloria Tuya y en honor de Tu Hijo Jesús, que resucitó de entre los muertos con el poder del Espíritu Santo, que vive y reina en unidad Contigo y Jesús Resucitado. Amén.

Primer misterio glorioso: Jesús mío, resucitaste glorioso de entre los muertos y así venciste a la muerte. ¡Gloria a Ti, Conquistador victorioso! ¡Alabado seas por haber abierto nuestros sepulcros y habernos devuelto a la vida! ¡Glorificado seas en los cielos y en la tierra! ¡Que todo aquello que había sido condenado a la destrucción, Te alabe y Te glorifique! ¡Que el universo entero Te alabe!

La Iglesia Te glorifica con este canto: (leerlo despacio y en espíritu de profunda contemplación)

Cielos y tierra, todo el universo que canten y exulten de gozo.
Contemplen la victoria de Jesús: Venció a la muerte y nos devolvió la vida.
El tiempo de gracia ha llagado, la salvación ha amanecido para nosotros.
Con la sangre del Cordero han sido lavados los pecados del mundo.
En este día de la Resurrección, la esperanza renace entre nosotros mortales.
Después de la muerte, bien lo sabemos: con Cristo resucitaremos.
Cantemos alegres en todo momento, Exultemos de gozo por el Señor Resucitado.
La nueva vida durará para siempre, Con Cristo la Pascua ha llegado a todos.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

Segundo misterio glorioso: Te glorifico, Jesús mío, porque no dejaste a Tus apóstoles en la oscuridad. Los regocijaste al hacerlos testigos de Tu Resurrección y permaneciste con ellos a lo largo de cuarenta días. Posteriormente, a la vista de todos, ascendiste a los cielos para sentarte a la derecha del Padre, ocupando el lugar que Te correspondía como vencedor de la muerte y del pecado. Antes de regresar al padre, exhortaste a Tus apóstoles a orar y a esperar Tu auxilio.

Hoy celebramos con gozo la Ascensión de Jesús a los cielos.
He ahí que Jesucristo glorioso, a la derecha del Padre rige el universo.
Una nube brillante lo elevó en las alturas, Ocultándolo a la vista de sus discípulos.
Pero con fe viva y resuelta Podemos verlo presente aquí, ahora y en todo lugar.
Fue atado a nosotros con lazos de amor,
Siente Él nuestras penas en Su corazón;
a la derecha del padre piensa en nosotros y suplica ante Él con amor.
Alabemos a Jesús, nuestro Salvador,
Celebremos con gozo Su Ascensión
Con Él fuimos todos elevados a nuestra eterna morada en los cielos.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

Tercer misterio glorioso: Te bendecimos Jesús Resucitado, por haber enviado Tu Espíritu Santo Consolador sobre Tus apóstoles. Oraban unidos a María, cuando el fuego de Tu amor los abrazó, transformando sus corazones y sus vidas. Gracias Señor, por haber cambiado su miedo en valor y su ansiedad en una gran paz; su falta de entendimiento en testimonio poderoso que alcanzó los confines de la tierra.


Como cada año, en este tiempo también, el día de gozo por fin ha llegado,
en nosotros al igual que en los apóstoles, desciende glorioso el Espíritu Santo.
En forma de lenguas ardientes, cayó sobre ellos el fuego de amor,
poniendo en sus labios palabras de Dios, abriendo sus corazones y colmándolos de calor.
Tantos días después de la Pascua, este evento tenía que suceder;
como años tardó en llegar al judío, al esclavo, la libertad.
Y ahora, oh Dios, a Ti suplicamos, derrames propicio sobre nosotros,
de Tu Espíritu Santo los dones que venga y more en los corazones.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

Cuarto misterio glorioso: Gloria y honor a Ti Señor Jesús, porque no preservaste a Tu Madre de vivir Contigo Tu amarga Pasión. Te bendigo por las gracias que en Ella derramaste, haciéndola capaz de compartir Tu labor redentora. Por esta razón, glorificamos también a la Virgen María, mientras meditamos Su Asunción. Gracias Señor, por haberla llevado Contigo en cuerpo y alma a los cielos. Gracias por habernos abierto, a nosotros en Ella, el camino a la Resurrección.

Hermosa como la aurora de un nuevo día, Brillante
como el sol de media mañana,
radiante como la luna que alumbra la noche,
así fue María llevada a los Cielos.
Aquel que Tu seno ocultó,
Aquel que un pesebre acunó en la gloria de Dios Padre
lo contemplas Aquel que es ahora Rey de toda la creación.
Oh mujer, bendita entre todas,
Más que los ángeles, más que los santos,
Escucha de la tierra los gritos de júbilo y coros angelicales
que Te alaban en el cielo.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

Quinto misterio glorioso: Alabado seas mi Señor, por haber coronado a Tu Madre como Reina de Cielos y Tierra. Gracias María, por haber permitido al Señor, ser glorificado por medio Tuyo.

Tú, la más humilde de Sus criaturas, Madre de Dios, Reina del Cielo,
El Padre amoroso desde las alturas, sobre toda la creación Te exaltó.
Tu Hijo levantado sobre la cruz, Con Su Sangre preciosa al mundo redimió,
siendo Tú testigo fiel de Su Pasión, en Madre nuestra Te convirtió.
Hoy exultamos de gozo Contigo, alegrándonos por Tu gloria.
Míranos Madre llena de clemencia, cuida y protege a todos Tus Hijos.

(Padrenuestro, 10 Ave Marías, Gloria y "Oh Jesús mío...")

Oración conclusiva: Te doy gracias, oh Señor Jesucristo, porque a lo largo de estos misterios gloriosos del Rosario, me has permitido sentir el poder de Tu victoria sobre el pecado y la muerte. Te bendigo por el gozo que brindaste a Tu Madre, a Tus apóstoles, al mundo entero y a toda la creación con Tu gloriosa Resurrección. Gracias porque ya no seremos entregados a la muerte, sino invitados a una nueva vida. Alabado seas Jesús, porque nadie entre los hombres, Tus hermanos y hermanas, debe terminar en la oscuridad y la muerte, sino gozar de la luz y la vida. ¡Permite Señor, que de ahora en adelante, mi corazón Te alabe sin cesar! Haz que la melodía de la Resurrección, de la vida plena, del gozo, la paz y el amor nunca abandone mis labios. Que sea así por intercesión de María, a quien Tú glorificaste y por el Espíritu Santo que vive y reina Contigo Jesús y con el Padre, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


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