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Romualdo, cuyo nombre significa "famoso", nació en Ravena, de padres nobles, hacia el año 952. Era un hombre de recio físico y aún a avanzada edad emprendía dilatados viajes y dirigía sus numerosos monasterios. Durante muchos años realizó, en diversos lugares, vida solitaria, con lo que se preparó convenientemente para su posterior tarea de fundador.
En el año 975 asistió en Venecia a la escuela del solitario Marino y, tiempo después, fundó una orden contemplativo de ermitaños, una de las más austeras de Occidente, que se llamó camaldulense por el nombre del célebre eremitorio de Camáldoli, cerca de Arezzo, en Toscana, en uno de los valles de los Apeninos.
En realidad, es una rama de la orden benedictina, con la novedad de practicar juntamente la vida eremítica con la cenobítica, es decir, la vida solitaria con la de comunidad.
A lo largo de su dilatada existencia, realizó los más arduos trabajos, muchas veces en lucha contra los príncipes, los obispos, los clérigos, los simoníacos -traficantes de las cosas sagradas-, con sus propios discípulos, realizando peregrinaciones apostólicas por Italia, Francia y Alemania, predicando a los pueblos, levantando y reformando monasterios, como reacción contra el deplorable estado en que se encontraba gran parte de la vida monástico de su época.
Fue grande la influencia ejercida por Romualdo en su tiempo; su palabra y su ejemplo llamaban a todos a la conversión y por su influjo muchos grandes señores dejaron sus cómodos estados para hacer vida solitaria. Se asegura que el emperador Otón III, por intimación suya, expió un crimen haciendo vida monacal.
Sintiéndose morir, se dirigió a uno de sus monasterios, el de Val de Castro, y allí expiró, el 19 de junio de 1027. Fue canonizado en 1032. Sus restos fueron llevados a Fabriano, donde actualmente se hallan.
Se lo representa con el hábito blanco de los camaldulenses y una escalera que lleva al cielo, por la que suben sus monjes.
Los religiosos camaldulenses viven en pequeñas casitas separadas, guardan silencio y ayuno continuos y se ocupan en la oración y el trabajo manual, pero conservando la vida de la comunidad -como ya se dijo- bajo la autoridad de un superior. Este nuevo tipo de vida fue posteriormente imitado por otras órdenes, entre ellas la de los cartujos.
San Pedro Damián escribió su vida.
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